Baloncesto . Liga Endesa

La motivación escénica

El Iberostar muestra su mejor cara guiado por un público entregado, un frenesí que va en el ADN canarista

21.03.2016 | 03:07
Vista general del Pabellón Santiago Martín, ayer lleno hasta la bandera.
La motivación escénica

Jorge Valdano utilizó una vez una expresión del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez para definir a la perfección el temor que sienten algunos jugadores a la hora de enfrentarse a la inmensidad del estadio Santiago Bernabéu: el miedo escénico. Pero hay otra cara en esta moneda de los estados de ánimo, tan vitales en el devenir de los deportes, que bien podría definirse como la motivación escénica; es decir, el entusiasmo que transmiten determinados ambientes a los jugadores cuando compiten ante su público.

Sin esa motivación escénica sería imposible explicar la histórica victoria que consiguió ayer el Iberostar Tenerife ante el Real Madrid en el pabellón Santiago Martín, una cancha que recuperó el espíritu del Luther King y el Juan Ríos Tejera, esos escenarios donde se gestaron las primeras alegrías del Club Baloncesto Canarias.

Hay diferencias: aquellos pabellones eran tan reducidos y se respiraba un ambiente tan apasionado que la hinchada aurinegra se podía decir que gritaba en el mismísimo cogote de los rivales. En el Santiago Martín ya no pasa eso, porque es una instalación mucho mayor que sus predecesoras y ya los aficionados no están tan cerca de las orejas de los rivales, si bien la vehemencia y el frenesí con que se comportó la parroquia lagunera ayer revivió los recuerdos de aquellas noches intensas de los años 70 y 80.

Con un pabellón entregado y lleno hasta la bandera por primera vez en la temporada, el Iberostar ofreció su mejor versión, un equipo que pareció otro para lo que venía siendo su irregular camino esta temporada en los partidos como local. Y pareció sencillo, como si solo le hubiera hecho falta dejarse llevar por la inercia del optimismo de la grada, por la fuerza de la ola que llegaron a hacer los espectadores, por la constancia del sonido machacón de los tambores de la Peña San Benito y hasta por el colorido y la unión del mosaico de cartulinas negras y amarillas.

El mismísimo Real Madrid, uno de los mejores equipos de Europa, quedó empequeñecido, náufrago en este océano de emociones pese al gran rendimiento de una de sus numerosas estrellas, el tinerfeño Sergio Rodríguez, ovacionado como siempre por la grada. Sus 21 puntos no sirvieron para contener el tsunami ofensivo canarista. Y es que Beirán, Richotti, Abromaitis y hasta San Miguel parecían Stephen Currys, con 12 triples entre ellos.

Fue memorable, un partido para las hemerotecas, de esos encuentros en los que sólo la motivación escénica puede explicar la capacidad arrolladora de los aurinegros. Mientras el público se divertía de lo lindo con el recital encestador, alguno que otro miraba al marcador con gesto de incredulidad, como preguntándose: ¿Le estamos ganando al todopoderoso Real Madrid de 20 puntos? Pues sí. Necesitaron frotarse los ojos pero sí, hasta tal punto que el Iberostar se permitió el lujo de vivir los últimos minutos con una tranquilidad inimaginable cuando arrancó el encuentro a las 11:30 de la mañana.

Esa capacidad para dejarse llevar por la vehemencia ambiental es, de todos modos, marca de la casa. Está en el ADN del Canarias, forma parte de su historia y sigue y seguirá derribando los muros más infranqueables. Ayer le tocó al Madrid.

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