Un campeón forjado en el fútbol

Cristian Rodríguez, el primer aronero en lograr un cinturón nacional de boxeo, llegó al deporte de las 16 cuerdas tras dejar el Marino, en el que apuntaba maneras como interior

25.04.2016 | 14:00
Un combate trepidante.

El fútbol perdió un buen interior pero el boxeo ganó a un campeón de España. Es la historia de Cristian Rodríguez, dueño del cinturón nacional del supergallo desde hace dos semanas, momento en el que coronó con una actuación pluscuamperfecta su combate contra el presunto favorito, el madrileño y anfitrión Ardi Rodríguez. Las apuestas daban por segura la victoria local pero el de Arona se proclamó vencedor sin discusión. Por KO.

"Empecé con 16 años. Dejé el Marino, donde jugaba al fútbol, y empecé a dedicarme al boxeo. Una vez te subes al ring, ya no quieres parar", cuenta el fajador tinerfeño, quien recuerda que "jugaba como interior" pero pronto se dio cuenta de que su especialidad era otra. "Lo mío era dar golpes... y así hasta hoy", indica.

Su fama de excelso boxeador le ha granjeado la admiración de rivales y especialistas hasta el punto de que se considera su pelea por el entorchado español una de las mejores y más trepidantes que se han producido en el marco de un campeonato nacional. No obstante, es difícíl que le dé para vivir solo del boxeo. "En estos tiempos que corren, es casi imposible", lamenta.

Así que la vida de Cristian no pivota solo sobre las 16 cuerdas del ring, que son su pasión. El púgil canario compagina su rutina diaria de entrenamientos con su vida laboral. Y de este modo, no hay pausa en las 24 horas de cada uno de sus días. "Me levanto a las cuatro de la mañana para correr, luego voy al hotel Villa Cortés, donde trabajo, y siempre necesito dormir al menos una hora para poder entrenar por las tardes", apunta.

"Puede llegar hasta donde él quiera", apunta su mánager, Aitor Montelongo, quien revela que se está complicando la tarea de buscarle rivales para nuevas veladas. Nadie quiere cruzarse en su camino. Y eso que está dispuesto a la defensa de su título a corto plazo, con toda seguridad en Tenerife. Podría darse el caso de que fuese en el Antonio Domínguez, donde hizo sus pinitos como futbolista, pero lo más probable es que sea al lado, en el pabellón Domínguez Grillo.

Los goles de Cristian son ahora los golpes a sus adversarios, que ya le temen. "Él vino al boxeo para quedarse, no para hacer cuatro combates e irse", apunta su hombre de confianza. Mientras, Rodríguez saborea el momento más feliz de su carrera. "Conectar el golpe definitivo fue uno de los instantes más importantes de mi vida como púgil. No me lo podía creer, mucho menos acabar así el combate, con un crochet de izquierda. Es que fue un orgullo tener una actuación así en una pelea por el título de España".

Cuando le cuentan que las casas de apuestas no daban ni un duro por él, bromea y asegura que él sí estaba convencido de ganar. No tenía ni medida duda, apunta. "Yo no sabía que se pagaba por mí cinco veces lo apostado; si no, habría metido dinero ahí. Mínimo, 100 euros", ironiza. "Te aseguro queíbamos convencidos de que ganaríamos, los rivales que habríamos tenido las semanas anteriores habían sido muy duros y la preparación que hicimos, muy exigente".

"Fueron en total nueve semanas de entrenamientos, muy sacrificadas, sobre todo porque me rompí una costilla. Se lo oculté a todos, incluso a mi mánager, por si acaso se enteraba el rival y optaba por pegarme ahí", revela. "Luego el combate salió como habíamos planteado, salvo la caída en el cuarto asalto. Yo estaba con muy buenas sensaciones. Llegaba a la esquina y solo le pedía a mi entrenador que no me volviera loco ni me pusiera nervioso. El rival no me hizo daño en ningún momento, todo lo contrario. Sabía que ganaría", resume.

"Conecté muchos golpes y él resistió porque el árbitro se puso a limpiar el suelo, él a amarrarse las ligas; querían perder tiempo y salvarle como fuera. Se iba tambaleando y yo veía el KO cerca, pero no llegó hasta el último asalto. Pero en la cabeza tenía seguro que ganaría incluso si el combate se dilucidaba a los puntos". Con la misma seguridad sabe por quién y para quién va este triunfo superlativo. "Es una locura cómo se ha portado conmigo la gente del sur y les agradezco todo su apoyo. Con ellos, al fin del mundo". Y lo dice alguien que no tiene límites.

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