Apoteosis en blanco y azul

Antes del partido contra el Cádiz, las calles aledañas al Heliodoro vivieron uno de los recibimientos más multitudinarios que se han hecho al Tenerife

19.06.2017 | 04:00
Play off | Recibimiento de la afición al CD Tenerife antes del partido contra el Cádiz CF
Play off | Recibimiento de la afición al CD Tenerife antes del partido contra el Cádiz CF (2)
Apoteosis en blanco y azul

Un placer para los sentidos. Lujo para la vista, porque el espectáculo fue impresionante; para el olfato, porque ayer se percibía el aroma grande de los partidos importantes; y sobre todo para el oído, pues el ambiente en el Heliodoro Rodríguez fue ensordecedor.

Hasta que el balón echó a rodar y el fútbol dictó sentencia, el estadio capitalino vivió una de las jornadas más apoteósicas que se le recuerdan. La mañana ya empezó en clave de fiesta, con las primeras colas en las taquillas para adquirir alguna de las localidades que no habían retirado los abonados. El club acertó con esta medida, pues casi un millar de socios dejaron sus butacas libres.

Lo siguiente fue la fan zone. Un experimento que ya había funcionado bien a finales de la liga regular se repitió para generar el clima más favorable posible para el equipo blanquiazul, que arribó al Heliodoro sobre las 18:30 horas. La afición pedía a gritos -a través de las redes sociales- que el grupo llegase unido. Y casi fue así. El goteo de futbolistas a su entrada a las entrañas del estadio supuso una marabunta imponente.

Los pelos se les pusieron de punta a cada uno de los integrantes de una expedición a la que se emplazaba a la remontada. Los gritos de guerra, fabricados expresamente para la ocasión: "Que sí, joder, que vamos a ascender", era el más repetido. Pero el que sonó con mayor vigor era indudablemente el que ha sido el himno de toda la temporada: "¡Sí se puede, sí se puede!".

La fiesta fue tan grande que al tinerfeñismo se le reconoció ayer en toda la Península y parte del extranjero. El partido ante el Cádiz era el único acontecimiento deportivo del día, así que el interés fue inusitado ante lo que ocurría en el Heliodoro. Como en los tiempos de la UEFA, el estadio se convirtió en la gran capital del planeta fútbol. Y así fue que acaparó los elogios y las muestras de asombro de todo el mundo el mosaico gigantesco que desplegaron los aficionados. Hasta 20.000 cartulinas para escenificar que la fiesta era ayer blanca y azul.

Más allá de lo que luego ocurrió sobre el 105x70, fue un domingo de sentimientos, de emociones a flor de piel, de inquebrantables muestras de adhesión a una religión muy particular: el tinerfeñismo. Que sale fortalecido tras el ejemplo impresionante de ayer. De lealtad, de fidelidad... y de imaginación. Para que el espectáculo visual fuese tan extraordinario, la feligresía local hubo de derrochar todo su ingenio y más en el trayecto del jueves funesto al domingo de esperanza. El esfuerzo valió la pena.

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