31 de enero de 2017
31.01.2017
Análisis

Las dos vías ibéricas

El crecimiento de económico de los últimos años no apartan al Gobierno de Mariano Rajoy de la senda de la austeridad

31.01.2017 | 01:06

España sigue anclada en la austeridad pese al vigoroso crecimiento económico de los dos últimos años. Bien lo saben los pensionistas, que tras sufrir con dolor los recortes en la sanidad este año verán como su poder adquisitivo mengua con la raquítica subida de las pagas del 0,25%, muy lejos de las previsiones de alza de precios, de entre el 1,2 y el 1,6%. Al otro lado de la raya peninsular, en la vecina Portugal, las pensiones se actualizarán en línea con la inflación y las mínimas y las rurales tendrán un incremento extra. Es sólo un ejemplo de las diferencias entre la España de Mariano Rajoy y el Portugal de António Costa. Entre el modelo de la austeridad y el del gasto social moderado.

En la Península Ibérica coexisten las dos vías que se han trazado en la Unión Europa para tratar de llegar al destino de la recuperación económica y social sin salirse de los raíles (brexit) y sin poner en cuestión el viaje (populismos). El laboratorio ibérico puede marcar el rumbo económico europeo.

España lleva seis años de políticas de austeridad y tijera. El rescate bancario de 2012 sirvió para reflotar el sistema financiero y por medio del recorte del gasto público, de la contención salarial y del crecimiento económico se intentan solucionar los problemas de déficit que Europa obliga a resolver sí o sí.

Portugal también transitó por la vía de la austeridad, pero hace un año dio un golpe de timón tras la elección como primer ministro de António Costa, que está apoyado por una endeble coalición parlamentaria de socialistas, marxistas del Bloque de Izquierda (BI) y el Partido Comunista Portugués (PCP). Costa había prometido "pasar página a la austeridad" y sólo el esbozo de las medidas hizo que el pasado verano planeara el fantasma del segundo rescate sobre Portugal.

El banco alemán Commerzbank -un habitual a la hora de lanzar análisis dramáticos sobre los países de Europa del Sur- pulsó el botón de alarma y los analistas comenzaron a ver desde Berlín, Londres y Bruselas una tormenta perfecta de crecimiento débil, caída de la inversión, baja competitividad, déficit presupuestarios y banca subcapitalizada que podía estallar con el prometido incremento del gasto público.

Bajo los nubarrones, Costa siguió con su guión, que incluía, entre otras medidas, la reposición de los salarios de los funcionarios públicos y de las pensiones -que sufrieron recortes durante los peores años de la crisis-, la cancelación de las privatizaciones de los transportes públicos -que frenó la venta de la aerolínea estatal TAP y un claro apoyo a la escuela pública.

Pese a las reticencias, el pasado octubre Portugal logró el visto bueno del ejecutivo comunitario para aprobar unos presupuestos para 2017 que apuestan por la recuperación de rentas, con una menor carga fiscal directa y un aumento de las pensiones, pero que, al mismo tiempo, incluyen un alza de impuestos indirectos, con una tasa a las grandes fortunas inmobiliarias como medida estrella.

La reposición de rentas ha devuelto la confianza a los consumidores y eso ha tenido reflejo en la economía.

En el tercer trimestre de 2016, Portugal fue el país de la eurozona que registró un mayor crecimiento del producto interior bruto (PIB) con respecto al anterior. El alza fue del 0,8%, por encima del 0,7% de España, según los datos publicados por Eurostat. Además, Portugal cerró 2016 cumpliendo sus compromisos con Bruselas y con el camino libre para reducir su déficit por debajo del 3% este año.

Los críticos con el Gobierno de Costa ponen en duda la rebaja de cargas fiscales -ya que el alza de impuestos indirectos acaba afectando a toda la población cuando consume- y destacan que las medidas sociales promulgadas han tenido su coste.

Los aumentos de salarios y pensiones han sido posibles sólo gracias a la disminución del gasto público, que se nota, sobre todo, en el mantenimiento de las infraestructuras. Los funcionarios tienen su dinero, pero faltan convoyes en el Metro de Lisboa porque no hay dinero en el presupuesto para pagar la reparación de los que están averiados.

Son los peajes de esta vía alternativa a la austeridad.

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