Santa Cruz

Arte permanente sobre la piel

En Perraka Rock Tattoo son especialistas en tatuajes asiáticos

15.06.2014 | 01:15
 Rubén Verguizas mientras trabaja en Perraka Rock Tattoo.
Rubén Verguizas mientras trabaja en Perraka Rock Tattoo.

Rubén Verguizas lleva más de 13 años tatuando. Ahora, después de tanto tiempo, no concibe su vida sin la aguja y la tinta. Tiene su estudio desde hace ocho años en la calle Ramón y Cajal. Cuando Perraka Rock Tattoo nació no existía la competencia que hay ahora ni el hacerse un tatuaje era un hábito tan extendido como ocurre actualmente. El nombre de su establecimiento surgió como una broma entre amigos y así se quedó. Ahora pasea por todo el mundo mostrando lo que hace tanto él como su equipo de trabajo, en los que confía plenamente. De hecho, este mismo fin de semana están presentes en la feria internacional de tatuadores que se celebra en Valencia. A final de mes estarán en la nacional que acogerá la ciudad de Madrid. No paran y eso es síntoma de que la cosa funciona.

"Es importante moverse, ver los estilos de los demás y mostrar lo que hace uno, fijándose en todo para captar lo mejor de cada tatuador", explicó Rubén mientras no separa la vista muy concentrado del tatuaje que está haciendo. Con el paso del tiempo se ha especializado en los diseños de grandes dimensiones: espalda entera, brazos, piernas... También hace pequeños pero es en los de gran tamaño donde se luce con mucha facilidad. Se le dan. No hay duda. Prueba de ello es que su agenda está más que apretada.

Para acompañarlo en su andadura están Sara Rivero y Vladimiro Chico. Ella comenzó hace unos cinco años y se ha especializado en los tatuajes a color. Terminó de estudiar la carrera de Bellas Artes y, como símbolo para cerrar una etapa, decidió hacerse un tatuaje. "No era el primero", asumió. Siempre le han gustado y es por eso por lo que ahora se está tatuando la espalda por completo. Desde ese mismo día empezó a aprender a hacerlos y se quedó en Perraka Rock Tattoo. "Espero que dure", cruzó los dedos. "Rubén fue mi maestro porque me ha enseñado todo lo que sé", confirmó Sara.

Vladimiro lleva menos tiempo en este estudio. Sin embargo, es el ejemplo perfecto de tatuador autodidacta con 11 años de experiencia. Cuando tuvo ocasión se hizo con una máquina y a partir de ese momento se hizo profesional. Ahora que lleva menos de un año en este local su especialidad son los tatuajes relacionados con el terror. "Hay mucha demanda, aunque cada uno decide lo que prefiere", sentenció.
Si por algo se caracteriza Perraka Rock Tattoo es por su estilo asiático. "En eso hemos querido enfocar nuestras creaciones", confirmó Rubén Verguizas. Sin embargo, eso no quiere decir que no se adapten a la perfección a las peticiones de los clientes. También trabajan el anillado corporal. "Ahora todo el mundo sabe lo que es un tatuaje y lo que implica, que es para toda la vida y que siempre se llevará encima", matizó Sara Rivero. Antes había mucho más desconocimiento sobre todo este mundo pero poco a poco cada vez se tiene más claro lo que se quiere.
Ideas claras

La mayoría acude al estudio sabiendo muy bien lo que desea hacerse. No hacen tatuajes por catálogo con el único objetivo de ofrecer un producto único al cliente. Nadie quiere llevar algo en su piel que después se lo verá a otra persona. "Es algo demasiado personal, hasta íntimo, como para que se repita", confirmó Verguizas.

La imaginación siempre es la que manda y todo lo que se puede dibujar en un papel se puede hacer después en la piel. Nada lo prohíbe. El único impedimento lo pone el cliente y su resistencia al dolor, algo que varía por muchos factores, desde la hora del día en la que se haga el tatuaje, la zona del cuerpo, si se ha comido y, entre otras, el estado de ánimo que se tenga ese día. "No creo que nadie pueda relajarse tanto con un tatuaje hasta el punto de dormirse, aunque sí que hay personas a las que les afecta más o menos", confirmó Sara. La música, a todo volumen, está puesta a propósito en el local. Con ella el que se hace el tatuaje logra desviar, al menos un poco, su atención sobre el dolor que le está provocando.

Tatuar es un arte que no está exento de molestias. Por ello la mayoría de las intervenciones, sobre todo las que son grandes, se realizan en varias sesiones que se separan con al menos 15 días unas de otras. Eso repercute directamente en el tatuador que, a menudo, tiene que acudir al fisioterapeuta para poder continuar con el día a día del estudio. "La postura es incómoda y siempre hay que estar muy pendientes, y también tensos, del tatuado, por si se mueve, por si le duele, por si no se siente bien...", destacó Vladimiro Chico.

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