18 de septiembre de 2017
18.09.2017
Fútbol CD Tenerife
Córdoba CF20CD Tenerife

 

Un Tenerife sin alma

El equipo de Martí se aleja más que nunca de la versión que debe ofrecer un aspirante al ascenso y cae con claridad en Córdoba

18.09.2017 | 02:12
LaLiga 123: Córdoba - CD Tenerife
Jorge Sáenz presiona a un jugador del Córdoba.

Insólito: ni Suso ni Vitolo en el once

  • La suplencia por decisión técnica de Vitolo y la ausencia de Suso, sancionado con cinco encuentros de suspensión, condujeron al Tenerife a un territorio prácticamente inexplorado en los últimos años. Desde que el de Valleseco volvió al representativo, tan solo en una ocasión (en un encuentro intrascendente contra el Numancia) se había armado una alineación sin ninguno de los dos sobre el terreno de juego. No en vano, ambos jugadores isleoñs se han erigido en dos de los grandes protagonistas del Tenerife de esta década. Así lo atestiguan los números, pues figuran entre los componentes del plantel con una mayor cuota de protagonismo en esat temporada y las anteriores. Vitolo podría volver a tener minutos este miércoles en la Copa del Rey (también en el Nuevo Arcángel, a las 19:00 horas), mientras que el regreso de Suso habrá de esperar. Como mínimo, hasta la novena jornada de competición. La sanción que pesa sobre él le impedirá jugar también en el torneo del KO, así que no viajó y se quedó en la Isla.

El de ayer fue una calamidad. Un Tenerife sin alma, descorazonador, decepcionante, que se alejó años luz de la versión que debe ofrecer cualquier equipo aspirante. Lo de anoche es un chasco porque se daban todos los condicionantes (resultados ajenos, urgencias del rival, etcétera) para que el representativo ganase y diera un golpe encima de la mesa. La victoria hasta le pudo poner líder. Ahora bien, la derrota no solo le separa de la cabeza; es que además sonroja.

La imagen del cuadro blanquiazul fue la más gris en mucho tiempo. Dijo Martí que posiblemente fuera uno de sus peores partidos como entrenador, así que a tal definición caben pocas añadiduras ni objeciones. El cuadro insular fue meridianamente peor que su adversario en todas las fases del encuentro y también en todas las facetas. Inconexo, con las líneas demasiado separadas, sin el control de la situación en ningún momento, el panorama fue desolador. De principio a fin. Y eso que Dani paró un penalti (45') y sembró de esperanzas la segunda mitad, aquella donde llegaron los goles.

El paisaje fue ruinoso desde el comienzo. El equipo naufragó en la primera parte hasta el punto de que fue la peor desde que empezó el campeonato. Martí hizo varios cambios (la sorprendente exclusión de Vitolo y la irrupción de Cámara en el perfil derecho de la defensa) pero no surtieron el efecto deseado. Al representativo le duraron el fuelle y las ganas apenas un suspiro, lo que tardó el Córdoba en hacerse con el mando de las operaciones.

Los de Carrión estaban seriamente cuestionados por su errático comienzo liguero y jugaban sobre el alambre, así que les vino bien un primer acto así de cómodo. Con un Tenerife siempre a remolque, los locales manejaron el envite a sus anchas y en todos los registros. Excepto en el gol, que tardó en llegar. De hecho, en los iniciales 45 minutos fue un milagro que acabara imbatido Dani, pues los anfitriones lo probaron por activa y por pasiva. Hasta el fantasma de un nuevo autogol -como el de Jorge la semana anterior- volvió a pasearse ante el arco blanquiazul, pero esta vez por milímetros fue Raúl Cámara quien no introdujo el balón en su propio arco.

Jona, que remató con suma facilidad y sin marca; un Alfaro en plan imperial, Aguza y compañía dispusieron de un larguísimo catálogo para anotar el primero. Pero en su ineficacia encontraron la penitencia de la espera, pues tuvieron que aguardar a la reanudación para abrochar la victoria. De hecho, al intermedio se fueron en estado de depresión porque marraron su acción más clara, un penalti de Camille que no transformó Guardiola. El atacante local disparó al perfil derecho de Dani, que respondió pletórico de reflejos con una intervención mesiánica. Para el Tenerife, entonces lo mejor era el resultado (0-0).

A Martí le tocó ajustar piezas al descanso y se supone que también abroncar a los suyos por una actuación pésima, la peor en mucho tiempo en 45 minutos infames. Y justamente la pausa y las instrucciones del intermedio precedieron a una mejoría. Eso sí, insuficiente. Fue un espejismo que saliera el Tenerife con nuevos bríos. Como en la primera mitad, su intención de abarcar más campo y llegar con mayor frecuencia al arco local se quedaron en un intento frustrado. Sin más. El equipo se fue apagando y las concesiones blanquiazules (demasiadas) las aprovechó el Córdoba. Primero Guardiola, que se desquitó del fallo del penalti con el gol que abrió la cuenta local; y luego Caballero, que rubricó la sentencia cuando el representativo estaba ya deshilachado. Ayer no hubo manera de mejorar la versión blanquiazul ni con los cambios (el mejor fue Casadesús) ni de ningún otro modo. La actuación fue tan deprimente que ni tan siquiera un alegrón en la Copa valdrá para remendar el desaguisado. El equipo ha de ir al diván, analizar qué pasa y recuperar su identidad. Ayer desnortado, en Córdoba ofreció la peor de sus caras.

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