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Pesadilla antes de Navidad

El Tenerife se sobrepuso a la expulsión de Alberto y a una pájara que le costó dos goles, pero desperdició sus opciones de empatar y el Valladolid le goleó

21.12.2015 | 16:55
La expulsión de Alberto condicionó el desarrollo posterior del partido.

La racha reluciente del Tenerife de Martí (hasta ayer tres victorias y tres empates) la interrumpió en Pucela el vendaval de goles del Valladolid, que aprovechó la tarde para redimirse de sus males a lo grande y cerró el año con un resultado que reconforta. Lo contrario que el representativo, repleto de coraje pero imantado a los infortunios. Le lastraron la expulsión temprana de Alberto –cometió un penalti inocente en la primera mitad– y la consiguiente inferioridad numérica durante la mayor parte de la contienda. También le condenó su falta de definición y que le abandonara en Zorrilla la fortuna que sí le acompañó en partidos pretéritos. Es increíble que ninguna de las clamorosas opciones para marcar (con 0-0 y 2-1) se fueran al limbo antes de que el conjunto local abrochara definitivamente los puntos y convirtiese un partido parejo en un festín goleador.

Lejos de parecer un equipo falto de atención o con la mente puesta en las vacaciones, el Tenerife compareció a su último envite del año con máxima concentración y una actitud irreprochable. Así, suyos fueron los primeros minutos y hasta se permitió opositar al gol antes que su adversario en un buen remate de Lozano, que no halló portería. Había tejido Martí el once esperado, sin el concurso del pujante Cristo pero con Alberto y Aitor en la medular. Se trataba de poblar el mediocampo para contener la presunta irrupción furibunda del rival, tan necesitado de puntos como de buenas sensaciones. No obstante, fue el Tenerife el que empezó mejor y el primero que tocó con fuerza a las puertas del gol.

El encuentro cambia para siempre en una incomprensible pájara blanquiazul antes de cumplirse la primera media hora. Llegan de manera consecutiva una oportunidad clara, un gol anulado (justamente, por fuera de juego) al Valladolid y un penalti indiscutible, que comete Alberto y además deja al equipo con uno menos. El panorama era idilíco para los de Portugal, a los que se le apareció la virgen cuando menos la esperaban. Para colmo del Tenerife, al primer tanto acompañaron el segundo. El mazazo fue descomunal y el partido pareció ya sentenciado. No fue así porque los anfitriones dieron vida a su oponente y de su vulnerabilidad defensiva sacó tajada Lozano, que emergió en el choque cuando más le necesitaba su equipo.

El hondureño se canjeó un flagrante desajuste blanquivioleta a precio de gol y dio vida a los de Martí. Con uno menos pero con la sensación permanente de que podía empatar, el Tenerife interpretó la situación a la perfección, leyó bien el partido y estiró sus opciones al máximo. Si lo perdió fue porque no encontró las redes de Kepa en ninguna de las muy nítidas opciones de que dispuso. La más clara, un tiro angulado desde lejos a cargo de Omar, que se encontró con el palo. Tampoco en el rechace hubo suerte. Indultado el Valladolid y cuando aparecían los pitos en Zorrilla, ocurrió lo lógico. Que por insistencia se quebró la resistencia blanquiazul y el 3-1 certificó la derrota. Las opciones insulares se esfumaron como agua entre las manos. No fue la peor actuación de la era Martí pero sí una concatenación de errores individuales graves (muy gris Aurtenetxe, improcedente el penalti que hace Alberto, flojo ayer Carlos Ruiz) que han de revisarse para que no se repitan. Al parón se llega fuera de la zona de emergencia pero sin permiso aún para soñar. El último partido del año fue una pesadilla.

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