La vida sobre una tabla

Alexandra Rinder, de padre austriaco y madre alemana, ya ha ganado dos veces el Mundial de bodyboard bajo la bandera canaria

29.03.2016 | 16:16
La vida sobre una tabla

Su nombre y apellido (Alexandra Rinder) son genuinamente centroeuropeos pero su acento isleño la delata. La mejor deportista tinerfeña del año pasado –reconocimiento que le brindó la Asociación de la Prensa Deportiva– late y siente en canario. Así lo demostró cuando se proclamó campeona mundial de bodyboard y no dudó en posar ante las cámaras de todo el planeta con la bandera tricolor. "Mi madre es alemana y mi padre esaustríaco, pero me crié aquí y estoy muy orgullosa de representar a las Islas", apunta este auténtico portento que gobierna el mundo sobre una tabla.

"Mucha gente no se cree que tenga 17 años", apunta. Su madurez abruma, así como su caracter competitivo, su fe en sí misma, su discurso firme como su trazado pluscuamperfecto sobre las olas. Su matrimonio con el agua empezó a los ocho años. "Yo estaba en atletismo. Un día, mi hermano Oliver me cogió de la mano, me dio un boogie y me llevó al agua en Adeje. Mi madre silbaba para decirnos que saliéramos, pero nos negábamos. Desde entonces y hasta hoy, casi vivo en el mar", apunta.

Cuenta Rinder que las olas de La Caleta no eran las mejores para aprender pero allí fue donde empezó todo. "Me quité los miedos", dice. Desde aquel día, su currículo roza la excelencia. "Mis padres y mi hermano están súper orgullosos de todo lo que he logrado. Todo ha sido gracias a mi familia, que me ha ayudado a crecer. Y mi sueño ahora es hacer el tour mundial con ellos", apunta.

Sus condiciones para el bodyboard le han llevado a lo más alto. Pero es precisa una rutina de entrenamientos extraordinaria. "Si hay olas, estoy en la playa surfeando desde la mañana hasta la tarde. Y si no las hay, pues hago un entrenamiento más físico para no perder la forma", dice. "Lo que no podemos manejar son las condiciones meteorólogicas. Esto no es como fútbol, que vas a la cancha y entrenas; aquí dependes de las olas, los vientos, las mareas... Y cuando veo que no se puede trabajar, la sonrisa se me borra de la cara. Si no hay olas, me pongo de mal humor y ni sé qué hacer. Lo que me hace feliz es el mar", dice.

Su amor por su deporte es también una filosofía de vida. "Soy una apasionada; lo hago porque de verdad me gusta y me encanta. No lo hago porque nadie me obligue y creo que ése es el principal secreto de mi motivación. Estando en el agua, soy la persona más feliz del planeta".

No obstante, hay un antes y un después en su trayectoria. "Cuando gané mi primer título europeo fue con 14 años, en Francia. Ese día me di cuenta de que quizás pudiera vivir de esto. Empecé a buscar patrocinadores. El primero que me apoyó con fuerza fue Wawa, una tienda de surf del sur, que lleva un canario como Jonathan. Luego se sumaron Science, Turismo de Tenerife, Mesón Castellano, el Ayuntamiento de Adeje...", explica. Su próximo reto es que la apoyen también en Alemania.

Rinder viaja por todo el mundo Brasil, Chile, Hawai... Lo hace sola "porque no es barato". "No llevo ni a mi familia y ni al entrenador, pero claro que sería mi sueño ir acompañada", repite. La puntuación del Mundial es análoga a la de la vela. "Vas acumulando puntos durante las ocho pruebas y se descartan las que te salgan peor". Y aunque el gran éxito de Alexandra ha sido proclamarse la número uno, su mayor victoria fue en las aguas de Arica. Como en toda su meteórica carrera, hay aquí también una explicación romántica. "Es una ola muy peligrosa. Cuando éramos pequeños, mi hermano me dijo un día: ¿Tú crees que algún día competiremos allí? Pues fui. Y gané. No me lo podía creer. Además lo conseguí el primer año que el campeonato se abrió también a las mujeres. Y fui la primera", presume emocionada.

El triunfo superlativo se lo dedicó a su hermano, como todo lo que hace. Aquel gesto de Oliver, que se la llevó al agua e hizo oídos sordos a las indicaciones de su madre ("¡venga, salgan del agua!") fue el inicio de una excelente carrera deportiva. Que es, en realidad, una historia de amor al agua. Un idilio con las olas.

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