Baloncesto. Liga Endesa
Iberostar Tenerife 7368FIATC Joventut
 

Partido de infarto, triunfo de equipo

El Iberostar Tenerife doblega, de nuevo en el último suspiro, al Fiatc Joventut gracias a una gran labor colectiva

29.02.2016 | 11:14
Partido de infarto, triunfo de equipo

El sufrimiento como manera de vivir; y el esfuerzo colectivo como método para ganar. Ese es el modus operandi del actual Iberostar Tenerife. Un equipo que parece incapaz de sentenciar con tiempo suficiente ni un solo partido, pero que a la misma vez tiene los arrestos por pelear por la victoria hasta el último suspiro. Un hábitat continuo en el filo del alambre que ha hecho de los de Vidorreta los más precisos funambulistas a tenor de sus más recientes resultados. Y es que si a principio de temporada el cuadro lagunero veía como se le escapaban –uno tras otro– los finales a cara o cruz, en las últimas jornadas los isleños han invertido este todo o nada para crecer a base de la agonía. O de la emoción, como gusta llamarlo –no sin razón– a su técnico. Ayer, contra el Joventut, los aurinegros ofrecieron su penúltimo ejercicio de equilibrismo. Lo hicieron con la aportación de prácticamente todos, ya que en una reedición de lo ocurrido hace 15 días en Andorra hasta ocho canaristas acabaron el choque con seis o más puntos.

Saber estar, el del Iberostar Tenerife, para doblegar a la Penya en otro epílogo con el corazón en un puño y en el que los de Vidorreta supieron apretar los dientes atrás y ser más precisos delante. Y es que después de no haber sido capaz de poner tierra de por medio cuando tenía su rival contra las cuerdas, el conjunto tinerfeño vio como su rival cobró vida de la mano de Brandon Paul gracias tres triples casi seguidos. Con algo más de un minuto por jugarse la igualdad era máxima (69-68) y aunque O´Leary erró dos libres, un lanzamiento desde el 6,75 fallado por Suton y una penetración casi imposible de Richotti sentenciaron la novena victoria del conjunto tinerfeño. Final feliz tras una semana complicada para los laguneros que derivó en un encuentro raro, continuamente trabado y que se disputó a trompicones. Un juego embarrado en el que los isleños se remangaron y supieron mantener el temple antes del desenlace.

Sorprendió de entrada Vidorreta situando en el quinteto inicial a Salva Arco (para frenar a Vidal) y a Petit Niang. El senegalés no solo fue una valladar atrás sino que se hizo grande delante y le ganó de calle a Drame el duelo de interiores fibrosos. Entre el de Dakar y un Abromaitis muy valiente el Iberostar tomó su primera renta (12-8). Una ventaja que duró bien poco ya que los laguneros se metieron en una vorágine de malos tiros sin la opción de optar a un solo rebote de ataque (12-15).

Ahí el encuentro se partió para meterse en una ida y vuelta continuo. Un ir y venir tan poco habitual para el Iberostar en estos últimos tiempos pero del que los laguneros sacaron un enorme rédito. Primero con un alley oop de O´Leary, luego con Sekulic de palomero y en dos ocasiones más con Hanley llegando, como a él le gusta, el primero en la contra. Esa alegría y varias defensas de mérito fueron la vía de escape (26-24) para un conjunto, el isleño muy maniatado cada vez que debía atacar en posicional. Correcalles cargado de errores en el que la alargada sombra de Petit –en las dos canastas– pareció desequilibrar en favor de los isleños (34-29).

Fue solo un espejismo en medio la irregularidad más absoluta en un partido jugado a trompicones. Dos factores que llevaron a los aurinegros a encadenar otros malos ataques (34-35), pero también a anotar sobre la bocina una canasta que les dejó en franquicia al descanso (36-35) pese a que los de Vidorreta saldaron los dos primeros cuartos con 0/7 en triples. Un lujo para hacerle frente al equipo que más tira desde el 6,75 y que en ese momento ya sumaba 5/10.

El despropósito de errores tuvo su continuación en el arranque del tercer acto, cuando la primera canasta en juego no llegó hasta después de tres minutos de acto (38-37). Pero a poco que los tinerfeños lograron algo de equilibrio pusieron tierra de por medio. Un triple y luego una bandeja de Richotti, una contra culminada por Abromaitis y un posteo de Beirán propició un 9-0 que daba al Iberostar su máxima renta (47-39). Punto de inflexión que no acabó siéndolo porque los laguneros siguieron peleados con el perímetro (1/14) para el 47-44 al final del tercer periodo.

Pero la espesura de los tres cuartos anteriores quedó a un lado en el acto final. Mayor alegría y producción ofensiva en un intercambio de canastas en el que los locales amagaron con otra escapada (54-48), pero se toparon con el acierto de Mallet y una canasta tras ofensivo de Suton (56-57) que volvía a dar la delantera a la Penya. Con cinco minutos por delante el toma y daca se trasladó más allá del 6,75. Y es que dos triples de Abromaitis (62-57) y un tercero de O´Leary, tuvieron respuesta en nueve puntos de un Brandon Paul tan desacertado hasta entonces como atinado en el momento de la verdad (69-68).

Con poco más de un minuto por jugarse el choque no pudo escapar de un final agónico y hasta con ciertos tonos dramáticos cuando O´Leary falló dos tiros libres a 1´03" de la conclusión. Tuvo la pelota la Penya para situarse en franquicia, pero Suton no acertó a convertir un triple liberado. Salieron airosos los laguneros de este error y también de que ninguno de los dos equipos hubiera entrado todavía en bonus. Bola extra que dejó a Richotti, con 23 segundos de encuentro, la opción de encarrilar el triunfo lagunero.

Sin un aclarado tan descarado como el de hace dos semanas en Andorra para Davin White, Nico también tuvo espacio para decidir. Y con Vidal en frente el de Bahía Blanca optó por la penetración, se aferró a sus muelles y esa capacidad suya para aguantar en el aire una décima más que su rival. Suficiente para poder lanzar, en escorzo y contra tabla, y convertir una canasta casi imposible (71-68). Casi a la desesperada el propio Vidal buscó la prórroga pero su triple se quedó corto. Fue la certificación para otro triunfo estoico de este Iberostar Tenerife. Una victoria que le ayuda a los aurinegros a dar esquinazo –al menos por el momento– a su mal fario como local, y de paso agarrarse más fuerte a sus opciones de luchar por acabar entre los ocho primeros.

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