Fútbol. CD Tenerife
Real Oviedo 10CD Tenerife
 

Tempestad para el Tenerife

El equipo blanquiazul empezó con fuerza pero se fue apagando bajo el diluvio del Tartiere, donde sumó su cuarta jornada sin ganar

15.02.2016 | 13:35

Desde que ganó al colista a trancas y barrancas, el Tenerife no carbura. Por hache o por bé se le atragantan partidos como el de ayer, donde el Oviedo hizo lo justo para arrimar los puntos a su casillero y dejar al representativo a cero. Los números blanquiazules son preocupantes: dos puntos de los 12 últimos, solo dos tantos en 360 minutos y una incapacidad manifiesta para sumar. Hoy por hoy, el equipo de Martí no es solvente ni en casa ni a domicilio. Tampoco en circunstancias favorables como las de esta vez, pues los isleños no estuvieron cerca del empate ni con uno más. En superioridad numérica no hicieron ni cosquillas al Oviedo, que vivió casi siempre en zona de confort. Ante un rival gris, al cuadro de Egea ni le hizo falta su mejor versión para conquistar la victoria.

Martí cocinó cambios en la alineación para adaptar a su equipo a las inclemencias meteorológicas (cinco grados de temperatura y un diluvio incesante) así como a un maltrecho césped que resistió mejor de lo previsto. Puede entenderse la apuesta del balear por un hombre racial como Cámara (por Cristian) pero llama la atención que mantuviera en el once a Germán en detrimento de Jorge. Y es que el representativo echó en falta la velocidad del canterano como también a Jairo, que se quedó en la grada contra todo pronóstico. Su sitio en la alineación fue para Suso –otra sorpresa– aunque el capitán no hubiese mostrado ante el Huesca su mejor versión.

El inicio del envite invitaba a la esperanza. Parecía bien plantado sobre la cancha el cuadro isleño, que incluso tuvo una opción para adelantarse en un pase magistral de Ricardo León. Los buenos (y convincentes) minutos del realejero fueron la mejor noticia de la tarde en las filas blanquiazules. Hasta pareció el norteño ese mediocentro con buen golpeo y manejo de la pelota que se ha buscado con denuedo en el mercado. Mientras Javi Lara sigue su puesta a punto, el ocho tinerfeñista demostró con creces que está listo para ejercer su función. Sea como fuere, su mejor servicio no lo aprovechó el Choco, que se esquinó demasiado y no pudo chutar (25´).

En el otro área, el Oviedo fue un relámpago permanente. Y vista la meteorología, nunca mejor dicho. No es que juegue a las mil maravillas pero resulta el cuadro astur un extraordinario ejercicio de eficiencia. Sus ocasiones del primer acto ya fueron una demostración de que llega con veneno casi siempre. Arriba, Toché y Koné son dos puñales. Como en Albacete la semana pasada, fue el primero quien marcó las diferencias. Ante su remate sin presión, libre de marca, poco pudo hacer Dani. Pero la clave en el gol estuvo antes, en el servicio magistral de Susaeta (23´), una golosina de futbolista para esta categoría.

Verse por delante en el marcador cambió al Oviedo. Y al Tenerife, que ya no volvió a ser el equipo ordenado y de aseadas intenciones de los compases inaugurales. Groggy, al representativo le desnortó el gol mientras dio alas a su oponente. Valga un detalle para demostrar la facilidad con la que despachó los puntos. Resulta que sus centrales, los dos, vieron amarilla pronto y en la misma acción. Pues bien, ni así les exigió el conjunto de Martí hasta bien entrada la segunda mitad.

El partido no se emparejó hasta el final, cuando justamente la segunda amarilla de Verdés (78´) embotelló a los locales. Hasta entonces, un solo tiro flojo de Cristo fue el bagaje ofensivo de un Tenerife que no reunió méritos suficientes para opositar a la igualada. Ni los cambios (el propio Cristo, Nano y Moutinho) le mejoraron un ápice. Tampoco su obligación de mejorar le libró de coquetear con el 2-0, que perdonó Koné a pase de Susaeta. Sin su mejor fútbol, sí tuvo oficio y eficacia el Oviedo para amarrar una victoria que le permite soñar. Una licencia vedada para el representativo, urgido a reaccionar si no quiere más apuros. Su crisis de resultados es evidente, como también su inoperacia para acercarse a cotas mayores. Mientras los play off se alejan el partido solo deja tempestades. De patinazo en patinazo, la ilusión blanquiazul se apaga. Los problemas crecen.

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