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Adiós matemático

La derrota en Alcorcón dilapida las últimas opciones de soñar para un combativo Tenerife

26.05.2016 | 01:09
Aitor Sanz protege una pelota en un momento del encuentro de ayer. | acan

Ahora sí, se acabó. Las opciones reales del Tenerife por meterse en los puestos del play off de ascenso tal vez se esfumaran en los atropellos arbitrales y después en el naufragio de hace dos jornadas en Mallorca, pero fue ayer cuando las matemáticas dijeron basta de forma definitiva. Fue en una derrota extraña, inmerecida, fraguada en dos errores graves (aprovechados por David Rodríguez en la primera parte y Máyor en la segunda) y que dejan a cero las posibilidades numéricas del representativo. Desde anoche a las diez, ya ni la aritmética invita a la esperanza.

La derrota duele pero que el partido tuviera importancia ya es un detalle superlativo. Corrobora el esfuerzo del Tenerife, titánico, para estirar sus opciones hasta el final y dar la cara incluso ya cuando nadie le creía. Ni el más optimista apostaba ni un duro por sus opciones tras la derrota de Son Moix pero siguió exprimiéndolas al máximo el equipo de José Luis Martí. Como si estuviese de lleno metido en la puja por la promoción peleó ante el Valladolid –como si se la jugase la vida– y lo mismo hizo ayer en Alcorcón en una actuación notable. No halló premio, pero lo mereció de sobra.


La imagen

De esta temporada podrá discutirse cualquier cosa pero no la combatividad, incluso en los momentos anímicos más difíciles y comprometidos. Con vistas al futuro, es el actual entrenador una garantía de competitividad. Vistos algunos antecedentes, no es un asunto baladí. De hecho, demostró ambición el representativo también en la alineación, donde el técnico y Aitor acordaron forzar tras la lesión reciente del madrileño. De esta guisa no se vio privado el conjunto isleño del concurso de uno de sus hombres capitales –en Mallorca echó muchísimo de menos a Vitolo– y el resto de titularísimos también compareció a la cita. Entre ellos Dani y Lozano, por los que se apura hasta el final hasta que se vayan con sus selecciones.

La necesidad apretaba y salió el Tenerife a morder. No era examen fácil el duelo ante el Alcorcón, igualmente urgido de puntos ante el reto de remontar y asaltar la zona noble. Tal vez sin el renombre de otros aspirantes, a favor de los alfareros está su historial. Y es que pelean por su tercer play off desde la instauración de la promoción. Palabras mayores.

Buen comienzo

El partido empezó bien para los isleños, que se encontraban ante el reto de desplegar su apuesta por el juego combinativo en una caja de cerillas. Tan pequeño es el campo de Santo Domingo como difícil apostar por tocar y tocar en un estadio así. Lo hizo el Tenerife a ratos pero añadió a la fórmula un montón de balones en largo que Nano no aprovechó. Fue una pena que fallara justo la ocasión más clara, la acción posterior al 1-0 y que seguramente pudo cambiar el partido. Ahí estuvo la clave del acto inicial. Mientras los alfareros firmaron hicieron gala de efectividad, los blanquiazules no acertaron. Y eso que el tanto inaugural no les deshilachó. Había llegado en un córner tras un serio aviso de Toribio, que halló entonces a un Dani Hernández pletórico (14´). La jugada derivó en córner y una mala defensa condenó a los insulares.

Lo que vino después fue otro ejercicio de coraje del Tenerife. Hicieron todo los blanquiazules por reponerse del golpe y levantar la cabeza. Pero les costó horrores. A veces les pudo la precipitación (el deseo de marcar el segundo antes que el primero) y en otros, la fisonomía del rival, concebido para situaciones así, experto en conservar hasta la más mínima de las rentas. El caso es que les empató el Tenerife –con un magnífico tiro de Moutinho en la reanudación– y hasta le metieron al Alcorcón el miedo en el cuerpo.

La segunda mitad blanquiazul fue una auténtica demostración de poderío. Un meneo en toda regla. Criterio, vigor, determinación, mucho fútbol y más posesión del balón que el adversario. Tanto es así que por muchos momentos estuvo más próximo el 1-2 que el 2-1. Y lo tuvo a tiro Omar Perdomo, que marró una oportunidad flagrante para hacer diana en un disparo cruzado que se marchó fuera por muy poco. Antes, también un buen centro chut del grancanario había sido una advertencia de fuerza por parte de los visitantes.

Un momento definitivo

Cuando el partido estaba más para el Tenerife que para el Alcorcón significó un mazazo definitivo otro error en el área propia. No acertó a defender bien el representativo y sacó tajada Máyor –revulsivo amarillo en la segunda mitad– para poner Santo Domingo patas arriba. Fue un castigo cruel para un Tenerife que puso todo de su parte para vencer. También Martí, que había ajustado a tiempo los problemas de los primeros 45 minutos y acertó de lleno en la planificación de los segundos. El empate no valía, así que arriesgar era obligatorio.

Al Tenerife, ni un pero. Cero reproches. También cuando se quedó con diez por la expulsión rigurosa por roja directa de Carlos Ruiz, que se marchó a vestuarios maldiciendo su suerte. Y la del equipo entero. Poco más se puede hacer para ganar un partido a domicilio y la derrota es injusta, tal vez la que más, pero también definitiva.

Las opciones de soñar se desvanecen pero no este proyecto. Necesariamente hay que creer en este Tenerife de Martí. En su orgullo, en su personalidad y en su carácter. También en su condición de alquimista para transformar un final de temporada aparentemente intrascendente en un trepidante esprint por alcanzar a los de arriba. Faltó poco, tan poco que cuesta asimilar que se acabó. Ahora sí, hasta el año que viene.

Alcorcón 2
Dmitrovic, Nelson, Chema, Djene, Bellvís,
Campaña, Toribio, Razvan (Rey 54´), Óscar Plano, Natxo Insa (Máyor 46´) y David Rodríguez.

CD Tenerife 1
Dani Hernández, Cristian García (Cristo González 81´), Carlos Ruiz, Germán, Saúl (Jairo 81´), Vitolo, Aitor Sanz, Moutinho, Suso,
Nano y Lozano.

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