Baloncesto. Liga Endesa

Escala silenciosa en la Isla

Ilimane Diop, una de las grandes promesas del Baskonia, vivió en Tenerife, a lo largo de un año y casi en el anonimato,
su primera experiencia en Europa

01.04.2016 | 00:05
Ilimane Diop celebra una canasta del Baskonia en un partido de esta temporada.

Ioannis Bourousis, Darius Adams, Fabien Causeur y Adam Hanga son algunos de los nombres propios del Laboral Kutxa. Los que mediáticamente brillan por encima del resto. Pero para entender la gran temporada que se viene marcando el rival del Iberostar Tenerife este próximo domingo hay que mirar más allá. Es necesario valorar una labor de conjunto en la que también aportan, por ejemplo, los hermanos senegaleses Diop, Mamadou e Ilimane. El segundo, pese a sus escasos 20 años, es vital en la rotación de Velimir Perasovic, ya que sus 2,10 metros de altura le permiten ayudar cerca de canasta. Ambos vuelven este fin de semana a la Isla a la que llegaron como plataforma para darse a conocer en Europa. Los dos lograron su propósito, pero por diferentes caminos.

Hace casi 10 años Mor, un senegalés afincado en Los Cristianos, le hablaba maravillas, una y otra vez, a su compatriota Oumar Sow sobre sus dos hijos, especialmente del mayor, Mamadou. Su deseo, poderlos traer a Tenerife como trampolín hacia el Viejo Continente para que exhibieran sus cualidades baloncestísticas. "Era como otros tantos padres que se dirigían a mí, y la verdad que al principio el chico no me llamó la atención, porque buscábamos jugadores más grandes y más hechos", reconocía Sow, llegado a la Isla en 1994, "en principio solo de vacaciones y por un mes", jugador luego del Arona Basket Sur y reconvertido posteriormente a ojeador. Un detector de posibles talentos que ejercía como puente en el reclutamiento de jóvenes promesas senegalesas para el proyecto encabezado por Eloy García Santamaría. Pese a la negativa inicial, Mor siguió insistiendo y Oumar volvió de nuevo a Senegal para comprobar si Mamadou realmente había evolucionado como le decía machaconamente su padre. "Sí, en un par de meses mejoró, ya estaba en dos metros, penetraba bien y tiraba decentemente, y decidimos traerlo", explica.

Así es como llegó a la Isla en 2008 Mamadou Diop, un alero de la generación del 93 que dio sus primeros pasos en el basket español en el CB Villa de Adeje, la continuación de aquel brillante Arona Basket Sur. Allí, tal y como había hecho previamente su progenitor, Mamadou empezó a nombrarle a Sow sobre su hermano pequeño, Ilimane, un espigado adolescente de 2,05 metros nacido en 1995. Y Oumar volvió a poner rumbo a Senegal. "En ese momento estaba estudiando y casi no jugaba al baloncesto. Incluso al preguntarle si se quería venir a Arona a él no le hizo mucha gracia la idea", recuerda Sow, cuyo olfato y, sobre todo insistencia, le permitieron salirse finalmente con la suya: "Al ser de padres separados y estar ya Mamadou en Tenerife, la madre quería que al menos Ilimane se quedara allí. Estuve seis meses detrás de ella hasta que logré convencerla".

Solo entrenamientos

Pero al contrario que Mamadou, Ilimane pasó casi desapercibido en la Isla. "Mucha gente no me conoce en Tenerife porque durante ese tiempo solo me dediqué a entrenar, a estudiar, a arreglar mis papeles y a aprender español", recordaba ayer el propio jugador. Fue casi un año en el anonimato más absoluto. Un día a día en silencio que arrancaba, antes de ir a clase, "a las siete de la mañana en el pabellón de Los Cristianos" para intentar empezar a pulir sus defectos y dar lustre a sus virtudes. "El primero que trabajó con él fue Paco Santamaría, al que yo ayudé en lo que pude. Ya luego estuvo entrenando con Eneko Mata, Jon Laso [hermano de Pablo, el actual entrenador del Real Madrid] y algunos técnicos más", rememora Sow. "Todos ellos me ayudaron mucho. Es una isla bonita en la que pasé muy buenos momentos, pero también otros difíciles por lo que suponía el cambio de país, aún así estoy muy contento por haber tomado esa decisión", añade el menor de los Diop, para el que la presencia en la Isla "de Mamadou fue determinante". "Él me contó como eran las cosas allí y las opciones que podía tener si me iba", comenta igualmente Ilimane, que aún conserva "amigos" y a su "padre en Adeje", más allá de la estrecha relación que mantiene con su mentor.
"A Ilimane no le costó mucho adaptarse; era un muy buen estudiante, muy responsable, no se metió nunca en líos, y en unos meses empezó a hablar español", rememora Oumar, que ha seguido muy de cerca la evolución de su compatriota. "En numerosas ocasiones el jugador africano, cuando firma un contrato, ya se piensa que es millonario. Muchos cambian de mentalidad, se van de marcha todos los días, y no controlan el dinero que tienen; pero Ilimane sigue siendo el mismo chico del primer día. Solo puedo decir cosas buenas de él", comenta "enormemente orgulloso" Sow sobre el progreso del ahora profesional baskonista, al que considera "casi como un hijo". Una "responsabilidad" en la que "mucho tiene que ver también su actual agente, Arturo Ortega". "En todo este tiempo no hemos tenido una sola queja de nadie sobre él", añade la persona que lo trajo a España.

Esculpido por Iriarte

En apenas 12 meses, y pese a no poder mostrarse en el escaparate que supone jugar en una competición federada, tal fue el crecimiento de Ilimane que su nombre ya estaba marcado en rojo en la agenda de varios equipos españoles de primer nivel. De hecho, llegó a viajar para probar en el Real Madrid, pero "acabó decidiéndose por irse en el verano de 2010 a Vitoria", donde ya había dado el salto su hermano Mamadou. Allí, en suelo vasco, se fue formando poco a poco en el cadete y en el júnior baskonista, e incluso daría el salto a conjuntos de la zona de LEB Plata y EBA. Todo bajo la atenta mirada de Iñaki Iriarte, exentrenador del Tenerife Canarias a mediados de los 90 y que desde hace más de una década se esmera en corregir detalles a las perlas azulgranas, caso de Tiago Splitter, Mirza Teletovic y Tibor Pleiss. "Quizá ya no entrenemos tanto con él, pero hasta la temporada pasada lo hacíamos tres veces en semana. Me ha ayudado bastante, es un buen tío del que se puede aprender mucho", reconocía ayer mismo el menor de los Diop.

Ahora, a sus 20 años, y metido de lleno en la dinámica del primer equipo baskonista (promedia más de 13 minutos en la Liga Endesa), ese esfuerzo extra empieza a dar sus frutos. "Es un chico muy trabajador, siempre muy concentrado y que capta bien las cosas. Mientras está entrenando nunca lo verás vacilar ni quejarse; siempre intenta dar lo máximo posible e incluso, en vacaciones, descansa menos días de los que tiene", apunta Sow sobre Ilimane, al que igualmente califica como "el jugador con más carácter de todos" los que se ha traído en estos años desde Senegal. "Quizá físicamente parezca ser poca cosa, pero se pega con todo el mundo", añade. Una forma de ser que corrobora el propio Diop. "Cuando salí de mi país no pensé que podía llegar hasta aquí, y la verdad que ha sido todo algo rápido. Pero nunca sabes lo que la vida te va a poner delante por lo que debes aprovechar las oportunidades que se te presentan", explica el propio interior baskonista. "Mi sueño ahora es el de todo jugador, progresar cada día y llegar lo más arriba posible", añade. El de Ilimane es un denominador común de la mayoría, pero su talante y forma de ser le hacen diferente al resto.

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