Fútbol

El árbitro al que hicieron el pasillo

Los jugadores de Las Zocas y Lanzarote rinden homenaje a Ariel Jorge González Sicilia, que pone fin a una trayectoria de 15 años en el arbitraje

09.05.2016 | 13:48
El árbitro al que hicieron el pasillo

Por infrecuente, el hecho alcanzó una repercusión extraordinaria. Un árbitro, ovacionado al acabar un partido. El mismo árbitro, recibido por un pasillo hecho por sus propios asistentes y los jugadores como si de un campeón se tratara. En realidad, en lo suyo lo es. La trayectoria de Ariel Jorge González Sicilia, un auténtico clásico de los campos de Tercera, llega a su fin porque ha decidido colgar el silbato. Y ése fue el motivo de tan singular reconocimiento. "Algo que todavía me emociona", admite.

"Salí ovacionado, aplaudido y abrazado", relata el árbitro, quien no se lo esperaba. "Muchas veces he salido de ese campo y de otros en condiciones muy diferentes, así que imagínate lo que para mí significa lo que sucedió el domingo", apunta, 15 años después de su primer día. "Fue un detallazo que tuvieran en cuenta que lo dejo, que hasta aquí he llegado", indica, si bien su carrera no ha acabado del todo. "Ahora me dedicaré a la base, a dirigir partidos de niños", aduce este auténtico enamorado del deporte. Y especialmente del arbitraje.

Sicilia, que así le conocen, se inició "cuando todavía estaba en el instituto". "Quería pagarme la carrera de algún modo y cuando empecé, pitar partidos me enganchó. Esto del arbitraje tienes que vivirlo para entenderlo. Y del 95 por ciento de partidos sales contento, ésa es la verdad", señala. Su testimonio destierra la tesis de que ésta sea una profesión ingrata. "He tenido la suerte de no recibir nunca ninguna agresión; a lo mejor si hubiese tenido incidentes desagradables, entonces lo vería de otra forma", reseña.

Según dice, el fútbol ha cambiado y el comportamiento de los aficionados, también. "Ahora los excesos verbales son minoría. En los tiempos que corren la gente es civilizada, salvo uno o dos que calientan e incitan al resto", subraya el colegiado isleño, que empezó en el arbitraje "cuando aún se pagaba en pesetas". Lo que sí extraña es "el ambiente que antes había en los campos de Tercera, cuando raro era el partido donde no había 400 ó 500 espectadores".

Con fama de buen árbitro porque deja jugar "aunque hay que aplicar el reglamento con total precisión", Sicilia no llegó más alto porque siempre tuvo claras sus prioridades. Dio al arbitraje la importancia que tiene, pero sin descuidar su profesión de profesor, su carrera de ingeniero agrícola y su empresa de jardinería.

De sus tres lustros en los campos de fútbol, guardará para siempre un larguísimo catálogo de anécdotas y un sinfín de amistades. "Llegué a ser asistente en Segunda B, más de 50 veces y en algunas ocasiones en campos históricos", dice. Aunque la historia que más veces cuenta es que en cierta ocasión un futbolista le pidió "que corriera menos" para no dejarle en evidencia ante su entrenador. "Es que yo siempre he procurado estar en forma", bromea.

"Cuando la lías, lo sabes"

De la mayoría de partidos salió feliz. "Cuando la lías, lo sabes, te das cuenta", indica Sicilia, que cita los derbis Tenisca-Mensajero o el de filiales, entre Tenerife B y Las Palmas Atlético, como los más especiales. "Una vez en un partido así me felicitaron los capitanes y entrenadores de ambos equipos". Y presume de que nunca se confundió aposta. "Jamás me inventé nada, aunque sí es posible que dejara de pitar faltas o penaltis por no verlos", afirma. Para él, lo más difícil es ver las manos o intuir los engaños. "Antes no había tanta simulación. El jugador ve por televisión que lo hacen sus ídolos y entonces teatraliza más; en césped artificial te aseguro que se piden más penaltis que en tierra, donde casi nadie se tiraba", recuerda.

Como árbitro que es, no oculta que muchas veces se les critica de manera injusta. "Nosotros aplicamos el reglamento, otra cosa es que sea justo que esté penado lo mismo una falta que provoca una lesión que una simple protesta", consigna. Para acabar, un mensaje optimista. "A los que se plantean empezar, que prueben. Y si les gusta, que sigan. Si no, que lo dejen. Es el arbitraje un oficio absolutamente vocacional. Y yo, lo he disfrutado".

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