Fútbol . CD Tenerife
Nástic 21CD Tenerife
 

Reacción insuficiente

La gran segunda mitad del Tenerife no le basta para puntuar en Tarragona

01.02.2016 | 16:29


Fue el día que al Tenerife todo le salió mal. Recibió dos goles en apenas ocho minutos, encajó como pudo la expulsión (por doble amarilla) de Jorge Sáenz, le birlaron un penalti, sufrió un arbitraje más que discutible y la reacción de la segunda mitad, encomiable, le resultó insuficiente. Así se escribe la historia de una derrota hiriente que sabe a oportunidad perdida. El día que tenía la ocasión más propicia para dar un puñetazo sobre la mesa y dirigirse a objetivos más ambiciosos, fue el equipo blanquiazul un imán para los infortunios. Y entre mala y mala noticia, puntuar se hizo imposible.

La tarde fue nefasta sobre todo para Jorge. Primero un codazo en el labio que le dejó fuera de combate; luego casi diez minutos que estuvo su equipo con diez, esperándole; a continuación su incorporación al juego en frío, una tarjeta, otra más, la roja. Resultado: el equipo con diez. Y para entonces, 2-0. Dos goles casi consecutivos (entre el 30 y el 38) tumbaron al representativo ante un Nástic que supo aprovechar su momento y le arrasó –como una apisonadora– en un abrir y un cerrar de ojos.

Garantía de talento, han fichado bien los de Tarragona, a los que han salido bien sus grandes apuestas. Sobre todo Juan Muñiz y Emaná, jugadores que han dado un salto de calidad al conjunto grana y que ayer se erigieron protagonistas en la jugada que cambió para siempre el encuentro. Sucedió a balón parado y en la frontal del área. Defiende de manera muy escalonada la zaga blanquiazul y por omisión peca en la marca de Emaná. El escorzo del africano es descomunal y su testarazo, imparable.

Con este panorama, agravado por la expulsion de Jorge, estaba el partido como para enfriarlo. Pero la partitura se le torció todavía más a los insulares en una acción meritoria de Naranjo, que aprovechó un buen balón para disparar cruzado, rumbo a la red. El despiste fue tan evidente como la eficacia del delantero local, que anotó a placer. Pareció entonces que se esfumaran las opciones del Tenerife, que aún así reaccionó con coraje. Tienen un mérito incalculable sus segundos 45 minutos, sin duda uno de los episodios de mejor fútbol de toda la temporada.

Lleno de fe, el cuadro de Martí jugó de maravilla desde el doble pivote –uno de los mediocampistas pasó a la defensa– e hilvanó argumentos de sobra para merecer el empate. Hubo tensión y partido hasta el final porque Omar Perdomo y Saúl, los mejores en el lado blanquiazul, se entendieron a la perfección en un centro del segundo que rentabiliza el primero. Ocurrió a los dos minutos de la reanudación y el gol (2-1) produjo el lógico tembleque grana. Lejos de ser un espejismo, la sensación de que podía llegar el empate fue permanente durante todo lo que quedaba de partido. Y a punto estuvo de obrarse la igualada si un colosal disparo de Perdomo no lo repele el palo. Fue la confirmación del mal fario del Tenerife, ayer imantado a los infortunios. Ni su mejor rato de fútbol en mucho tiempo le bastó para arrancar un empate del Nou Estadi de Tarragona, si bien su imagen –al menos en la segunda mitad– fue reluciente.

Cada vez que empieza a ilusionarse, la realidad devuelve al representativo a la lona. Es su sino de las últimas temporadas. Ayer, su oportunidad de abrazarse al sueño del play off la repelió la lógica. Once contra diez, lo normal era que perdiese. Y así fue.

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