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El sueño sigue vivo

El Tenerife arranca un valioso punto del feudo del Córdoba, que le respetó en exceso en la primera mitad y le atacó con saña en la segund (0-0)

25.04.2016 | 13:56
El sueño sigue vivo

El Tenerife salió vivo ayer de uno de los exámenes más potentes y uno de los escenarios más difíciles que le quedaban por visitar. Un Córdoba bien organizado, con dinamita arriba y la urgencia de vencer tras seis fracasos consecutivos en su estadio era un rival tan fiero que el empate se da por bueno. Más todavía porque las ocasiones más claras –alguna clamorosa– fueron todas locales, especialmente las del final trepidante de una segunda mitad que estuvo a punto de quebrar la racha blanquiazul. En total, son ya diez las jornadas consecutivas sin derrotas y el ritmo de puntos invita a soñar. Ahora bien, la zona noble sigue a tres puntos.


Visto el desarrollo de los 90 minutos, el empate es justo botín para los méritos de ambos equipos. Pero también es cierto que el Tenerife pudo ganar y se lo impidieron. Concretamente Pérez Pallás, árbitro del envite, que anuló –para sorpresa de todos– un gol legal a los insulares en el último suspiro del primer acto. El lanzamiento fue de Javi Lara y el duelo a dos Lozano-Razak acabó con el balón en la red, introducido en su arco por el guardameta ghanés. Aún no se sabe bién qué pitó el colegiado. Si falta, si fuera de juego... El caso es que no hubo nada punible y el tanto debió subir al marcador.

Antes, el cuadro visitante había sido netamente mejor que su contrincante. Manejó el cuero el Tenerife por más tiempo y tuvo mayor empaque durante toda la primera parte. El caso es que lo hizo sin veneno, menos certero y chispeante que en ocasiones pretéritas. De paso, superó el examen que suponían las bajas capitales de Cámara y Dani, la titularidad recién estrenada de Roberto bajo palos y la presión de manejarse en las alturas, el nuevo hábitat liguero del representativo.

El curso de las jornadas demuestra una creciente fiabilidad defensiva del Tenerife -aunque ayer sufriera horrores en el último esprint del partido- y una dificultad severa de los blanquiazules para anotar. Está en barbecho el Choco Lozano –diez semanas sin gol– y Nano comparece cada día más vigilado por los rivales.

Ayer el Córdoba respetó tanto a los de Martí que impacientó a su propio graderío. Le esperó atrás, conservador en el planteamiento pero ordenado en su ejecución. Y así ocurrió que mientras exasperó a sus propios fieles, desconcertó al representativo. Así, el cuadro canario sufrió lo indecible para desenredar la telaraña blanquiverde, siempre bien poblada. De hecho, tras el gol anulado ya nunca más lo consiguió.
Tras un primer acto sin porterías, la segunda mitad sí fue más trepidante. Se destaparon ambos equipos, sobre todo el Córdoba, que avanzó lo suficiente como para inquietar con frecuencia a Roberto, que estrenaba galones. Cumplió el icodense incluso en los momentos más espinosos, con el rival desatado y las ocasiones sucediéndose, una tras otra. La más clara la desbarató Carlos Ruiz en la misma línea de gol, a cinco del final tras tiro de Ríos. Pero aún hubo otra, de Andone, que inexplicablemente chutó a las nubes cuando tenía el gol a tiro.

Los blanquiazules no mejoraron esta vez con los cambios (Moutinho, Cristo y Omar Perdomo) y sufrieron tanto como en Vitoria, donde también vivieron al límite de la derrota. Cada semana cuesta más arrancar los puntos a domicilio y sumar de uno en uno no vale para asaltar la sexta plaza. Sí para seguir soñando y confirmar que los isleños van por la buena senda. Sus números son relucientes, pero el golpe definitivo aún se resiste.

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