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Bilbao Athletic 20CD Tenerife
 

Deprimente final

Una derrota ante el desahuciado colista enfada a Martí por la actitud pasiva de muchos jugadores blanquiazules

05.06.2016 | 00:17

Nadie recordará el último partido de la temporada por el juego ni tan siquiera por los goles. Si acaso pasará a los anales de la historia por un dígito que ahora alimenta el casillero de derrotas y que impide al Tenerife optar al décimo puesto, exiguo botín de consolación que ayer estaba en litigio. Eso sí, en esta ocasión el epílogo trae un enfado mayúsculo –vean las declaraciones de Martí– y una imagen muy lamentable de algunos jugadores.

Pareció que el choque intrascendente ante el ya desahuciado Bilbao Athletic comenzara con buenos brios por parte del representativo. Se le vio con coraje y garra en los compases inaugurales, pero la aparente pujanza duró apenas unos minutos. Fue un espejismo y el Tenerife no tardó en diluirse ante el filial rojiblanco, que sí puso amor propio para cerrar el curso con buen resultado. Así lo confirmó un primer aviso de Villalibre, a cuyo disparo seco respondió bien Roberto, que se despedía.

A los de Martí les costaba entrar en acción y al entrenador mallorquín se le veía desesperarse junto a su banquillo. Más todavía tras un imperdonable error a balón parado que abrió el marcador y puso en ventaja a los locales. El centro se produjo desde la izquierda y el remate de Unai Bilbao, libre de vigilancia, se fue directo a la red. Lejos de mejorar, el representativo decayó con el paso de los minutos. No había ni rastro de evolución en el funcionamiento colectivo de los isleños y los jugadores en examen no pasaban del aprobado.

Martí había compuesto una alineación bien diferente a la de los partidos importantes. Tuvo en cuenta quiénes estaban apercibidos (por si se tuviesen que perder el primer encuentro del siguiente curso) e incluyó entre los titulares a algunos de los que se van, casos de Lara o del propio Roberto. Solo Jairo demostró ganas de agradar, si bien los servicios por su banda no trajeron el efecto esperado.

Llegó el partido al intermedio con el Tenerife por debajo en el marcador y la urgente necesidad de reaccionar. Pero no lo hizo. Y tal vez lo más penoso de la actuación blanquiazul de ayer fuera precisamente el arranque de la segunda mitad. Con los brazos caídos y las luces apagadas, la tropa de Martí firmó sus minutos más lamentables y estuvo a punto de abocarse a una indeseada debacle para cerrar la temporada. Primero llegó el 2-0 en una acción donde fallaron casi todos (Cámara, Jorge, Alberto?) y a continuación un claro penalti por manos de Saúl que el cántabro ni protestó.

Verse al borde de la goleada hizo despertar a los blanquiazules. Primero emergió el mejor Roberto para hacer gala de reflejos y detener la pena máxima. Y luego fue Martí el que hizo permutas para variar el guion. Lo consiguió a través de un muy activo Ale González, que dispuso de minutos para mostrar su valía y se encontró con una ocasión flagrante que falló por partida doble y en ambos casos por milímetros. Al Tenerife le quedó entonces Nano, su recurso de siempre. Y hasta por tres veces buscó el gol, que impidieron los palos y un inspiradísimo portero local. El pichichi quería más, pero el tanto se le resistió de todas las maneras.

La derrota, justa, empaña un final de temporada donde hubo margen para soñar y hasta para pensar con la promoción. Un borrón lamentable que molestó a todos pero sobre todo al entrenador. Ahora, las vacaciones. Y a proyectar un futuro mejor. El tinerfeñismo se lo merece.

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