Baloncesto. Liga Endesa

Que el despertador no suene

El Iberostar Tenerife mantiene vivo el sueño de meterse en el ´play off´ tras doblegar al Obradoiro en un encuentro muy trabado hasta el descanso (28-25) y que se rompió cuando los laguneros lograron correr

12.05.2016 | 13:33
Que el despertador no suene
Salva Arco se dispone a lanzar ante la mirada de Vasileiadis (34) y Sekulic.

El Iberostar no se despierta de su particular sueño. Pese a que sus rivales directos (Bilbao y Murcia) saldaron la jornada con victoria y que sigue sin depender de sí mismo, el conjunto lagunero no quiso ayer dejar de creer en sus posibilidades para rubricar (metiéndose en el play off) un más que notable curso. Lo hizo con un triunfo de raza ante el Obradoiro. Una victoria sacrificada, fea por momentos, con grandes dosis de paciencia y recurriendo, ya en el tercer cuarto, a uno de sus sellos más reconocibles, la velocidad, para sacar del campo a un rival que previamente, cuando pudo meter en el lodo a los laguneros, mantuvo la igualdad en el electrónico.

Y es que después de una primera parte trabada y que difícilmente quedará en la mente de los canaristas, el cuadro de Txus Vidorreta supo meterle una marcha más al partido. Velocidad extra que imprimió el Iberostar gracias, por fin, a su superioridad en el rebote de su propio aro. Y es que los gallegos tardaron casi 17 minutos en hacerse con su primer rechace ofensivo, el único que capturaron en toda la primera mitad. Aunque los tinerfeños no lograron mantener tras el descanso esta excelente proporción, el daño fue mínimo para los locales, que construyeron un reconfortante triunfo desde su propia canasta.

Pero antes, los primeros compases ya estuvieron marcados por la espesura en los dos lados de la cancha. Por un parte el Iberostar trató de imprimir velocidad a la circulación, pero se topaba con las continuas ayudas de su rival, generosidad a la que los aurinegros respondieron con la chispa de Richotti y la picardía de Jones para desequilibrar a Maric. Mientras, el Obra se topó con una más que notable actividad atrás de los laguneros, que llevaron a los gallegos en varias ocasiones al límite de los 24 segundos de posesión. Entre esa constancia y la fiabilidad en el rebote defensivo, los de Vidorreta lograron que su oponente tardara más de cuatro minutos en estrenarse (7-2).

Con cada ataque convertido ya en un sufrimiento, el Iberostar, sin embargo, fue incapaz de darle continuidad a la ventaja labrada en los minutos iniciales. Principalmente porque a cada acción positiva –a cuentagotas– de los aurinegros, respondían los santiagueses. Y prácticamente siempre desde el perímetro, toda vez que la congestión dentro de las zonas (por las recuperaciones defensivas de los locales, y por los centímetros de los foráneos) era máxima. De nada sirvieron las intentonas de Sekulic por hundir bajo la canasta un par de veces a Triguero, toda vez que el aro se empeñó en escupir sendas bolas que ya parecían estar dentro. Con el recurso del perímetro casi como única vía de escape el conjunto tinerfeño amagó con una miniescapada con los triples de White y Hanley (15-10), pero el Obra respondió también desde el 6,75 con Caloiaro, y Vasileiadis (20-19, 12´), que lejos de la forma que le llevó a brillar hace poco en la ACB, conserva una mano decisiva en situaciones tan atascadas como la de ayer.

En parte incómodo ante el baloncesto de correa corta que había sobre la pista, y también como frustrado por no ver recompensado todo el esfuerzo realizado en los minutos anteriores, el Iberostar pareció entrar en colapso, y estuvo cinco minutos sin ver aro. Medio cuarto que en una situación normal hubiera supuesto un momento crítico, pero que en medio del fango (y también de la solidez aurinegra en su rebote) solo supuso un 0-7 (20-23). Insatisfecho por lo que veía en pista, Vidorreta cambió casi de golpe a todo su quinteto. Revolución que dio sus frutos y que estuvo liderada por Gagic, cuyo juego aguerrido venía como anillo al dedo a un partido trabado como el de ayer. Entre un par de faltas provocadas, otros dos rebotes que no dejó escapar bajo su aro y una asistencia a Jones, el serbio fue el responsable principal para invertir el signo del marcador (28-25). Pecata minuta para 20 minutos tácticamente para olvidar.

Más bien poco pareció cambiar el esperpéntico panorama baloncestístico en los compases iniciales de la segunda mitad. Pérdidas absurdas, tiros liberados errados, y desajustes defensivos que permitieron tirar cómodo a Bandzius, parecieron castigar al Iberostar (28-28), que en medio de otro trance logró sacar rédito, por fin, a su eficacia para cerrar su propio aro. Y es que los laguneros empezaron a correr como no lo habían hecho antes. Bien en contragolpes sin oposición (Richotti y mate de Gagic), o aún con la defensa santiaguesa a medio colocar (dos triples de San Miguel), el conjunto tinerfeño dio, con un 8-0, un estirón sin precedentes en el choque (40-31, 25´).

El Iberostar tenía en su mano romper el partido, pero entre que erró sus dos siguientes ataques, volvió a regalar alguna que otra bola y no terminó de sacar jugo de la superioridad de Sekulic en el poste bajo, no pudo. Ingredientes para que el Obradoiro, pese a un pequeño intercambio de canastas, volviera a pelear de lleno por el triunfo tras un triple de Pozas (46-43, 31´). Ahí, lejos de ser presa de los nervios por ver, nuevamente, como todo su trabajo previo se le iba por la borda, el cuadro lagunero mantuvo la calma, apretó los dientes detrás y recurrió al colectivo para sumar delante. Así, entre sendas penetraciones de Nico y San Miguel, un triple a la carrera a Abromaitis y un balón que atinó a levantar, a trancas y barrancas, Gagic, obró un 9-0 que, ahora sí, dejaba el duelo casi visto para sentencia (55-43, 34´).

Estocada definitiva para un Obradoiro que parecía ya entregado y resignado a dejar para el domingo en Andorra los deberes de la salvación matemática. Minutos que prácticamente sobraron, especialmente para Richotti, que acabó lesionado –puede que de gravedad– en su hombro derecho. Momentos ya residuales que aprovechó a la perfección Abromaitis para reencontrarse consigo mismo tras una puesta en escena para olvidar y terminar de sentenciar, con 15 puntos en el último cuarto, un duelo que, a expensas de la visita en tres días del Bilbao, deja un buen sabor de boca en la grada y, lo más importante, mantiene vivo el sueño de acabar entre los ocho primeros. Que el despertador del play off no suene todavía.

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