ALBACETE12CD TENERIFE

 

Con Martí es otra historia

Ideas claras, compromiso y acierto, las principales claves de la segunda victoria con el técnico balear

15.11.2015 | 01:24
Con Martí es otra historia

Es otra historia. Los balones que antes se resistían ahora van para dentro y el Tenerife, que deambulaba por la Liga a trancas y barrancas, ahora camina firme y colecciona victorias. La de ayer es la segunda seguida bajo los designios de Martí, cuyo estreno no ha podido ser más afortunado. El balear ha guiado al representativo a dos triunfos en dos partidos, a cada cual más importante, y los cálculos que se hacían para escudriñar las distancias con la zona de emergencia ahora se hacen con la vista en las nubes, desde el sueño de que la racha siga y las victorias también.

Los números son incontestables. En dos semanas seis puntos, dos goles por partido y uno solo en contra. Pero las sensaciones resultan aún mejores. El equipo que anoche ganó en el Belmonte lo hizo con convicción y determinación, de forma rotunda, sin dudas ni vacilaciones. Eso sí, con dificultades y un buen rival enfrente -venía de batir al líder- pero con la impresión permanente de que este Tenerife cotiza al alza.

Para su segunda comparecencia optó Martí por los mismos once del debut y la apuesta le salió bien otra vez. El estímulo que ha traído el relevo en el banquillo se nota en situaciones como la que inaugura el partido. Es Aitor Sanz quien recoge un rechace favorable en el balcón del área y se erige en protagonista con un remate imparable. Le pegó el mediocentro al cuero con todas las fuerzas, como si el trallazo fuese la mejor metáfora posible para escenificar el momento de redención que atraviesa el equipo. El chut, descomunal, se fue a la red con la misma velocidad que ha disparado el Tenerife. Una bendición para los blanquiazules, pareció una señal de que la película ha cambiado.

Para entonces habían pasado solo un par de minutos y el triunfo aún no está abrochado. El Alba no había dicho su última palabra y así lo demostró en la primera mitad. Así, dispuso de opciones muy claras para igualar la contienda antes incluso de aproximarse el descanso. Rubén Cruz y Jona tuvieron las mejores, pero ninguna con el mismo desenlace que el tiro certero de Aitor. Fue ímprobo el trabajo isleño para contrarrestar a los manchegos, algo que solo se logró con el discurrir de los minutos. Pareció que había pasado lo peor cuando, sin embargo, llegó el empate. Primero un aviso -un discutible libre indirecto que provoca Alberto y salva Cámara, providencial- y a renglón seguido el gol. Lo obró Paredes con una factura exquisita, si bien la clave estuvo en que nadie interrumpió la jugada. Una falta a tiempo y una ración extra de oficio habría evitado el 1-1, pero así se llegó al descanso.

Las tornas cambiaron en la reanudación. Ambos conjuntos buscaron adherirse al cuero e imantarlo para sí, objetivo que solo consiguieron los anfitriones. Más todavía con los cambios, que denotaron un indiscutible ímpetu ganador, el Alba creó más y mejor fútbol. Eso sí, las oportunidades fueron blanquiazules. La más nítida para Cristo, que no estuvo afortunado en un duelo a dos con el portero, que paró bien. Menos suerte tuvo el cancerbero ante Suso. Ya con Tommy en cancha, el argentino no ve el esfuerzo del capitán por desmarcarse y citarse con el gol, que tenía a tiro. El rechazo se lo lleva Aitor, que sí tuvo mejor perspectiva. La asistencia fue excelente y la definición, aunque con suspense, otorgó el gol. Un premio a la fe, una señal de que algo ha cambiado en este Tenerife que ya mira hacia arriba. El efecto Martí ha surtido, precisamente, el efecto deseado.

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