Gimnasia Rítmica

Campeonas en precario

El Intara y el Batistana son los mayores ejemplos de clubes tinerfeños que, pese a las limitaciones para entrenarse, han logrando grandes resultados a nivel nacional

21.12.2015 | 16:55
Varias integrantes del Intara, durante un entrenamiento en el Estadio Olímpico de Los Realejos.

 

  • El Adoney, afectado en el SurAlejando del protagonismo que pueden centrar tanto el Batistana como el Intara, en el Sur de Tenerife otro equipo de rítmica trabaja a diario en condiciones que dejan mucho que desear. Campeón de España Base en la categoría prebenjamín hace algunas semanas, el conjunto granadillero del Adoney se entrena en el IES Magallanes de San Isidro. Se trata de una instalación sin baños ni vestuarios, pudiendo utilizar, y solo hasta las siete de la tarde, los aseos del centro anexo. Un total de 90 niñas a las órdenes de Laura García Repo que no tienen la posibilidad de ejercitarse ni fines de semana, ni festivos, ni vacaciones porque la instalación escolar se encuentra cerrada. Incluso, en ocasiones, la propia entrenadora se ve obligada a llevar a las jóvenes a un centro comercial cercano para que puedan ir al baño. La saturación del Pabellón Los Hinojeros en Granadilla impide su traslado allí para un desarrollo más conveniente.

Las realejeras se ejercitan habitualmente en un rincón de un campo de fútbol y las chicharreras tienen acotadas sus escasas prácticas a horarios nocturnos

El Intara

Como si de un ejercicio de superación se tratara y movidos por una pasión sin límite, varios clubes tinerfeños de gimnasia rítmica trabajan a diario en unas condiciones precarias. Situación deficiente que soportan desde las niñas que se inician en esta sufrida modalidad hasta aquellas que deben competir al más alto nivel nacional. Piedras en su camino que no les impiden, sin embargo, conseguir grandes resultados. El Intara y el Batistana son, seguramente, los conjuntos que mejor representan este lastre, un peso que sin embargo no le impide brillar en el circuito español de la rítmica. Las medallas conseguidas estos dos últimos años así lo ratifican.

Constituido hace casi un año tras su escisión con el Tazmania, el Intara de Los Realejos ha sido hasta la fecha un club nómada. Obligado a peregrinar de un sitio a otro con el fin de poder entrenarse, y configurando un puzzle para cuadrar sus horarios. La falta de instalaciones en su municipio obligó a emigrar a las de Tatiana Gutiérrez. Primero a Santa Cruz durante la temporada individual, integrando incluso a sus gimnastas seniors en el club Odisea mientras se tramitaba su alta en la Dirección General de Deportes. "Íbamos cuatro días en semana en mi coche y en el de un padre que se turnaba", explica la entrenadora, hasta que en abril ya dispusieron "de una pequeña cancha en el Instituto Pérez Zamora". La situación mejoró incluso en verano, ya que el Complejo Deportivo Basilio Labrador dejaba horas libres por el descanso de los clubes que utilizan habitualmente esta instalación.

Parche provisional, ya que en septiembre, y en plena temporada de conjuntos, el Intara regresaba al exilio, aunque ya sin la opción del Odisea. "Podíamos usar el Basilio Labrador, pero solo los fines de semana o los lunes terminando a las 11 de la noche", cuenta Tatiana, que al margen del Instituto Pérez Zamora contó con la complicidad "del club Anya que al menos nos prestaba un trozo de moqueta en el Quiquirá los jueves y los viernes".

De un lado a otro, al Intara no le daba en el día como para afrontar con garantías las competiciones locales, regionales y hasta nacionales. "Decidimos irnos al Estadio Olímpico de Los Realejos, aunque allí solo se puede hacer algo de preparación física y estiramientos; y eso si no nos llovía o los demás usuarios no se quejaban, tal y como nos ha ocurrido varias veces", revela Tatiana, que por momentos se siente "un estorbo". "Creo que existen espacios y soluciones, pero no las quieren buscar; pensamos que tenemos derecho a un espacio para trabajar en condiciones", señala la entrenadora norteña, que también echa en falta "algo de solidaridad" de los otros clubes del municipio.

En época de competición el problema se recrudece y el Intara debe multiplicar su ingenio para entrenar. "Tratamos de ir a la mayor cantidad de torneo y controles para poder rodarnos", apunta Gutiérrez, que a su vez pone como ejemplo su participación en el reciente Torneo de Utebo. "Entrenamos cuatro horas a la semana, lo mismo que hace un club en un solo día", explica. "En ocasiones pienso que trabajamos varias veces en un cuartucho y no sé cómo logramos estos resultados", añade la responsable del Intara sobre una situación que le ha llevado a plantearse "el traslado del club a otro municipio", aunque la prioridad del club es seguir en Los Realejos.

La otra arista del problema la protagoniza el Ayuntamiento de Los Realejos, en parte atado de pies y manos ante la "elevada demanda por el deporte" que existe en el municipio y que contrarresta con las pocas instalaciones de las que dispone el consistorio norteño. "Sabemos de nuestras limitaciones, pero desde un primer momento le hemos dado todas las facilidades que estaban a nuestro alcance, administrativas y deportivas", comenta el concejal de Deportes Benito Dévora. "Se ha ampliado la hora de cierre del pabellón, se le ha puesto a disposición del Intara los fines de semana y los festivos, e incluso se les ha cedido la instalación para algunos actos que han organizado", añade la misma fuente.

"¿Qué necesitan más horas? Sí, lo sabemos, y tenemos el compromiso de buscárselas, pero otros clubes están en la misma situación y nuestra intención es que todos tengan el mismo derecho", explica el edil realejero, que destaca que ya se "han buscando otras ubicaciones a varias modalidades, que por ejemplo se entrenan en locales de asociaciones de vecinos", aunque "la solución a todos los problemas está en la construcción de un segundo pabellón anexo al actual". "Está presupuestado en 1,3 millones de euros, y ya tenemos el terreno, pero faltan algunos permisos", apunta Dévora. Lo cierto es que hasta que la instalación no esté construida, pocas alternativas podrá ofrecer el consistorio realejero.

El Batistana.


En una situación muy similar, quizá no de tanto peregrinaje, pero sí mucho más prolongada en el tiempo, se encuentra el Batistana Tenerife. Como las realejeras este club de menos de tres años de existencia se nacía tras separarse del Odisea pero sin abandonar Santa Cruz. Las de Jackeline Batista se convertían en el tercer conjunto en utilizar el Pabellón Ana Bautista (única instalación de la Isla construida ex profeso para la rítmica), donde ya estaban radicadas el citado Odisea y el Evangim. Es por esta saturación por la que el Batistana solo dispone de "ocho horas a la semana". "Al margen de algún que otro domingo que sacrifiquemos y nos pueda cuadrar, entrenamos de 8 a 10 de la noche los martes y los jueves, y también los sábados por las tardes", comenta su entrenadora sobre una franja que a su entender les "impide crecer". "Un entrenamiento que empieza a las ocho de la noche no es el más adecuado para una niña que esté en el colegio; así resulta muy complicado crecer como equipo", añade la misma interlocutora.

Al igual que denuncia el Intara, Batista resalta que "estas ocho horas" de las que dispone semanalmente "están muy alejadas de las 17 o 18 que como mínimo entrena un club para competición", una dedicación que incluso "es mayor en los conjuntos de Primera Categoría", la máxima división de la rítmica nacional y en la que militan las chicharreras. "Se te hace todo muy cuesta arriba; es imposible mantenerse en un nivel tan alto entrenando tan poco", resalta sobre una limitación que afecta a su conjunto y también a dos de sus deportistas, Leticia Batista y Ana Clavijo, que militan en la categoría absoluta individual.

Más allá incluso de los horarios que disponen para sus entrenamientos, el Batistana también tiene que lidiar con las condiciones de los mismos. "Es todo muy atropellado y para aprovechar al máximo nuestro tiempo calentamos en una tira de moqueta que nos cede el Evangim", apunta Jackeline, que ya sobre el tapiz completo se vean condicionadas por los demás usuarios del pabellón. "Coincidimos con un arte marcial, algo que es totalmente incompatible con nuestra actividad por los ruidos; las chicas apenas escuchan la música ni a mí cuando trato de corregirlas", argumenta la responsable del Batistana, que también echa en falta "un cuarto de material en el pabellón para no tener que llevar cada día en el coche los aparatos y el equipo de música". Saturación de una instalación por la que "Se pierde el factor sorpresa y también la intimidad", tal y como comentan otras de sus usuarias. Situación, según advierten, que "no se produce con ningún otro club a nivel nacional".

Y como el Intara, el Batistana también se ha intentado buscarse la vida para poder alargar sus horas de entrenamiento. Un extra que siempre se ha encontrado con un pero insalvable. "Nos ofrecieron el pabellón de la Casa Cuna, pero los horarios eran limitados y la cancha compartida", cuenta Batista, que como puede trata de parchear la situación con algunas horas en el pabellón de Tasagaya, en Güímar, donde su club ha creado una escuela de iniciación. "En temporada individual todavía podemos hacer algo, pero con el conjunto es prácticamente imposible, sobre todo porque el techo es bajo, con lo que no podemos trabajar con las cintas; es más bien un atraso".

Ahora, concluida la temporadas de conjuntos, y con motivo de las fiestas navideñas, tanto el Batistana como el Intara se tomarán unos días de asueto para volver de nuevo a la carga en la tercera semana de enero. Lo harán, como hasta ahora y mientras no encuentren soluciones, de una manera casi trashumante y como si estuvieran amordazadas. Repetir los brillantes resultados de estos últimos campeonatos será casi un milagro.

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