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El Tenerife vuelve a disfrutar

Martí renuncia al trivote y desempolva la mejor versión de los blanquiazules, que firman su partido más brillante a domicilio de toda la temporada

01.03.2016 | 15:31
Aitor Sanz intenta cortar el avance del local Eguaras.


A los mensajes ambiciosos de toda la semana –"no nos vale el empate", repitieron los futbolistas hasta la saciedad– los acompañó esta vez una apuesta igual de atrevida en el verde. El Tenerife, tan rotundo como consistente, no se pareció en nada al de días atrás. Fue armónico, jugó seguro de sí mismo, ejerció con determinación y lo más importante, también con fútbol. Así empequeñeció al aspirante Mirandés hasta dejarlo en una sombra. Fue la versión más reluciente del representativo en toda la temporada, una actuación resplandeciente que se convierte en una invitación a soñar. Falta que las matemáticas no lo impidan pero, por lo pronto, es un equipo para estar orgullosos. Un Tenerife que disfruta, un Tenerife que hace disfrutar.

Muchos factores se alinearon esta vez para que se viera a los isleños mejor que en ningún otro partido. Pero uno ya se presumía determinante ya cuando nació la contienda: el cambio de sistema, un recurso al que Martí se resistía –contra el Alcorcón en enero salió rana– pero que le pedía el curso de los acontecimientos. Así encajaron todas las piezas a la perfección. Dio el balear rienda suelta a Vitolo y Aitor para que se ocuparan de todo el mediocampo, confirió la responsabilidad de la banda izquierda a Moutinho –bien guarecido atrás por Saúl– y perseveró en la apuesta de Suso en busca de su mejor versión.

El capitán, al fin, apareció. Y lo hizo como asistente de lujo para un Nano sobresaliente. La irrupción del canterano es una auténtica bendición y la confirmación definitiva de que este delantero vale oro. Al menos tanto como el Choco, al que ya iguala en goles. Y en relevancia. Ayer el hondureño fue un escudero de postín para el tinerfeño, sin discusión el hombre de moda. La elección desde el banquillo no pudo salir mejor.

Habían transcurrido tan solo seis minutos y el experimento de Martí ya funcionaba. Fue éste el tiempo que tardó el Tenerife en adelantarse en el marcado tras fabricar un gol primoroso, mérito a partes iguales del pasador (Suso) y del ejecutor (Nano). Un ejercicio de clarividencia ante el que salió en falso Raúl, que se equivocó en la decisión con estrépito.

Un tanto tan tempranero descabalgó a un Mirandés que ya tituteaba por las bajas. Lastrado por las ausencias de Galán, Gaffour o Salinas, el cuadro de Terrazas se llenó de dudas con el 0-1, golpe del que ya no se levantaría. Y eso que lo intentó por todas las vías. Tanto es así que a la media hora ya abogó su entrenador por cambiar de caballo a mitad del río. Así fue que mandar a calentar a Alain y Aridane, aviso para los que ya estaban en cancha y anticipo de lo que vendría después: una renuncia a su fútbol habitual por otro más directo. Y es que el Tenerife, ayer impecable, llevó a los rojillos al límite. Al intermedio llegó con una renta exigua (0-1) pero ocasiones tuvo de sobra para ampliarla antes del descanso. Las más claras fueron de Moutinho, que marró en la definición.

El caso es que el representativo no se quedó solo en medio partido bueno. Ayer no hubo ni rastro de las pájaras de otros días, de su metamorfosis entre el acto inicial y el secundario, de sus dudas y sus vacilaciones. De escatimar en el esfuerzo, ni un pelo. Y de esta guisa se abocó a una segunda mitad frenética, de vértigo, que afrontó con tanta entereza como convicción. Primero capeó el temporal del impetuoso arranque local y a continuación golpeó con saña. Lo hizo otra vez con la misma partitura (asiste Suso y marca Nano), esta vez con remate delicatessen del goleador, que se ganó para sí todos los focos. Lejos de achantarse, el equipo de Martí respondió con coraje a la resistencia mirandesa a la derrota, que vendieron cara los de Terrazas.

El partido, que tuvo de todo, trajo por último un episodio final de sufrimiento. Y también entonces supo el Tenerife ponerse el mono de trabajo y currar. Esta vez no le entraron los tembliques cuando Eguarás aprovechó un penalti discutible para reducir distancias. Tampoco cuando Aridane marró una auténtica colección de ocasiones para obrar el empate. Fue un Tenerife distinto, con duende, dispuesto a soñar. Y a disfrutar.

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