Balonmano

El premio al sacrificio

La jugadora tejinera María González se recupera antes del tiempo previsto de una grave lesión en su mano derecha para ayudar al Rocasa Remudas a conquistar la EHF Challenge Cup

10.05.2016 | 16:11
María González posa con la medalla y el trofeo de la EHF Challenge Cup ganado el sábado.

La Copa EHF Challenge que este sábado pasado conquistó el Rocasa Remudas también tiene un trocito tinerfeño, el de María González, una tejinera que tras casi una década en el club grancanario ha sido protagonista activa del crecimiento y explosión -a nivel nacional y europeo- de un equipo humilde, enclavado en un pequeño barrio de Telde (Gran Canaria). Para la central el título del fin de semana tiene, si cabe, un sabor más especial que para el resto de pupilas de Paco Santana. Y es que el 20 de febrero la tinerfeña se fracturaba dos metacarpianos de su mano derecha, una lesión que le obligaba a pasar por el quirófano y que prácticamente la despedía de este curso 2015/16.

María se iba a perder la Copa de la Reina, el tramo decisivo de la liga de División de Honor y tampoco iba a poder ayudar a su equipo en llegar lo más lejos posible en la EHF Challenge Cup, una cita que arrancó como una ilusión y que acabó convirtiéndose en objetivo real. Pero lejos de rendirse, y haciendo gala en el día a día de la garra y el coraje que siempre ha demostrado dentro de la pista, la tinerfeña apretó los dientes para regresar algunas semanas antes de lo previsto. Aún lejos de su mejor forma "y sin arriesgar demasiado" según reconoce, pero a tiempo para ayudar y, sobre todo, para disfrutar en primera persona el éxito de las teldenses. Una guinda a un pastel cocinado a fuego lento y del que ella ha sido una de sus principales hacedoras. "Trabajamos lo posible entre todos, desde los rehabilitadores, los técnicos y las compañeras para estar de vuelta lo antes posible. Sentarme en el banquillo ya era un milagro, entrar en la pista otro? y encima el sábado tuve la suerte de jugar y anotar un gol", comenta María, todavía en una nube, sobre la final que midió al Rocasa contra el Kastamonu.

Atrás han quedado para María más dos meses de sufrimiento, de desconsuelo y de impotencia. Casi 10 semanas fuera de la competición. Mucho menos que el tiempo que en su día, cuando apenas había aterrizado en Las Remudas, tuvo que parar por culpa de sendas roturas del ligamento cruzado de sus dos rodillas. Contratiempos físicos, los pasados y el más reciente, que han marcado casi por igual a la deportista tinerfeña. "Esta lesión ha sido bastante dura por el momento deportivo en el que llegó, cuando vivía cosas que no eran imaginables años atrás", admite María, que "en un principio, en el momento de la lesión", no pensó que la gravedad fuera tanta. "Ya el lunes, cuando me dijeron que había que operar, se me vino el mundo encima. Las lesiones tocan y no puedes hacer nada contra ellas, pero cuando estás disfrutando de cosas tan bonitas y dentro de un gran grupo como este, y en el momento más importante de la competición, te fastidia más", reconoce la tejinera con resignación, y hasta con cierto sentido de culpabilidad por no poder ayudar en la rotación. "No he podido estar antes", señala. Lo hace, en cierta forma, por no poder borrar de su memoria la imagen "de cansancio que se vio reflejada en el equipo durante la Copa de la Reina".

Ahora, superado el trago más amargo, María recuerda que desde el mismo momento que pasó por el quirófano su único pensamiento era volver a jugar. "Me pelee con la traumatóloga porque me hablaban de tres meses, y yo quería estar en mes y medio; al final a los dos empecé a entrenar con el equipo", cuenta de una recuperación que la llevó a reaparecer el 27 abril contra el Zuazo (dos goles). "Solo un día después de darme el alta", apunta González, sabedora de que aún le queda un largo camino por delante para volver a ser la de antes. "Puedo entrenar, coger balón, atacar, defender? Pero sigo en rehabilitación porque la movilidad de la mano no es completa", explica la tinerfeña. Su idea, jugar las cuatro jornadas ligueras que restan "e intentar luchar por el título", pero siendo consciente de que no debe hipotecar su futuro más próximo. "Me tienen que volver a abrir la mano para quitarme los tornillos y la placa, y por eso quizá ya tenga la mente en el próximo año. Debo andar con pies de plomo", añade al respecto.

Pero más allá del esfuerzo realizado para volver a la canchas, María disfruta estas últimas horas de un triunfo "inesperado", sobre todo cuando echa la vista atrás y recuerda aquella joven de apenas 20 años que fichaba en el Remudas. "Vine con un sueño, que era jugar en División de Honor, formar parte del mejor equipo de Canarias. Mi ilusión era entrenar con la primera plantilla y poder jugar algún día", recuerda sobre lo ocurrido hace casi una década. Ahora, cerca de la treintena, la central afirma con rotundidad que el del sábado, sin olvidarse de la Copa de la Reina de hace dos años, "es el mayor éxito" de su carrera, aunque admite igualmente que el valor de este logro "solo se asimilará con el tiempo". "Lo que estamos consiguiendo es casi un milagro; y vivir la ilusión que genera un deporte femenino es casi un sueño", añade. Un sueño que María ha convertido en realidad.

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