'Da poder a tu vida', lema del día Mundial del Corazón

El elevado nivel de sedentarismo, el sobrepeso, la obesidad y el consumo de tabaco contribuyen en forma notable al riesgo de sucesos cardiovasculares

30.09.2016 | 13:29

Las enfermedades cardiovasculares ocupan el primer lugar de morbilidad y mortalidad en el mundo hasta el punto de que alrededor de 17.5 millones de personas mueren al año por esta causa, lo que representa el 31% de todas las muertes que se producen anualmente en el planeta. Y se estima que para el año 2030 esta cifra aumente hasta 23 millones de muertes por año.

El 29 de septiembre de cada año se celebra el Día Mundial del Corazón, promovido por la Federación Mundial del Corazón en conjunto con las diferentes sociedades estatales del cardiología. Este año, la campaña lleva como lema: "Da Poder a tu Vida (Power Your Life)", con la finalidad de destacar la importancia del bienestar y el cuidado del corazón para mantener una vida sana e íntegra. También, esta campaña hace énfasis en la difusión de los factores de riesgo cardiovascular prevenibles como el tabaquismo, la obesidad, la mala alimentación y el sedentarismo, con la finalidad de que la población mundial los conozca y tome conciencia sobre ellos, y así reducir la incidencia y prevalencia de la enfermedad cardiovascular y las muertes a causa de ésta en el mundo.

El corazón no es la única víctima de la enfermedad cardiovascular, otros órganos se ven afectados por ella, entre los que se encuentran, principalmente, el cerebro y los vasos sanguíneos en general. De las enfermedades incluidas dentro de la enfermedad cardiovascular, la más prevalente a nivel mundial es la enfermedad isquémica del corazón, es decir, el infarto agudo al miocardio. La buena noticia es que estas muertes pueden prevenirse haciendo pequeños cambios en el estilo de vida, adoptando una alimentación saludable, realizando actividad física todos los días y evitando el consumo de tabaco.

El elevado nivel de sedentarismo, el sobrepeso, la obesidad y el uso del tabaco contribuyen en forma notable al riesgo de eventos cardiovasculares. Con el crecimiento urbano acelerado, las dietas tradicionales, ricas en frutas y verduras frescas, se han dejado a un lado y se ha abierto paso a la comida de preparación rápida con elevado contenido de azúcar, grasas y sal. Todos estos elementos constituyen factores de riesgo dietéticos para la enfermedad aterosclerosa, proceso que se desarrolla en forma gradual a lo largo de los años y que, finalmente, produce obstrucción arterial coronaria, accidente vascular cerebral y, no en pocos casos, desencadena la muerte en forma súbita.

Con los avances en la práctica médica ahora es posible prevenir o demorar el inicio de estas enfermedades cardiovasculares. Por ello la prevención está tomando una importancia primordial. Las comunidades médica y cardiológica desempeñan un papel fundamental en los esfuerzos de salud pública para la prevención primaria de la enfermedad cardiovascular.

La prevención primaria se inicia con el interés del enfermo en informarse, en profundizar en el conocimiento de su organismo, de su salud y de la posibilidad de prevención de las enfermedades. Se trata de un tema relacionado con la educación y con el cambio en conductas de riesgo más que de intervención con fármacos puesto que el beneficio neto es claramente superior con un mejor estilo de vida que con cualquier medicamento utilizado.

Modificar en el entorno

El enfoque tradicional con el cual se ha intentado resolver estos problemas de salud ve el reto de las enfermedades crónicas, principalmente cardiovasculares y diabetes, como problemas de conducta que sólo pueden resolverse en la medida que las personas, con educación, disciplina y voluntad, logren adaptar estilos de vida cada vez más saludables. Muchos profesionales de la salud inclinados en este enfoque consideran que los individuos o las familias deben ser responsables de su estilo de vida para lograr las mejoras que se están buscando.

La evidencia ha mostrado que aún poblaciones con alto nivel de educación y recursos, pueden tener altos porcentajes de enfermedades crónicas y no contar con estilos de vida tan saludables como se esperaría.

En este sentido, sirve de muy poco que a los niños de las escuelas se les enseñe en los libros de texto que la forma más saludable de hidratarse es con agua, si al salir al recreo se ven desbordados con una oferta de bebidas azucaradas, zumos y leches con aditivos saborizantes que no son recomendables como forma de hidratación habitual en esta edades.

De la misma forma, es muy difícil que los programas educativos que invitan a una vida saludable puedan competir con la publicidad de "comida basura" a la que están expuestos los niños en las calles, las redes sociales, la televisión, etc. Por ello, a nivel internacional se ha reconocido la importancia de implementar acciones para modificar el entorno y hacerlo menos amigable con los factores que impiden un estilo de vida saludable.

Estrés

La Asociación Americana del Corazón (AHA), reconoce al estrés como un factor de riesgo para el corazón que, a través de diversos mecanismos, determina cambios en la frecuencia cardíaca y disminución en el diámetro de las arterias al promover su contracción sostenida. Las personas con estrés crónico modifican su comportamiento, adquiriendo hábitos nocivos como comer azúcares en exceso y fumar, lo que predispone al desarrollo de sucesos cardiovasculares como el infarto.

Es, por lo tanto, una respuesta a la tensión acumulada, que libera adrenalina, la cual actúa en las paredes vasculares y causa en hipertensión forma crónica; cuando este trastorno esta fuera de control y en niveles críticos de riesgo, puede condicionar la ruptura de un vaso sanguíneo o la aparición de un evento vascular oclusivo.

El estrés laboral que resulta de una demanda excesiva en el lugar de trabajo puede aumentar hasta en un 46% la progresión de la aterosclerosis en individuos con personalidades altamente reactivas al estrés.

Aunque es difícil estimar cuántas personas están en riesgo de sufrir enfermedad coronaria a causa del estrés laboral, estudios recientes permiten indicar que entre un 20 y un 30% de los ataques cardíacos son atribuibles al estrés psicológico.

El estrés psicológico actúa por dos caminos distintos. En forma indirecta, el estrés se asocia a una pobre adherencia a estilos de vida saludables y a los tratamientos médicos; en forma directa, el estrés ocasiona la constricción de los vasos sanguíneos, una mayor formación de coágulos sanguíneos, presión arterial elevada, una mayor resistencia a la insulina y diabetes.

El ejercicio y los estilos de vida saludables son fundamentales para el tratamiento del estrés a largo plazo. El cambio de estilo de vida debe ser el objetivo final de todo tratamiento, lo que significa un correcto manejo de la carga laboral, del tiempo así como la necesidad de descanso semanal y anual.

Alimentación

La dieta es un punto clave en el desarrollo o prevención de enfermedades cardiovasculares, de modo que haciendo los cambios pertinentes en la forma de alimentarse se disminuirá el riesgo. Llevar una dieta baja en grasas saturadas con abundante consumo de verduras y frutas disminuye en un 73% el riesgo de presentar eventos cardíacos en comparación con la dieta promedio en el mundo desarrollado.

El consumo excesivo de grasas incrementa el riesgo de presentar cardiopatías debido a su alto aporte de calorías, lo que aumenta la posibilidad de presentar obesidad. En la comida se pueden encontrar diferentes tipos de grasa como: poliinsaturadas, monoinsaturadas, saturadas y grasas trans, y cada una de ellas tiene diferentes efectos.

Comer demasiadas grasas saturadas constituye uno de los mayores factores de riesgo para desarrollar cardiopatías, provocando niveles altos de colesterol LDL, conocido como "colesterol malo" porque contribuye a la formación de ateromas, es decir, placas que se forman en el interior de las arterias obstruyendo el paso de la sangre. Estas grasas saturadas se pueden encontrar en productos animales como mantequilla, quesos amarillos, leche entera, carnes grasas y helados, también en papas fritas, pasteles comerciales y en aceite de coco y de palma. Las grasas saturadas no deben exceder el 10% de las calorías totales y, en personas con diabetes, el 7%.

Por otra parte, los ácidos grasos trans se forman cuando el aceite vegetal se endurece, proceso llamado hidrogenación, elevan los niveles de colesterol LDL y reducen los del HDL, conocido como "colesterol bueno" porque limpia las arterias en vez de deteriorarlas. Las grasas trans se encuentran en alimentos fritos, productos comerciales horneados, pasteles, pan dulce, galletas, manteca y margarina.

Por último, los ácidos grasos esenciales Omega 3 y Omega 6 pertenecen al grupo de los ácidos grasos poliinsaturados y se denominan esenciales porque nuestro cuerpo no los produce así que debemos adquirirlos de los alimentos para obtener sus beneficios. Entre estos beneficios disminuyen los niveles de colesterol y triglicéridos, a su vez previenen la formación de coágulos, evitan que se acumule grasa y colesterol en el interior de las arterias, contribuyen a regular la presión arterial y ayudan al buen funcionamiento del sistema nervioso, entre otros. Se encuentran en pescados como salmón, atún, sardinas, truchas, semillas, nueces, aceite de soja y linaza.

Dieta mediterránea

La dieta mediterránea es mucho más que una forma de alimentarse, es un estilo de vida en el que se combinan ingredientes, técnicas y recetas con una vida físicamente activa favorecida por la bondad del clima. Es un estilo de vida en el que se comparte y se celebra alrededor de la mesa, donde los ingredientes locales y de temporada tienen protagonismo, donde abundan los alimentos de origen vegetal y condimentos de recetas que han ido pasando de generación en generación, cuyas variantes las encontramos en los diferentes países que conforman el Mediterráneo, cada una de ellas adaptada a los recursos y a las producciones locales.

Tan importante es la dieta mediterránea que ha recibido el reconocimiento por parte de la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el 16 de Noviembre de 2010, permitiendo su protección, difusión y transmisión, de forma que toda la población mundial pueda beneficiarse de las bondades de esta forma de entender la vida y la alimentación.

Verduras, legumbres, frutas, tubérculos, cereales y frutos secos conforman la base de la dieta mediterránea que se caracteriza por el uso de alimentos locales, frescos y de temporada, siempre que sea posible. La abundancia de productos vegetales propicia una presencia de fibra, vitaminas y antioxidantes que garantizan unos aportes más que suficientes.

El pescado, las aves, huevos y lácteos son consumidos de forma moderada, mientras que las carnes rojas y sus derivados forman la menor proporción de las recetas mediterráneas.

El aceite de oliva es la grasa que protagoniza esta dieta, por formar parte integrante de la historia del Mediterráneo y sus culturas, no sólo como alimento, sino también como símbolo. Por otro lado, el vino también juega un papel importante en la cultura mediterránea. Desde los griegos y los fenicios, hasta nuestros días, el vino ha estado ligado al desarrollo de las diferentes culturas mediterráneas y, al igual que el aceite de oliva, es una parte inherente de nuestros hábitos alimentarios.

Los estudios realizados a personas con un alto riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, demuestran que el consumo de la dieta mediterránea, después de varios años de seguimiento, produce una disminución significativa de los eventos cardiovasculares importantes, entre ellos el infarto de miocardio, muerte por causas cardiovasculares, además de un menor numero de accidentes cerebrovasculares.

Los principales mecanismos para argumentar científicamente el éxito de la dieta mediterránea, tienen que ver con sus efectos antioxidantes en frutas, verduras y vino rojo y efectos antiinflamatorios en aceite de oliva, pescado y nueces.

Además, el aceite de oliva extravirgen puede ejercer efectos benéficos sobre los factores de riesgo cardiovascular a través de mecanismos que incluyen una mejoría en el perfil de grasas mediante una disminución del colesterol total y el colesterol de baja densidad; reducción de la susceptibilidad del "colesterol malo" a oxidarse lo que disminuye su posibilidad de adherirse a las arterias; mejora en la función endotelial de los vasos sanguíneos así como un mejor control de la presión sanguínea.

Ejercicio

El sedentarismo se combate mediante la actividad física. Tanto la falta como el exceso de ejercicio no son saludables. Ejercicio no es sólo moverse, éste debe ser algo intenso y sostenido para cambiar nuestro cuerpo. El ejercicio baja el azúcar y el colesterol en la sangre, normaliza la presión arterial y mejora la condición física para vivir más y mejor.

Antes de comenzar a realizar cualquier ejercicio físico de intensidad moderada resulta recomendable acudir a un médico para que realice un examen físico general, ya que se puede padecer alguna dolencia sin saberlo que podría resultar peligrosa a largo.

El ejercicio se puede hacer de muchas maneras y hay que saber cómo hacerlo. Se debe combinar el ejercicio aeróbico con el acondicionamiento físico general. En este sentido, para el ejercicio aeróbico se precisará una actividad que se pueda mantener durante varios minutos, caminata, ciclismo, o natación, y debe hacerse de 30 a 60 minutos diariamente y con intensidad moderada. El ejercicio debe comenzar con un calentamiento adecuado, continuar con una fase principal y después realizar una vuelta a la calma. El calentamiento y la vuelta a la calma se pueden realizar con el mismo ejercicio, pero con menor intensidad. Al terminar de hacer la actividad se deben estirar los músculos, especialmente los de las piernas y la espalda.

El acondicionamiento físico general necesita ejercicios de fuerza, elasticidad, coordinación y equilibrio, en rutinas de 30 a 60 minutos, 3 veces por semana.

El ejercicio desmedido también es un problema de salud. El ejercicio de alto rendimiento es solo para profesionales puesto que realizado de forma inadecuada puede llevar a provocar problemas de salud, tanto ortopédicos como cardiovasculares. El exceso de ejercicio no otorga exceso de salud, e incluso puede provocar la muerte en algunas personas, sobre todo en aquellas que tengan una grave enfermedad cardíaca que no haya sido detectada.

El ejercicio es un medicamento, produce cambios muy específicos en el cuerpo y existen ejercicios especialmente diseñados para el tratamiento de enfermedades. También existen ejercicios para pacientes con enfermedades cardiovasculares, pulmonares, con cáncer y enfermedades ortopédicas, entre otras. Con ellos disminuye la mortalidad y mejora la calidad de vida de estos pacientes.

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