Entrevista a Rosendo Alonso

"Hice de la ilusión de un grupo, que creó todo esto, una realidad"

"A lo largo de 25 años me he llevado demasiadas decepciones, pero tengo la conciencia tranquila", asegura el expresidente y exjugador de Ademi

08.08.2016 | 02:57
"Hice de la ilusión de un grupo, que creó todo esto, una realidad"

Rosendo Alonso Pérez (2/05/1955) padece desde edad muy temprana poliomielitis, una enfermedad que afecta principalmente al sistema nervioso que en su forma aguda causa inflamación en las neuronas motoras de la médula espinal y del cerebro y lleva a la parálisis, atrofia muscular y muy a menudo deformidad.

Rosendo llegó al Ademi Tenerife en la temporada 89/90 y desde entones supo compaginar su labor profesional (hoy por hoy ya está jubilado) con el deporte. Un amigo le dijo que se había creado el Ademi y que tenía un equipo de baloncesto en la Casa Cuna y sin dudarlo ni un momento comenzó a machacarse en los entrenamientos al tiempo que también aprendía las reglas del BSR. Debutó con el primer equipo justo finalizando la temporada 89/90 de la mano de Manolo Rodríguez, jugando unos minutos en cada partido y desde aquel entonces hasta esta última temporada, 2015/2016, no ha dejado de jugar. Pero no solo ha sido jugador, también ejerció de entrenador-jugador, título que sacó en un curso que se impartió en la antigua Casa Cuna en el año 1992, hoy Complejo Deportivo Insular Santa Cruz-Ofra. Poco a poco se fue metiendo en la organización y entramado del club hasta llegar a convertirse en su presidente en 1990, cargo que ostentó hasta el año 2006.

Rosendo se ha convertido en todo un referente tanto a nivel asociativo del Ademi como deportista, sobretodo dentro del equipo de Baloncesto en Silla de Ruedas, donde ha dejado una gran huella, dando un ejemplo de que ni la discapacidad ni la edad es un hándicap para practicar cualquier disciplina deportiva.

¿Cómo conoció este deporte? ¿Cuántos años hace que lo practica?

Lo conocí por José Alberto. Le conocía del barrio y estuvo bastante tiempo animándome. Al final me decidí y a finales del 89 comencé con los entrenamientos. Era bastante malo -y lo sigo siendo- pero me enganché rápidamente. Salvo dos temporadas, cansado de que el entrenador en ese momento no contara conmigo, que me lo tomé de descanso.

¿A qué edad comenzó a practicar baloncesto en silla de ruedas? ¿Cómo comenzó todo?

A los 35 años. Caminaba mucho y estaba en forma. De joven veía mucho deporte pero era consciente de mis limitaciones. Pensar en aquellos momentos que podría atravesar corriendo una cancha de baloncesto era una utopía. Lo tengo enmarcado en mi retina como uno de los hechos más significativos en mi vida.

¿Practica algún otro deporte además del baloncesto en silla de ruedas?

He practicado el tenis en silla de ruedas (TSR), tenis de mesa, vela y principalmente el atletismo, que me gusta tanto como el Basket.

¿Qué le aporta la práctica de este deporte?

Todo.

¿Para usted y su vida diaria, qué significa jugar al baloncesto en silla de ruedas?

El deporte y mi vida, a pesar de que empecé tarde, van de la mano. No imagino mi vida sin el deporte. Con decirte que yo salía de entrenar y estaba deseando que llegara nuevamente el día de entrenamiento te digo todo.

¿Ha observando muchos cambios en el baloncesto en silla desde sus inicios hasta ahora?

He tenido el placer de la evolución de este deporte, te digo, incluso sin salir de casa. Cuando a través del Cabildo -¡Qué tiempos!- compramos las segundas sillas de ruedas, para nosotros, empezó a cambiar todo y así sucesivamente. Hoy es más técnico y menos violento, que no lo es, a pesar de que a la vista da esa sensación.

¿Qué piensa que necesita el baloncesto en silla de ruedas para tener una mayor visibilidad o conocimiento entre el gran público?

Que se le promocione más por parte de los medios. Te pongo un ejemplo. La Fundación Once lleva bastante años patrocinando la liga, ¿no? Vale. Cuándo formaba parte del club como presidente insistía a la misma de que le pusiera un ultimátum a los medios: o promocionaban la competición o no les daba la publicidad del cupón. Nada, nunca. Aquí, afortunadamente, siempre estuvo Agustín Arias. Hoy, las redes sociales han puesto a cada uno en su sitio.

¿Alguna cosa que cambiaría en la forma de gestionar el baloncesto en silla de ruedas?

Una franquicia. No es posible que clubes tengan para hacer fichajes de extranjeros y luego no puedan hacer desplazamientos a las islas. Si la Fundación Once, a través de Ilunion, retira la subvención, se acabaría el baloncesto a nivel nacional. Y esto lo conseguimos estando yo ahí.

¿Cómo ve el futuro del baloncesto en silla de ruedas?

Incierto. La enfermedad de la poliomielitis aportó grandes (los mejores) jugadores a este deporte. Hoy, algunos amputados en accidentes y parapléjicos, de resto...

¿Quién ha sido la persona que más le ha marcado dentro de las canchas o de la que más ha aprendido?

Muchos. Aún sigo aprendiendo, pero sí tengo que destacar a uno, Manuel Rodríguez López, el primer entrenador y parte, la más, importante del Ademi Tenerife.

Seguro que la práctica de este deporte le ha dado muchos momentos importantes pero ¿nos podría destacar alguno de ellos?

Hay muchos, pero destacaría, como entrenador, los dos ascensos a la División de Honor. Fue algo grande. Llegamos a jugar incluso la Copa del Rey.

¿Qué resumen hace de su trayectoria?

A lo largo de estos 25 años, me he llevado demasiadas decepciones. Gente que no se merece lo que he hecho por ellos y que parece que se han olvidado. Pero alegrías e irte a la cama con la conciencia tranquila, siempre. Cómo he mencionado antes con la prensa, el tiempo pondrá a cada uno en su sitio...

¿Tiene la intención de jugar más temporadas en el Ademi Tenerife?

No, ya está bien. Soy consciente de que hay gente joven que viene con ganas y hay que dejarle paso.

¿Qué ha significado y significa el Ademi para usted?

Cerrar un ejercicio con superávit y todos los años igual requiere trabajo. Yo he amado lo que hacía y estaba más en el club que en mí casa. Hice de la ilusión de un grupo que creó todo esto una realidad. Cuándo aquí no había nada, estaba el Ademi. Cuándo a los PC (parálisis cerebral) no los querían en las piscinas, estaba el Ademi. Tenía un buen grupo (bueno éramos tres) luego, dos.

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