Baloncesto . Liga Endesa
Iberostar Tenerife 9384Real Madrid
 

El Iberostar Tenerife hace saltar la banca

En una apuesta valiente y un baloncesto de ataque primoroso, el club isleño gana de forma insultante al Madrid (93-84)

21.03.2016 | 03:10
El Iberostar Tenerife hace saltar la banca
Joseph Jones lanza a canasta ante la defensa de Doncic.

Una apuesta arriesgada para unas ganancias colosales. Sin prácticamente nada que perder el Iberostar Tenerife se la jugó ayer a un todo o nada frente al Real Madrid. Un encuentro a pecho descubierto, sin miedos ni reservas, como había anunciado Txus Vidorreta. Un tú a tú ante el vigente campeón de la Euroliga, que derivó en un choque para guardar y, con el tiempo, visionar una y otra vez. Un encuentro memorable, el del conjunto lagunero, que gracias a un primoroso ataque sacó del campo al cuadro de Pablo Laso. Una ofensiva casi perfecta que tuvo su momento álgido justo antes del descanso, al que los locales llegaron con 56 puntos (56-43).

Una puesta en escena sin apenas peros y que disfrutó de una continuidad en la segunda mitad, pese a que al Madrid no le quedaba otro camino que apretar los dientes para no salir sonrojado. Pero su intento de meterse en partido le dio, escasamente, para ponerse a cinco puntos de los laguneros (58-53). Momento complicado que los tinerfeños solventaron gracias al acierto exterior de Richotti y Beirán. Sendos triples que parecieron terminar de impacientar a los merengues, que en apenas cuatro minutos sumaron dos faltas antideportivas y otras tantas técnicas. Síntoma de impotencia para un conjunto desconocido y que llegó a estar 20 abajo (83-63) ante el delirio de un Santiago Martín que se frotaba los ojos para ver que aquello, la primera derrota blanca en la Isla, iba camino de convertirse en realidad. Solo el amor propio final de Sergio Rodríguez impidió que el tropiezo madridista fuera aún más bochornoso. El Chacho fue de lo poco salvable en el Madrid, pero insuficiente para impedir que su equipo, de forma merecida, se marchara de Los Majuelos con el rabo entre las piernas.
Pese a la superioridad global tras los 40 minutos de partido, no resultaron sin embargo muy halagüeños los instantes iniciales dentro del envite planteado por el Iberostar. El Madrid anotó en los tres primeros ataques y logró la que sería su mayor renta de todo el choque (2-7). Ahí los de Vidorreta no se impacientaron y, con San Miguel en labores de director de orquesta, movieron con paciencia y criterio. Dentro-fuera o extra pass para voltear el signo del electrónico (10-7). Con los exteriores ayudando en el rebote defensivo, los locales también pudieron correr y combinaron su velocidad con un gran acierto exterior (20-15).

Con solo seis minutos y medio disputados el Iberostar había dejado muestras de estar capacitado para mirar a los ojos a su oponente en un baloncesto ofensivo sin red de protección. El partido se había metido en una montaña rusa. Un ida y vuelta en el que los aurinegros no tuvieron complejos en encajar en demasía con las primeras rotaciones –cada vez que los de Laso metían el balón dentro sacaban petróleo– (21-25, 10´). Un daño en el uno contra uno dentro de la zona que los laguneros contrarrestaban con un encomiable esfuerzo para mantener intacto su rebote. Hasta 13 minutos tardó el Madrid en disponer de una segunda opción por primera vez (31-30).

Y ahí se dio cuenta el Iberostar de que el camino más corto para cerrar esa sangría interior era evitar que los postes visitantes recibieran de manera franca. Un redoble de intensidad donde la rapidez de Hanley y la envergadura de Jones mucho tuvieron que ver. Pero, sobre todo, un esfuerzo extra capitaneado por las anticipaciones de White y Richotti. El argentino estuvo muy incisivo en líneas de pase y fue un estilete para salir a la contra y hacer ocho puntos seguidos (42-32, 16´).

Primeras alarmas serias para un Madrid donde la conexión Chacho-Felipe era insuficiente para contrarrestar la variedad de recursos atacantes de los laguneros. Con Jones posteando como el mejor de los cincos, O´Leary colándose entre los interiores blancos, Abromaitis siendo solvente cerca del aro y Beirán infalible desde el perímetro (3/3) el Iberostar estaba desarbolando al todopoderoso Real Madrid: 56-43. Un marcador tan inimaginable como merecedor de la ovación que dispensó la grada a los suyos camino del vestuario.

En 20 minutos el Iberostar había casi ridiculizado al Real Madrid. Un Madrid que tiró de orgullo a la vuelta del intermedio. Necesaria marca de identidad que, ante la ausencia de Ayón como columna base interior, le dio Augusto Lima. El brasileño lideró una reacción blanca que en apenas tres minutos y medio había enjugado su desventaja hasta los cinco puntos (58-53). Momento complicado que pudo hacer revivir los fantasmas que aparecieron hace no mucho en el tercer cuarto contra el Barça. Pero ayer el cuadro canarista estaba en modo apisonadora. Efectividad sobresaliente y, sobre todo, confianza plena en sus posibilidades.

Seguridad en los suyos, pese a sentir el aliento blanco en el cogote, que no hizo inmutarse a Vidorreta. Lejos de tirar del freno de mano con un tiempo muerto, el técnico bilbaíno decidió dar un voto de confianza a los suyos. Y los suyos respondieron. Lo hicieron con acierto exterior (de nuevo Richotti y Beirán), con la garra y el deseo (dos balones sueltos recuperados) de Jones, y el factor mental. Eses que no supo controlar el Madrid cuando Llull fue castigado con una rigurosa antideportiva. Otro zarpazo, el de los laguneros (excelsos también desde el tiro libre), que firmaron un 12-1 casi definitivo (70-54, 28´).

Un arreón que ya no tuvo capacidad de respuesta por parte de los visitantes. Ni siquiera dieron los de Laso la sensación de estar capacitados para apretar el marcador (72-61 tras triple de Rudy) frente a un Iberostar lanzado. Una técnica a Felipe y sendos triples de Abromaitis y Richotti supusieron la puntilla para el choque (83-63). Ver para creer, el conjunto tinerfeño ganaba por 20 puntos y ninguneaba al vigente campeón liguero. Por delante, todavía ocho minutos. Tiempo suficiente para que el Madrid pudiera enmendar su feo. Panorama posible en casi cualquier otro momento y situación. Menos ayer. Porque ayer el Iberostar se vistió de grande desde el primer momento y no se quitó su disfraz hasta la bocina final para lograr una victoria épica e histórica. Un triunfo para recordar y que cambia su historia particular en los duelos frente a los blancos. Un éxito en forma de alegrón mayúsculo para su sufrida afición. Pero sobre todo, un nuevo marcador positivo que convierte a los isleños en claros aspirantes para luchar por el play off.

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