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Asalto a la casa del líder

El Tenerife de Martí firma su mejor obra y se convierte en el primer equipo que gana en Butarque

14.03.2016 | 11:28
Varios jugadores del CD Tenerife celebran el gol del triunfo.

El Tenerife de Martí firmó su mejor obra el día que más convenía. Lo hizo en la casa del líder y ante los ojos de toda España, pendiente de un partido que dirimía mucho más que tres puntos. Ganar era prestigiarse, dar un paso al frente, demostrar que este equipo lo concibieron para tutear incluso a los mejores. Sucumbió el Leganés, que se quedó sin gasolina y con las fuerzas al límite al cabo de la laboriosa actuación del Tenerife, que le minó hasta reducirlo a nada.

Fue el de los blanquiazules un triunfo coral, tejido desde la portería –incomensurable Dani– a la delantera –imperial Nano– pero sobre todo bien dirigido desde el banquillo. Se nota (y mucho) la mano del entrenador, que ha hecho de su plantel un grupo ganador, ambicioso, sin complejos. Anoche acabó exhausta la tropa después de un esfuerzo tan generoso como valiente. Donde otros jugaron a verlas venir, lo hizo el Tenerife al abordaje. Sin miedo.

El caso es que pujaba el representativo por su última oportunidad para no verse descarriado de la Liga, un torneo donde se sabía apartado de los puestos de privilegio hasta que llegó esta racha (tres victorias y un empate) que los ha puesto a tiro. El estirón le vale para soñar, pero más todavía las sensaciones que emite el equipo, que va a más.

Conforme a lo previsto, Martí no tuvo dudas en la elección del 4-4-2, como tampoco en la apuesta por Lara como recambio de Lozano, ausente por tarjetas. El partido empezó antes de rodar el balón. Se vistió el graderío con sus mejores galas y se preparó el estadio para entonar el himno local al unísono, como si el envite con el Tenerife fuese una finalísima. No en vano, hasta que llegó el representativo había hecho el Leganés de Butarque su escenario fetiche (cero derrotas en 14 partidos).

El estadio con el que contrajo matrimonio el tinerfeñismo en el gol de Morales en 2001 era hasta anoche el sitio favorito para las exhibiciones pepineras. Nadie ganaba desde que hace un año (0-1 el Sporting, marzo de 2014). Así que la repercusión del triunfo blanquiazul es todavía más grande. Y el mérito, mayúsculo.

Supo el Tenerife jugar con la ansiedad del líder hasta desquiciarlo absolutamente. Primero contuvo sus mejores minutos –salió el Lega en tromba–, luego le jugó de tú a tú hasta dejarle sin la pelota, combinó hasta tejer las mejores oportunidades de gol y al fin marcó la que le valió los puntos. Lo hizo Lara en una descomunal falta directa. Brillante fue la ejecución, magistral cómo se manejó ante el cuero.

Antes, el representativo se había mostrado eficaz en las dos áreas. En la propia para achicar el peligro que generaban los Symanowski, Omar y compañía; en la opuesta, para dar sustos como el que propició a Serantes un potente disparo de Lara (14´), que se estrenaba en el once. Estaba el Tenerife inspiradísimo pero el rival no se lo puso fácil. Ni mucho menos. De hecho, dio la impresión de ser el Leganés el que mejor llegó al intermedio y también el que más vigoroso salió del descanso. Fue después cuando se cocinó su derrota.

Los de Martí primero avisaron –sacó bajo palos Mantovani de forma milagrosa un trallazo de Nano en el mismo área chica– y luego golpearon. Cuenta Lara que ni se lo pensó dos veces cuando se encontró con una falta así, de las que más le gustan. Y con convicción chutó, seguro de que marcaría. Su parabólico disparo halló la red al tiempo que halló la felicidad todo el tinerfeñismo.

El partido, eso sí, no estaba finiquitado. Eléctrico, ofreció aún un par de episodios más de emoción e intriga. Y hasta el penalti que el Tenerife suplicaba desde antes de Cristo. Lo cometió Serantes sobre Suso y se lo pidió Vitolo, que tiró bien pero no marcó. Su tiro se fue por milímetros a la madera y así añadió todavía más sufrimiento a una victoria épica. El penúltimo renglón de la crónica lo escribió Dani, pletórico y repleto de reflejos para detener el empate; y el último, Omar, que aún pudo transformar el 0-2 a puerta vacía y sin portero.
Perdió el Leganés por fin y el que le ganó fue el Tenerife. La victoria fue rotunda, brillante, inmensa. Gloria bendita.

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