Miguel Ángel Hernández: "La natación es el mejor seguro de vida que podemos contratar"

Se ha comprobado que el ejercicio regular produce cambios en nuestro cerebro y a cualquier edad, afirma el neurólogo

26.06.2016 | 23:33
Miguel Ángel Hernández, con la piscina del CDM Paso Alto detrás.

Con el sugerente título de ¿Puede la actividad física modificar nuestro cerebro?, Miguel Ángel Hernández fue uno de los ponentes del Ciclo de Conferencias Deportivas para la Cultura de la Vida que se organizaron en el CDM Paso Alto. Neurólogo de reconocido prestigio, Hernández afirma que la actividad física en general y la natación en particular genera múltiples beneficios cerebrales que se van conociendo a medida que avanzan las técnicas de estudio. Y no solo a ese nivel, sino que las modificaciones pueden llegar incluso al propio ADN. Y defiende sus ideas con una frase muy impactante: "Entrena tu cuerpo para cambiar tu cerebro. Entrena tu cerebro para cambiar tu mente. Entrena tu mente para cambiar tu vida".

Su ponencia tiene un título llamativo, relacionando deporte y actividad cerebral. ¿Cómo se relacionan ambos términos?

Primero hay que dejar claro que cuando hablo de actividad física la debemos entender como la actividad práctica de al menos 30-60 minutos diarios. Es importante diferenciar entre hacerla de forma regular y la de fin de semana o esporádica. Es evidente que la actividad física y, en este caso la natación, tienen unos beneficios físicos visibles, pero también unos beneficios mentales. El cuerpo húmano está diseñado para la actividad física de forma regular, es más, necesita de esa actividad para mantener una serie de funciones básicas, entre otras las cerebrales. Está claro que cuando las infrautilizamos podemos atrofiar nuestros órganos.

¿Qué es lo que tiene la natación como actividad física que usted destaca?

Nadar es una acción que el hombre ha realizado desde su concepción como especie. Desde que se produce la primera unión de células para formar el feto ya está en un ambiente líquido, como es el líquido amniótico. Tenemos esa capacidad adaptativa. Ya los griegos o los fenicios tienen pinturas y esculturas en las que muestran que dominaban la natación, por lo que no es una cosa moderna. Tiene la ventaja que se puede ejercitar en cualquier momento de la vida, desde el recién nacido hasta la vejez. Desde el punto de vista fisiológico es recomendable por el bajo índice de impacto en los huesos y articulaciones. Además, los músculos trabajan de cinco a seis veces más en el agua porque la resistencia del agua es mayor que la del aire. Al nadar movemos prácticamente todos los músculos y es una vía directa de conexión con el Sistema Nervioso Central.

¿Cuáles son los beneficios que proporciona la natación al cerebro?

Para empezar, el cerebro es el órgano de mayor consumo de oxígeno del cuerpo. Se ha comprobado que el ejercicio regular produce cambios en nuestro cerebro y, lo que es muy importante, a cualquier edad. El contacto con el agua determina la sensibilidad de cómo se reciben los estímulos a nivel medular y cerebral y esto hace que disminuyan síndromes neuropáticos. Otro ejemplo lo tenemos en la enfermedad de Parkinson y cómo se puede mejorar la rigidez de la persona. O tras un ictus, en el que los pacientes arrastran una pierna pero cuando entran en el agua hacen cosas que no pueden hacer fuera. Incluso llegan a mejorar notablemente de esa cojera tras estar en contacto con el agua por el efecto relajante que tiene. Recientemente se ha comprobado que la natación también mejora la migraña y las cefaleas tensionales. Finalmente, también se ha demostrado que desde el punto de vista sexual se puede mantener la erección más tiempo y se aumenta el deseo sexual tanto en el hombre como en la mujer. Podríamos decir que la natación es el mejor seguro de vida que podamos contratar y el más barato de todos.

Todo tiene que ver con el retorno de nuestra inversión. Cómo nos sentíamos antes de empezar y cómo una vez que hayamos acabado. Yo diría ¿cuándo dejas de nadar o hacer ejercicio cómo te encuentras?

¿Mejor, igual o peor? Las técnicas de relajación como el yoga o el Mindfulness hacen que el cerebro, que está constantemente hirviendo, bajan esa intensidad. La natación también lo consigue, sin duda.

Puede poner algunos ejemplos de esos beneficios...

Nelson Mandela afirmó que el deporte tiene el poder de transformar al mundo; tiene el poder de unir a la gente como pocas otras cosas; tiene más capacidad que los gobiernos de derribar las barreras sociales y yo le añadiría que es capaz de cambiar y modificar nuestro cerebro. Existen muchos estudios que lo demuestran. Siempre hablamos del estudio con ratones en los que unos daban vueltas a una rueda y otros estaban pasivos. Luego se les enseñaban a todos unos recorridos para ver si los recordaban y los que hicieron ejercicio lo hacían antes y lo recordaban más tiempo que los que no. Luego, al analizar sus estructuras cerebrales se comprobó que la zona del hipocampo era mayor en los que hicieron ejercicio de forma regular. El hipocampo es la estructura que regula la memoria, el aprendizaje y la atención y se constató que no sólo habían crecido las células, sino que habían nacido nuevas células.

En humanos, ¿qué defienden esos estudios?

En 2013 se hizo un estudio con 331 hombres y mujeres entre 50 y 80 años en relación a la actividad física. Se les pidió que hicieran una actividad ligera como caminar al menos 30 minutos diarios y estaban monitorizados en el brazo. A otros, en cambio, se les pidió que hicieran actividades de forma moderada como nadar media hora o correr a una velocidad de cuatro kilómetros a la hora también durante 30 minutos. Se evaluaron las capacidades mentales, por ejemplo a través de resonancia magnética, y se comprobó que aquellas personas que hacían actividad de forma moderada tenían una mejoría en su estado cognitivo, en su fluidez verbal y en la memoria inmediata y remota. Comparando las resonancias hechas antes y después del experimento se constató que había mayor volumen de sustancia gris en el lóbulo parietal y sustancia blanca que nos permite relacionar ambos hemisferios cerebrales. El año pasado también se publicó, tras más de una veintena de estudios heterogéneos, que el ejercicio regular como la natación aumenta el volumen cerebral al nivel de la corteza prefrontal y el hipocampo, que es la zona más estimulada por la actividad física. También en las zonas cerebrales que coordinan el movimiento, la coordinación y la estabilidad y que cuando se atrofian son las culpables del Parkinson, por ejemplo. El doctor Ericson, que lideró estos estudios, concluye que la actividad física de forma regular tiene un efecto preventivo en la atrofia cerebral.

Entonces, los cambios son más profundos de lo que pudiéramos creer...

Hasta ahora se creía que teníamos unos cien millones de neuronas y que con el paso de los años se iban perdiendo. Se ha comprobado que esto no es así, sino que se pueden generar nuevas neuronas a través del ejercicio. Tenemos la capacidad de modificar y modelar nuestras estructuras cerebrales. Cuando estimulamos de forma repetitiva las células nerviosas podemos modificar el cerebro, porque se modela según las necesidades. Ejercitar el cerebro tanto mental como físicamente hace que se estimule. Por ejemplo, en las personas que hacen deporte de forma regular el córtex motor es un 25% mayor. Pero para obtener estos efectos hay que ser disciplinados y constantes a lo largo del tiempo.

¿Cómo son esos estímulos?

El cerebro libera endorfinas, que son producidas por las glándulas pituitarias y el hipocampo. Ejercen un efecto analgésico muy potente porque se asimila al que produce la morfina. No podemos olvidar el efecto de bienestar y placer que generan. Cuando acabamos de hacer una actividad como la natación y tenemos esa sensación de qué bien me encuentro nos la da la liberación mantenida de endorfinas, con lo que también favorece la disminución de la sensación de ansiedad. Lo que sabemos ahora es que esa liberación puede seguir produciéndose, no como se creía hasta ahora durante 30 o 45 minutos, sino puede llegar hasta ocho horas después de haber realizado ejercicios durante solo 15 minutos. Con la practica regular se ha comprobado que se liberan endorfinas en mayor cantidad y con efectos más prolongados. Los que hacemos actividad física de forma regular reconocemos ese bienestar y cuando la dejas de hacer un par de días te das cuenta que no te encuentras igual de bien. Pero además, actúan en la corteza límbica que es la zona que regulan la expresión de nuestras emociones, de cómo gestionarlas y modularlas.

No solo son las endorfinas las que intervienen. La serotonina es conocida como el neurotrasmisor de la felicidad. Muchos de los antidepresivos que utilizamos intentan administrar de forma exógena a este potente neurotransmisor. Cuando nadamos y liberamos serotonina, ésta nos ayuda a potenciar las emociones positivas, ayuda a aumentar la sensación de bienestar, ayuda a conciliar el sueño y la ingesta de alimentos. La relación es clara, cuando hacemos ejercicio liberamos más serotonina que cuando no lo hacemos.

La actividad física modifica el cerebro de los niños y, sin embargo, en los colegios y los institutos no se le presta prácticamente ninguna atención...

Eso ya lo sabían los griegos hace casi tres mil años, que afirmaban que el ejercicio mejoraba la memoria, la atención y la capacidad de aprendizaje. En la época de Aristóteles, los alumnos daban varias vueltas al aula para prepararse para las clases. Muchas investigaciones con niños en edad escolar relacionan la actividad física con la competencia académicas y constatan que mejora el aprendizaje, memoria y la capacidad de reunir información y planificar la toma de decisiones. En un metaanálisis de 50 estudios se constató claramente los beneficios de la práctica regular de ejercicio en relación al desarrollo de las distintas capacidades de los alumnos. En adolescentes, a través de electroencefalogramas, se ha demostrado una mejoría en la atención tras haber realizado ejercicio de forma regular solo durante 30 minutos al día.

En su conferencia, se refirió a la creación de nuevas células cerebrales gracias al deporte. Supongo que en casos como un ictus tiene una importancia vital...

En todo ictus hay daño cerebral. Habrá neuronas que se han degenerado, pero lo que se ha comprobado es que pueden aparecer nuevas neuronas y abrir vías nuevas. El cerebro es tan maravilloso que puede hacerlo. Está claro que todo va a depender del grado de afectación que tenga el cerebro, porque después de un ictus importante nunca vamos a recuperarnos del todo. Pero lo que no cabe duda es que puede haber una mejoría y, en muchos casos, también importante. Lo que la ciencia ha demostrado es que hay una formación de nuevas neuronas en el hipocampo, pero en el resto no se ha demostrado hasta hoy. Pero el avance de la ciencia nos va a dar respuestas en poco espacio de tiempo.


A menudo se comprueba que muchos atletas, profesionales o no, que machacan sus cuerpos, pero nos olvidamos del cerebro...

Someter el organismo a experiencias traumáticas no las puede recomendar nadie. Cuando tenemos 29 años tenemos unas capacidades diferentes a las que podamos tener a los 49 o a los 69. Hay unos estudios realizados en Estados Unidos a personas que corren maratones que muestran que han tenido lesiones isquémicas que pasan desapercibidas. También que tienen el corazón más envejecido que aquellos que corren con menos intensidad. A nivel cerebral, en Suecia han demostrado que el cerebro se atrofia casi un 20% durante una carrera como un maratón, es como si de desidratara y luego vuelve a su estado normal. Pero durante ese proceso se pierden neuronas y habrá que estudiar cómo ocurre. Por eso siempre hablo de los beneficios del ejercicio moderado, no extremo.

Usted incluso afirma que la actividad física puede modificar el ADN. ¿Puede explicarlo?

Los genes no son tan inmodificables como habíamos creído hasta ahora. Los genes se activan o se desactivan en función de la actividad física. Los grupos metilos se pueden regular o desregular en función de si hacemos o no una actividad física. Se ha visto en animales y también en el hombre que algunos genes con la facultad de manifestar o prevenir una enfermedad pueden ser reguladas. La actividad física tiene el potencial de hacer que el interior de nuestras células se regulen. Hay genes que son propensos, por ejemplo, a desarrollar Parkinson, pero se puede lograr a través de estas modificaciones gracias a la actividad física a que se desarrollen mucho más tarde o incluso a que no se desarrollen. Hay varios estudios en los que se constata sin lugar a dudas que el ejercicio disminuye el riesgo de cáncer como el de mama o el colorrectal, dos de los más corrientes en nuestra sociedad. Además, mejora la respuesta de nuestro organismo a los tratamientos oncológicos.

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