Juegos Olímpicos

Brasil disipa las dudas

Río de Janeiro, preparada para una ceremonia inaugural donde brillarán Phelps, Nadal y tal vez Pelé, a quien la prensa local considera el más adecuado para ejercer como último relevista de la antorcha

05.08.2016 | 04:10

De camino al IBC, esa torre de Babel que congrega a periodistas de los cinco continentes, un taxista brasileño -de nombre Paulo- relata con tristeza y aflicción que el entusiasmo por los Juegos se ha perdido. Entre la crisis económica, la cada vez más acuciante diferencia de clases y las noticias sobre la creciente corrupción, el pueblo se ha alejado de sus dirigentes y ya no cree que esta cita con los cinco aros sea la pócima mágica para resolver ningún problema. Ni tan siquiera piensan que resulten rentables -más bien lo contrario- estos primeros Juegos en Sudamérica. Y eso que Brasil apeló justamente a la deuda histórica del COI con este rincón del planeta para vapulear a Madrid (66-32) en la celebérrima votación de Copenhague.

Aquel día, Río estalló de alegría. Hoy, casi cualquier atisbo de júbilo se ha difuminado. Permanece, eso sí, la voluntad de complacer a los visitantes y hacer todo lo posible por que salgan unos grandes Juegos Olímpicos. Nadie se propone que sean los mejores ni los más opulentos, pero sí unos Juegos amables, cercanos, donde esté presente la emoción. Mientras, al tiempo que se evapora el entusiasmo por ser esta ciudad el foco único de atención mundial a partir de esta noche, lo que también desaparecen -afortunadamente- son las dudas.

Ayer Río era todavía un caos circulatorio, ahogado el tráfico en el entorno de las zonas olímpicas, pero la amenaza sanitaria por el virus zika la ha eliminado casi absolutamente el descenso de las temperaturas y tampoco hay sensación de inseguridad en las calles, militarizadas al milímetro y con una presencia policial que abruma. Nadie teme tampoco que Brasil falle en la organización de la apertura, un desfile multicultural donde reinará la samba y se apelará al espíritu olímpico.

Serán cuatro horas con algunos misterios por resolver. Eso sí, no habrá un secuestro simulado de ninguna estrella -como así figuraba inicialmente en el guion del director del acto- y se mantendrá hasta el último minuto la gran incógnita de toda inauguración de unos Juegos: quién será el último relevista de la antorcha. Todas las miradas apuntan a Pelé, pero anoche cobraban fuerza otros dos nombres de ilustres brasileños en las quinielas de los más de 10.000 periodistas acreditados: Gustavo Kuerten y Óscar Schmidt Becerra, ambos con méritos de sobra para ser los elegidos.

La otra incógnita se resolvió este jueves. Phelps será el abanderado estadounidense. El de España, Nadal. No solo competirá en todo -individuales y dobles- sino además portará con orgullo los colores del país entero. Y tras él, cuatro tinerfeños (Alicia, Sergio, Andrés y Eli) y un quinto, Vicente Hernández, a punto de volar a Brasil para hacer realidad su ilusión de siempre: ser olímpico.

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