Festival blanco en el Villamarín

El equipo de Zidane vuelve pletórico del parón liguero y pasa por encima de un Betis discreto

16.10.2016 | 04:53

El Madrid se vacunó contra el virus FIFA con una inyección de vitaminas futbolísticas. Cuadró, sobre todo, un primer tiempo espectacular, en el que puso patas arriba el Benito Villamarín. Desde el pitido inicial, el Betis fue un muñeco de trapo, maltratado por la tropa de Zinedine Zidane. Si se trataba de dar un golpe en la mesa tras el carrusel de empates, los jugadores madridistas lo entendieron de maravilla. Fue un gran partido colectivo, con toques exquisitos de Marcelo, Isco o Benzema, y la presencia majestuosa de Toni Kroos dirigiendo las operaciones. Sin Casemiro, la influencia del alemán en el juego se agiganta, hasta confirmarse como el punto de partida de un Madrid ayer redondo.

Las quejas de Zidane hicieron efecto inmediato. En Sevilla la actitud de los madridistas fue excepcional. No es que no regalaran el primer tiempo. No regalaron un minuto. Tras el saque de centro se lanzaron al cuello del Betis y no lo soltaron hasta el descanso. Ayudó la superioridad aérea de Varane, que giró el cuello para desviar un lanzamiento de falta de Kroos a los tres minutos. Y a partir de ahí, para marcar distancias con lo ocurrido en Las Palmas, por ejemplo, siguió jugando a un ritmo inalcanzable para casi todo los rivales. Por supuesto, para un Betis que tiene muy mala pinta.

El 4-2-3-1 de Zidane, con Kovacic y Kross en el doble pivote e Isco por delante, no fue ninguna novedad. Lo que cambió fue la actitud de todos y el acierto en la ejecución. El Madrid fue un equipo que trabajó en bloque, tanto a la hora de atacar como de defender. Mereció el segundo gol mucho antes de provocar el fallo de Joaquín. Robó Kroos y avanzó echando a suertes el destino de su pase definitivo. Pudo haber sido Cristiano, pero eligió a Benzema y acertó porque el francés finalizó con la clase que se le supone.

Aquello fue el final anticipado del partido, entendido como una pelea entre iguales. El Betis no encontró motivación para seguir luchando y antes del descanso el Madrid lo volvió a mandar dos veces a la lona. El 0-3 fue la recompensa para el madridista más artístico, Marcelo, por mucho que se aprovechase de un fuera de juego que no fue detectado por el linier. El cuarto fue un canto al juego de contragolpe. El Madrid convirtió un córner en contra en una desbandada de camisetas moradas, con Pepe como lanzador y asistente. El defensa portugués atravesó el campo rodeado de compañeros, abrió a Cristiano, que se olvidó de egoísmos para enviar al segundo palo, donde Pepe le regaló el gol a Isco. Eléctrico.

El vestuario del Betis debió de ser una tormenta de ideas durante el cuarto de hora de receso. Entre minimizar daños y dar un paso adelante, Poyet eligió la valentía. Acertó con la entrada de Cejudo, sobre todo porque conllevó el paso de Joaquín a una posición más centrada. El capitán es de lo poco que recuerda al mejor Betis. Aprovechando también que el Madrid volvió más contemplativo, Joaquín formó con Cejudo y Rubén Castro un triángulo que, por lo menos, hizo cosquillas al Madrid. Tras un par de avisos, un pase de genio de Joaquín dejó a Cejudo mano a mano con Keylor Navas, que sufrió el bajonazo del equipo.

El Betis se animó tanto que le dio al Madrid lo que más le gusta: espacios. Los que permitieron a Isco, solo en el segundo palo tras un intento de remate de Benzema, enviar un remate teledirigido a la escuadra izquierda de Adán. Con una hora por delante y el rival convencido de que cualquier empeño era inútil, al Madrid sólo le quedaba una cuenta pendiente: el gol de Ronaldo. Acabó llegando en una arrancada de las suyas, de esas que demuestran que poco a poco va cogiendo la onda. La finalizó con un remate raso y potente, con el que puso fin a una racha extrañamente larga sin marcar, concretamente desde que el 10 de septiembre contribuyó a la victoria frente a Osasuna en el Bernabéu. Fue el colofón a una gran noche blanca y la contundente respuesta a las goleadas de sus grandes rivales por el título.

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