Inés, un monumento al entusiasmo

La realejera de 53 años busca acabar el ´Iron Man´ de Lanzarote por séptima vez

18.04.2016 | 02:00
La triatleta de largas distancias Inés Hernández, en plena competición.

Inés Hernández (53 años) se come el mundo a bocados. A cada palabra, un mordisco de optimismo; a cada mensaje, un arrebato de pasión. Seis iron man acabados contemplan a esta mujer de acero, que va a por el séptimo y no para. "Quiero seguir cumpliendo años", afirma esta realejera incombustible, que presume de edad en vez de esconderla. A diferencia de lo que ocurre a otras mujeres de su generación, en su caso es la fecha de nacimiento un motivo de orgullo, no un dato que disimular.

La historia de Inés es un ejemplo para los demás, un analgésico para las dificultades, un remedio para el desánimo. Hace siete años apenas sabía nadar y ahora hace el segmento acuático del Iron Man (3,8 kilómetros) en un abrir y cerrar de ojos. El resto de la titánica prueba tampoco es ninguna broma. Otros 180 a bicicleta y 42 a pie, distancia solo al alcance de los elegidos. "Me levanto todos los días con ganas de entrenar y de mejorar; la cuestión es superarte a ti mismo", remarca cuando se le preguntan por las claves de su éxito.

Su caso es único. "En mi categoría hay muchísimas mujeres pero no hay más españolas. Ojalá que hubiera más, pero de momento no hay ninguna. De hecho, en mi categoría he sido siempre la única canaria", cuenta esta deportista imponente, una mujer que puede con todo. "Y eso que Lanzarote es muy duro", apunta. Va a por su séptima vez y aún se acuerda de la primera. "Me sentía y me notaba con fuerzas para correr más rápido, pero me fui dosificando porque la prueba me daba respeto. Finalmente la acabé y me sentí la persona más feliz del mundo. Durante todo el trayecto iba con el mismo pensamiento: voy a llegar a meta, voy a llegar a meta... y llegué".

Inés transmite vitalidad por todos los poros de la piel. "Es por el deporte", responde esta atleta que se levanta a las cinco de la mañana –sin faltar ni un día–para ir a nadar. "Eso te ayuda en todo: te sube la autoestima, te sientes pletórica, vas con más energía al trabajo y hasta mejoras en las relaciones personales", indica. Su amor incondicional por los triatlones de larga distancia se produjo en 2010. Fue como un flechazo.

"Hasta entonces corría, iba al gimnasio y jugaba al tenis. Pero me plantearon este reto y no me lo pensé. El problema es que no sabía nadar", revela. Entonces fue a aprender –con un amigo de su hija– y el profesor no dio crédito cuando Inés le contó cuál era su extraordinaria aspiración. Llegar a su primer gran Iron Man y acabarlo. "Todos los días a las siete de la mañana ahí estaba, lista y dispuesta. Me costó horrores, pero lo conseguí. Yo le decía: enséñame, que quero acabar la prueba. Creo que nunca creyó que lo lograría".

El día a día de Inés es un extraordinario ejemplo de organización. "No es fácil conciliar la vida deportiva con la laboral y familiar, pero todo es cuestión de querer, de proponértelo. ¿Que un día no puedes ir a correr a las siete? Pues te levantas a las cinco". Según dice, "cualquier persona puede". El secreto, revela su testimonio, está en la pasión. "El deporte es una droga fantástica; evitas lesiones, problemas... Casi toda la gente de mi edad se queja por un montón de cosas. Y yo les aconsejo: pues empieza a entrenar".

A sus 53 recién cumplidos, Inésno pierde la energía. Más bien al contrario, renueva sus retos y se fija nuevos desafíos. El que tiene entre ceja y ceja es el Iron Man del mes de mayo. "Será especial porque se cumple el 25 aniversario de la prueba, pero yo tengo más motivos para hacerlo bien", cuenta. Uno de ellos tiene nombre propio, el de su entrenador personal, Fran Santana. "Quiero ver los resultados del trabajo que estoy haciendo con él en Be Functional. Es un profesional fantástico, de los mejores, un tipo sensacional. Voy a verle entre tres y cuatro veces por semana. Es que si no vas a un gimnasio a acondicionar tus músculos, no tienes nada que hacer. Ahí es donde cojo la fuerza para ir a correr, nadar y avanzar en bicicleta. He mejorado una barbaridad", apunta.

"Es que el alimento del músculo es la condición física", repite Inés, que hasta tiene patrocinadores. Una tienda –Tripasión, de Lanzarote– le ha regalado una bicicleta japonesa para que llegue más lejos de lo que nunca imaginó. Y es que Inés ya vislumbra la posibilidad de clasificarse para el Mundial de Hawai, un olimpo solo para unos pocos. Para ello necesitará un buen puesto en su categoría en Lanzarote, posiblemente el primero. Vista la fuerza de sus palabras, solo parece cuestión de tiempo que lleve a la realidad sus deportivos sueños. "Tengo más alegría y ganas que nunca", completa.

Para Inés, no hay límites que valgan. "Lo único que temo del paso de los años es que la edad me impida seguir haciendo deporte". Su mensaje es un monumento a la constancia, a la perseverancia, a la fe en sí misma, al entusiasmo y la pasión por las cosas bien hechas. Le espera Lanzarote por séptima vez, luego tal vez Hawai pero sobre todo el aplauso de los suyos. La admiración que despierta en los demás es, sin duda, su mayor y más brillante recompensa. El éxito cotidiano de la mujer de acero.

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