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Gustavo Santana: ´El miedo campa en la empresa canaria´

El secretario general de UGT en Canarias afirma que "hay gente que acude enferma a su trabajo y no pide la baja por miedo a perder su puesto"

 04:25  
El líder sindical, durante un momento de la entrevista.
El líder sindical, durante un momento de la entrevista.  delia padrón

NAIMA PÉREZ
SANTA CRUZ DE TENERIFE
Educador infantil, Gustavo Santana Martel acaba de saltar a la primera línea del sindicalismo canario. A pesar de su juventud (35 años), muestra ciertas tablas en la defensa de sus ideas. Fue elegido secretario general de UGT en Canarias hace algunas semanas, con el 97% de apoyo, tras una crisis en el seno de su sindicato que acabó con la dimisión de su antecesor, Juan Francisco Fonte. Santana está convencido de que el tiempo de los conflictos internos ha acabado. Defiende a capa y espada su afiliación al PSOE (fue diputado en el Congreso por Las Palmas) y considera que tiene su conciencia clara y tranquila. "Otros quizá no la tengan tan clara", apunta. En las negociaciones entre el Gobierno de España y los sindicatos a cuenta del retraso en la edad de jubilación, por fin el pasado jueves se logró un acuerdo que parecía no llegaría nunca.

–Al final de la discusión, ni 65 ni 67 años, sino una mezcla de todo. ¿Quiénes han perdido más en esta negociación?

–Yo diría que no ha perdido nadie. Se trata de un acuerdo razonable dirigido a afrontar los retos del cambio de modelo social y económico necesario para salir adelante.

–Ustedes decían que bajo ningún concepto aceptarían la jubilación a los 67 años, porque nuestro sistema de pensiones es flexible y que el empeño del Gobierno respondía realmente a los dictados de los mercados.

–Sí, bueno, pero con el principio de acuerdo que hemos alcanzado con el Gobierno se ha flexibilizado aún más. Se ha reconocido en el sistema de la Seguridad Social a sectores importantes, como los autónomos, el de los trabajos domésticos y se han incluido varias excepciones referentes a los jóvenes. En cualquier caso, este pacto global no sólo afecta a las pensiones, sino que abarca las políticas activas de empleo, así como las políticas sociales, energéticas, tecnológicas y científicas, entre otras.

–¿Satisfecho, entonces?

–Podría decirse que sí, tal y como está la situación actual.

–¿Han hecho los sindicatos un esfuerzo mayor que empresarios y Gobierno para llegar a este acuerdo?

–Sin duda. Siempre lo hemos hecho. Lo afirmo rotundamente.

–Es decir, que los trabajadores han cedido más en esta dura negociación.

–Ellos han hecho que cedan los trabajadores, porque si tenemos en cuenta el orden establecido en nuestras sociedades, vemos que el escalón económico y político están en la cúspide de la estructura social, mientras que la base somos la clase obrera. Ellos, desde su posicionamiento de poder, lo que hacen es someternos. Ante esta situación histórica que vivimos en estos momentos, el orden político debe recuperar su hegemonía por encima del orden económico, mucho más allá de los mensajes que dicten los mercados. Yo creo que es un discurso erróneo que se diga que para poder salir de esta situación es necesario que los gobiernos no influyan sobre la dinamización de la economía, porque ahora más que nunca se necesita de liderazgos políticos y imponer este orden.

–En esa línea, ¿cree que los sindicatos han perdido poder de influencia en los últimos diez años?

–No han perdido poder. Vamos a ver. Yo hago una autocrítica si la tengo que hacer, en el sentido de que parecía que llegar a este punto era un imposible para la sociedad española. Hemos podido caer en el error de pensar que nunca llegaríamos a esta situación.

–Que creíamos que siempre viviríamos en vacas gordas.

–Sí, pero este momento de crisis llegó y ha descifrado los grandes déficit estructurales que tiene este país y Canarias: un modelo productivo agotado, dependiente de la construcción, el turismo y el sector servicios. Con ese modelo tenemos que ahondar en otro tipo de fórmulas económicas y productivas para garantizar una sostenibilidad suficiente que evite que vuelva a sufrirse este tipo de crisis. Además, también habría que atajar otras cuestiones que no se han abordado, como una reforma fiscal que grave progresivamente las rentas más altas, que se marque una tasa a las transacciones financieras internacionales e, incluso, que se marque un tipo de tasa a los bancos. Porque a lo que nos ha llevado este sistema financiero internacional es a este caos. Otra cuestión sería recuperar otros impuestos directos como el de sucesiones o el de patrimonio. Eso no se ha hecho y a quien se le está pasando factura para salir de la crisis es a la clase obrera.

––¿Nunca se han planteado los sindicatos españoles asumir el modelo francés, en el que las organizaciones se nutren de sus afiliados y no reciben subvenciones públicas?

–A ver. En primer lugar, es cierto que los sindicatos españoles reciben subvenciones pero para formación y que son las mismas que están recibiendo los empresarios. Tienen un carácter finalista, de modo que si no cumplen el objetivo por el cual se han concedido, tienen que devolverse. En segundo lugar, por supuesto que los sindicatos reflexionamos internamente sobre nuestro modelo, pero es el que tenemos. Nosotros estamos convencidos de que es una fórmula lo más democrática posible.

–¿No le resta independencia a las fuerzas sindicales el estar nutridos de fuentes públicas?

–No, yo creo que esas subvenciones públicas son necesarias para hacer un servicio a la ciudadanía, cara a los empleados y los desempleados. Por lo tanto, es una herramienta también pública de garantizar ciertas cuestiones formativas y otras para toda la clase obrera, que no tiene necesariamente que estar afiliada a un sindicato.

–Hablando de independencia, usted es también afiliado al PSC y fue diputado en el Congreso. Si hubiera un choque de intereses, ¿se puede nadar y guardar la ropa, ser sindicalista y político a la vez?

–¿Se puede ser empresario y político a la vez? Creo que dentro de las libertades humanas, las personas tienen la capacidad de saber discernir en qué espacios y qué responsabilidades tienen en cada momento. Yo en ese sentido lo tengo muy claro; aquellos que no lo tengan tan claro tendrán que hacer un ejercicio de reflexión interna y de autocrítica para saber en dónde se queda su librepensamiento. El mío reside en mi voluntad y mis propios valores.

–¿Y si se produjera un choque de intereses entre su partido y el sindicato?

–Yo no tengo ninguna disfunción ideológica. Estoy en UGT porque defiendo los principios que creo debo defender. Los que deben pensar si tienen algún tipo de disfunción ideológica son aquellos miembros de partidos de izquierda que en estos momentos están aplicando doctrinas más cercanas a la derecha que al socialismo. El ser afiliado y dirigente socialista es un plus de madurez democrática.

–¿Se ha decepcionado con esos partidos de izquierda que cita?

–Mentiría si dijera que no.

–Su vena sindical le viene...

–...desde la cuna. Mi madre es una sindicalista histórica de UGT.

–En el colegio y el instituto, seguro que era el delegado de clase o el que organizaba las asambleas.

–Puedo decir que he sufrido un proceso de transformación, porque soy bastante tímido y tenía miedo escénico, pero parece ser que siempre hay cuestiones que se te van revolviendo a nivel interno. También es verdad que en otra faceta de mi vida soy una persona muy atrevida.
Desde pequeño he participado en muchos colectivos sociales, he constituido varias asociaciones juveniles y he pertenecido a otras organizaciones.

–El alto apoyo (97%) que recibió en su elección como secretario general de UGT hace unas semanas, ¿se debió a su persona o a las ganas en el sindicato de zanjar los conflictos internos?

–Hay muchos elementos que propiciaron ese alto apoyo. Primero, la UGT venía de un clima en que la inmensa mayoría de la organización deseaba una estabilidad y poner sobre la mesa una cuestión de liderazgos. Con respecto a mí, creo que lo que han visto los afiliados es la figura de un liderazgo colectivo, porque yo he hablado con todo el mundo para hacer un ejercicio de democracia interna y reflexión colectiva. Después, también puede ser que haya influido una dosis de mi trayectoria en todos los ámbitos: social, político y sindical de los últimos años.

–Su juventud, entonces, no ha sido un inconveniente para dirigir UGT, cuando gran parte de la juventud está aburrida de que siempre sean los mismos los que dirijan el cotarro.

–En este caso yo diría que es hasta un valor, pero sí es cierto que en muchas ocasiones los que estamos metidos en este tipo de círculos tenemos que poner mucho de nuestra parte. Ahí se visualiza el esfuerzo diario de poder afrontar y abrirte paso para que la gente vea en ti una opción de cambio. Yo también he animado, en otros ámbitos en los que he estado, que especialmente los jóvenes son los que tienen que estimular y abrirse paso para que se den esos procesos de cambio. Estamos en un momento en que los jóvenes debemos tomar las riendas de las cuestiones que le afectan y participar abiertamente en todos los ámbitos, porque ahora más que nunca es necesaria la voz de los jóvenes. Por mi juventud (35 años) puedo haberme convertido en un referente con respecto a otras organizaciones políticas y empresariales para que se visualicen muchos otros jóvenes con perfiles magníficos.

–Tras su elección prometió unificar las distintas familias de UGT, ¿cómo cree que se hace eso?

–Pues con un ejercicio de democracia muy intenso.

–¿No existía esa democracia en el anterior equipo?

–Sí, claro, pero hay otro elemento que poner encima de la mesa, que es que aparte de practicar la democracia interna, hay que abrir espacio de reflexión colectiva que en otras situaciones, cuando ha habido diferencias, soy de los que piensa que en el debate de las ideas es donde están las soluciones. Siempre habrá más cuestiones que nos unen que las que nos desunen y que en muchas ocasiones son elementos circunstanciales que no competen especialmente al funcionamiento interno del sindicato.

–¿Cree que en muchos de esos desencuentros entre dirigentes prevalece el personalismo por encima del proyecto?

–En muchas ocasiones no es de personalismos, sino que las personas suelen interpretar mensajes que vienen de factores externos al sindicato que si son mal administrados pueden provocar situaciones de desencuentro.

–Es decir, un problema de gestión.

–No, yo creo que más que de gestión el problema viene de posibles ataques externos que sufren las organizaciones sindicales, herramientas fundamentales de influencia social, política y empresarial para producir cambios, para provocar inestabilidad. Pero no sólo en los sindicatos, sino en otras organizaciones.

–La práctica del "divide y vencerás".

–Sí, pero por factores externos. En Canarias se estila un proceso desde hace mucho tiempo que tiene un componente en el marco del pleito insular y que ciertas entidades con poder intentan fomentar, precisamente en las organizaciones sindicales para seguir campando a sus anchas. Pero en el proceso que nosotros hemos abierto hemos demostrado todo lo contrario, es decir, que con mucha pedagogía, con mucha reflexión y mucho diálogo somos capaces de poner los elementos encima de la mesa para poner freno a esas estrategias externas que lo que pretenden ese "divide y vencerás".

–Para resumir, ¿el pleito insular influyó en el anterior equipo de UGT?

–No en el anterior equipo, sino en el proceso y la vida interna de todos los sindicatos. Nosotros hemos dicho que eso no debe ser así, que somos una organización madura democráticamente, con más de 100 años de historia, y que solucionamos las cuestiones internas en los congresos.

–¿Y puede garantizarnos que el problema quedará resuelto?

–Creo que la garantía de que el problema esté más que resuelto, porque ya no existe, es seguir haciendo ese ejercicio de democracia interna, de reflexión colectiva y de unidad con respecto a los puntos que nos atañen y que son nuestros principios en común. Desviar la atención hacia otro lado sería un error que en estos momentos la sociedad canaria y la clase obrera no se puede permitir.

–A los líderes sindicales se les ha criticado en varias ocasiones su empoltronamiento como liberados. ¿Existe ese peligro en UGT?

–No estoy de acuerdo con eso. Ese peligro no existe en ninguna organización sindical, porque existen las herramientas por parte de la clase obrera para que cuando este tipo de conductas existan poder cambiar a los responsables. Quien haga una crítica en ese sentido adolece de dos cosas: o de falta de información o de falta de querer tirar para adelante con valentía en los procesos que se abren para un sindicalista, que no son fáciles, por cierto. Un sindicalista tiene una carga de tensión mucho mayor con el imperio del miedo que está campando en las empresas canarias y de todo el Estado, que cualquier otro trabajador que no tenga una responsabilidad sindical.

–¿En qué sentido percibe esa política del miedo que cita?

–Por supuesto que sí. A los datos me remito, que es la forma de ser objetivo: los datos de acoso laboral en Canarias han aumentado vertiginosamente en los últimos años hacia unas cifras impensables. La gente acude a su puesto de trabajo estando enfermo y no pide la baja médica por miedo a perder su trabajo. A esta cultura empresarial y política que se llama reforma laboral permite seguir usando la estrategia del miedo por encima de cualquier otra cuestión. Del último millón de despidos que hubo en este país en 2009, más de 900.000 fueron improcedentes, ilegales. Esa es la cultura empresarial que existe en este país. Por lo tanto, yo creo que es el momento, sin ningún tipo de complejos de decirle a la clase empresarial y política que en ningún caso los sindicatos vamos estas fórmulas. Nosotros tenemos la verdad porque le ponemos rostro humano a los verdaderos dramas que están sufriendo los trabajadores, porque nos reunimos con ellos todos los días.

–¿Cómo ahorra y reduce gastos UGT ahora con la crisis?

–Pues optimizando todos los recursos que tenemos, humanos, económicos y materiales, para poder afrontar esta situación.

–¿Han despedido a alguno de sus trabajadores contratados por la situación económica?

–Por motivos de crisis aquí no se ha despedido a nadie. Puede haber existido, como en cualquier otro tipo de relación contractual, algún litigio, algo legítimo por parte de quien presenta la reclamación.

–¿Qué pasó finalmente con la intención del Gobierno de recortar liberados?

–Nosotros vamos a denunciar como conflicto de competencias la Ley de Presupuestos de Canarias, como ya ha hecho Madrid. Una de las líneas que tienen para reducir gastos es recortar liberados. Mi pregunta es: ¿cuándo empezamos a recortar ciertas estructuras políticas y de poder que no significan nada para la sociedad canaria, sino para el conchabeo partidario que tienen con los equilibrios de poder interno de sus propios partidos políticos? ¿Cuándo hablamos de eso? Porque no les supone una herramienta para acabar con la crisis terminar con los liberados. Eso es un ataque a la libertad sindical. Lo que tiene que entender la ciudadanía en general es que con eso se ataca la libertad de todos, porque la libertad sindical, un reconocimiento constitucional, significa la libertad de todos y que costó sangre, sudor y lágrimas conquistarla.

–Al margen de su militancia sindical y política, ¿por qué otras causas siente simpatía?

–Hombre, por mi formación puedo decir que siempre he empleado una lucha por que los jóvenes tengan el espacio que realmente se merecen en esta sociedad. Muchas veces se criminaliza a los jóvenes con discursos que aparecían en ciertos medios de comunicación cuando se les acusaba de ser los culpables del sistema educativo que teníamos con respecto a su fracaso escolar o que los jóvenes sólo se divertían haciendo botellón cuando nadie hablaba realmente de la necesidad de este sector de la población.

–Pregunta tópica: el sindicalista, ¿nace o se hace?

–Creo que nace y se hace, porque surge del propio fundamento de haber nacido en la clase obrera, pero se da también el salto cualitativo para defender con garantías nuestros derechos laborales y sociales. Todas las personas sirven para ser sindicalistas siempre y cuando en sus principios esté la defensa férrea de los trabajadores.

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