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El deseo ganó el derbi

El Iberostar suma su primer triunfo del curso tras apuntarse un duelo apasionante y en el que llega a remontar una desventaja de 10 puntos

16.11.2015 | 02:20
El deseo ganó el derbi

Derbi en el Santiago Martín, triunfo canarista. Así se está escribiendo la historia más reciente del basket regional al más alto nivel, la que ayer vivió un nuevo capítulo con un final casi predestinado. Poco importan los condicionantes, clasificatorios y anímicos. Casi por decreto la victoria tiene colores tintes aurinegros. Y ayer el Iberostar Tenerife se empeñó a escribir, casi con sangre otro episodio para recordar. Y es que llegaban al duelo los de Txus Vidorreta sin haberse estrenado aún este curso, tras dos semanas convulsas y a la espera de la incorporación de varias piezas que le den algo de empaque para lo que resta de temporada. Se medían los laguneros a un rival lanzado, con una plantilla tan larga como compensada y con todos los pronunciamientos para hurgar algo más en la herida del endeble conjunto aurinegro.

Pero ayer, por muy inferior que fuera sobre el papel, el Iberostar se empecinó en ganar el derbi. Era una cuestión de deseo. Casi de vida o muerte. Empresa complicada a priori y cada vez más inviable según avanzaron los minutos y el Granca amagó con romper el partido. La primera vez se despegó con ocho puntos de renta, la segunda con nueve, y la tercera, ya tras el descanso, alcanzó la decena de colchón. Para a cada una de estas intentonas los de Vidorreta respondieron con más entereza y firmeza si cabe. Respuesta de sombrero pese a su escasa rotación, a su inferioridad de centímetros en la zona, a unos malos porcentajes desde el 6,75 y a no pocos errores bajo el aro, fruto de la ansiedad y los nervios y las dudas que rebosaban su mochila.

Como un gato panza arriba el Iberostar se revolvió en cada situación complicada. Aceptando incluso el guante lanzado por el Granca, que en partido cargado de tensión había llevado el juego a su terreno, el de la defensa. Y es que los aurinegros se pusieron el mono de trabajo para hacerle frente a un duelo de guarismos bajos, renunciando a lo que por ahora era su mejor argumento, el ataque. Y por ahí, por la vía del sufrimiento constante, por el camino de revalorizar cada buena defensa, cada rebote, cada canasta propia, los de Vidorreta llegaron –gracias también a los 12 puntos de Beirán en solo cinco minutos– más que vivos al momento de la verdad. Aquel en el que los triples de Richotti y White hicieron creer en el triunfo a todos los canaristas, los que estaban sobre el parqué y los que los alentaban desde la grada.

Tras alcanzar la que sería su máxima renta de todo el choque (65-63), y solo dos minutos por jugarse, el conjunto lagunero no quiso que el guión de los anteriores derbis variara. Ni lo más mínimo. Tanteador bajo, remontada de por medio, jugador en versión superhéroe, y un final de infarto. Todo era clavado a lo vivido en las dos temporadas más recientes. Quizá por ello, por no quebrantar la tradición, nadie se atrevió a convertirse en protagonista. Newley, White, Oliver, Richotti... Todos erraron la que podía ser bola decisiva, que tampoco lo fue con el triple que desde la que esquina erró Pangos. Fueron 120 segundos de despropósitos, con apenas aciertos. Solo un calco de lo que se había visto en muchas fases del choque. Una copia más de lo que dictan los duelos laguneros entre Iberostar y Gran Canaria. Esta vez, como en las anteriores, ganó el que tuvo un mayor deseo. Y ese fue el Canarias.

Pero desde el inicio la intensidad se tradujo en numerosas imprecisiones. Errores que el Iberostar trató de minimizar gracias a la eficaz labor de Sekulic en el rebote y también en las continuaciones, así como en la verticalidad de Richotti y San Miguel (4-3). Pero fue más intención que acierto el de los laguneros, que si bien lograron cerrar bien los rechaces bajo su aro, con el paso de los minutos fueron incapaces de hacer frente a los centímetros de Omic, que salía a canasta por balón recibido en la pintura (4-11). En el otro aro, por su parte, el Iberostar erraba tiros relativamente sencillos y que, en medio de otros condicionantes anímicos, hubieran acabado en el aro en la mayoría de los casos.

Con el Granca amagando una primera ruptura, las rotaciones dieron otro aire al Iberostar. Petit se fajó en la zona, mientras que White mostró en ataque toda la chispa y el acierto que la había faltado en las cinco jornadas anteriores. Con muy poquito el cuadro de Txus Vidorreta se había metido en un partido (10-11) que no había logrado zafarse del cúmulo de errores que lo acompañaba desde el salto inicial. Ni canaristas ni claretianos lograban dar con el punto de adecuado, por mucho que lo intentara el cerebral Oliver con las dos canastas con las que se llegó al final del primer cuarto (12-15).

Un cuarto de derbi se había consumido ya y el baloncesto sobre el parqué de La Hamburguesa seguía teniendo el mismo nervio de los minutos iniciales. Un juego sin apenas cabeza del que sacó tajada, sin embargo, el equipo tinerfeño. Y es que pese a que Vidorreta hizo coincidir a sus dos bases, los laguneros pusieron todo y más para hacerse fuerte en el rebote. Entrega con rédito inmediato en los dos aros y que permitieron a los locales correr y disponer de segundas opciones. Bonus que aprovechó Hanley para darle la vuelta al marcador (16-15, 13´).

El Iberostar, sin embargo, no logró dar continuidad a su particular locura. Frenazo a la reacción porque el Granca estuvo atinado en el 4,60 y, sobre todo, porque tiró de su mejor arma, la defensa. Apretaron los de Aíto desde el primer meto, presionando y ahogando la salida de balón canarista, recuperando un par de balones y firmando un parcial de 3-12 que los volvió a disparar a los claretianos (19-27) en medio de un marcador casi ridículo tras cuarto y medio de partido. Los amarillos extendieron incluso su productividad con un triple de Salin (23-32).

Otra situación delicada de la que salió el Iberostar con los mismos protagonistas que el trance anterior. White y Niang. El senegalés contuvo como pudo a Omic, y el base volvió a mostrar los puntos que se le suponen tiene en las manos. Al menos dio para que el choque se fuera apretado al intermedio (29-34). Otro miniespisodio de una montaña rusa en la que se desarrollaba el choque. Mala técnicamente, pero montaña rusa a fin de cuentas en la que dio de nuevo a los visitantes una renta cada vez algo mayor, en esta ocasión de diez puntos (29-39, 22´).

Otro pequeño arreón que sobre el papel minaba, todavía más, la frágil moral de los tinerfeños. Era un momento en el que solo otro pequeño golpe podía dar en la lona con los de Vidorreta. Era el momento de la heroica y en esta ocasión el disfraz de héroe se lo puso Beirán. Casi inédito en la primera mitad y sufriendo para cumplir en defensa el madrileño se desató durante unos minutos. Lo hizo como queriendo compensar su floja defensa en la jugada anterior que permitió el triple de Newley con el que el Granca tocó techo. Y es que el alero canarista hizo oro toco lo que tocó, bien reboteando, bien metiendo desde fuera, bien culminando cerca del aro o incluso asistiendo para sus compañeros. Doce puntos y 16 de valoración en apenas xxx minutos que volvieron a meter de lleno a los isleños en el partido: 47-49 con poco más de un cuerto por jugarse.

El Iberostar había logrado no solo equilibrar el marcador, sino solidificar también su estado anímico en medio de una grada enfervorecida y casi a las mismas revoluciones que las mostradas por Beirán. Fue el impulso casi definitivo, o al menos el necesario, para que el marcador se alejara de los continuos altibajos anteriores. Y es que desde ese entonces los de Vidorreta siempre tuvieron a tiro de piedra a su rival, consciente, segundo a segundo, de que el trabajo previo le estaba sirviendo de muy poco. El aliento canarista en el cogote del Granca era manifiesto por mucho que Aguilar aprovechara un 2+1 y los árbitros no ayudaran a los locales con varias decisiones un tanto rigurosas. Y todo al margen de que los aurinegros se empeñaran en rememorar los errores bajo aro de los minutos iniciales. Fallos como los de White, ahora héroe, más tarde villano. Omic volvió a imponer sus centímetros

Cada punto valía oro, como el mate de Richotti rompiendo a Pangos y que llevaría las tablas al marcador (59-59). Cuatro minutos por delante y de nuevo los errores presidieron el choque. Ahora con mayor razón pues el margen de error era mínimo. A partir de ahí el electrónico apenas varió, y en medio de la escasez sumar de tres en tres valía la vida. Como la que le dio Richotti a los laguneros (62-60), golpe devuelto casi de inmediato por Pangos (62-63). Al intercambio se sumó White, cansado de ser siempre el malo de la película y que enchufó un imposible sobre el reloj de 24 y con Báez encima (65-63). Fue el triple de la necesidad, el triple del deseo del Canarias por ganar.

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