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Iberostar Tenerife 7375Movistar Estudiantes
 

Fuera de cobertura

Un Iberostar atenazado sufre su cuarta derrota seguida, esta vez tras dejar escapar una renta de 11 puntos en el último acto y frente a un rival directo donde decide Brizuela, un joven de 20 años

02.11.2015 | 02:24
Fuera de cobertura
Abromaitis se dispone a lanzar a canasta en la acción final que estaba fuera de tiempo.

Este Iberostar Tenerife no da señales de vida. Durante las primeras jornadas de competición el vestuario canarista coincidió en que faltaba comunicación para que el juego aurinegro fuera sólido, sobre todo detrás. Mayor conexión para evitar los desajustes defensivos que habían hecho a los isleños encajar más de 90 puntos por encuentro y a la vez convertir al aurinegro en un cuadro endeble, en las antípodas de ese conjunto sólido y consistente que deseaba para este curso Alejandro Martínez. Ayer, por momentos, aunque frente a un rival capitidisminuido ante las bajas de Stimac y Martín, los aurinegros evidenciaron una mejoría. Paso al frente que sin embargo resultó intermitente y, sobre todo, estéril por el desbarajuste ofensivo que mostraron esta vez los canaristas. Altibajos que tuvieron a remolque a los isleños durante casi toda la primera parte, le permitieron luego disponer de una renta de 11 puntos cuando pudieron defender, rebotear, correr y anotar desde el perímetro (65-54, 31´) y que, finalmente, le llevaron a la derrota en un final para olvidar.

Un epílogo que solo fue la extensión de una ofensiva, la del Iberostar, deslabazada y trabada. Ahogados en la salida del balón por la presión rival, los aurinegros vieron como se les consumían varios segundos de sus ataques, lo que condicionó no pocos de sus tiros, al límite de la posesión y con una selección forzada. Por momentos los de Martínez parecieron sin ideas frente al aro contrario, agotando bote y sin encontrar destinatario para darle fluidez al balón. Jugando solo a empellones, con más corazón que cabeza. La omnipresencia de Xavi Rey, que saldó con nota muy alta la ausencia por lesión de Sekulic, permitió a los canaristas mantenerse en partido en todo momento.

Aportación sobresaliente del catalán, acompañado por momentos de la versatilidad de Beirán, la chispa de Richotti, y algunos fogonazos en la dirección de San Miguel.

Quizá sea precisamente esto lo más preocupante ahora mismo de este Iberostar Tenerife. Que con lo que tiene (o más bien muestra) solo es capaz de tratar de tú a tú a un rival limitado, de los llamados a estar en la zona baja, que llegaba a la Isla sin dos de sus jugadores más determinantes y que acabó decantando la balanza de su favor gracias al acierto de un joven de 20 años, Darío Brizuela. Y es que todavía se sigue esperando la aportación de los nuevos, en especial un Davin White que resta más de lo que suma y que parece fuera de sitio en el estilo de juego aurinegro. Ayer el ímpetu de O´Leary sirvió de bien poco dada la escasa productividad que muestran tanto Abromaitis como Hanley y Carter. El primero como maniatado en la posición de cuatro, el segundo sin campo abierto para desplegar su mejor baloncesto, y el tercero alternó alguna acción positiva con muchas más erráticas fruto de sus continuas pasadas de frenada.

Con todos estos argumentos a los de Martínez les dio para tener contra las cuerdas a su rival en el arranque del cuarto periodo (65-54). Todo a su favor para sumar la primera victoria del curso, y más contra un adversario cargado de inexperiencia. Pero inexplicablemente a los aurinegros se les hizo de noche y dieron vida al Estudiantes, que con un 6-21 le dio la vuelta al marcador (71-75). Tras varios minutos de brío el Iberostar volvía a ese equipo desconocido, que en poco más de nueve minutos solo fue capaz de convertir ocho puntos. Y pese a esta fundida de plomos el Iberostar tuvo todavía en su mano una oportunidad para firmar el triunfo. Ocasión desperdiciada igualmente por los laguneros con un tiro libre errado por O´Leary, un pérdida absurda de San Miguel, un triple fallado por Richotti y, por último un lanzamiento fuera de tiempo de Abromaitis que hubiera llevado el duelo a la prórroga. Quizá solo habrían sido cinco minutos más de agonía para un equipo que parece desconectado, esta vez en ataque, e incapaz de dar con la fórmula precisa para salir del atolladero en el que se está metiendo.

Antes del despropósito final el Iberostar intercambió momentos solventes con otros deficitarios. Nunca sin la regularidad necesaria. Se cargaron pronto de faltas los isleños (dos de Richotti y Abromaitis en apenas en un par de minutos), a lo que añadieron espesura en ataque (Rey no estuvo muy atinado en las finalizaciones) y la incapacidad para llegar, siquiera a puntear, a los triples de los estudiantiles. Solo una notable actividad defensiva, con muchas manos en las ayudas, permitió que el marcador siguiera parejo tras 10 minutos de encuentro (21-22). Con un ataque a trompicones el cuadro isleño enlazó dos malas acciones seguidas de White (25-30), con la solvencia interior de Rey (31-30) y su desacierto en el tiro libre (3/7 al descanso), para llegar al intermedio dos abajo (34-36). Pero más que el marcador, lo más preocupante eran ya las sensaciones.

Una zozobra que pareció desaparecer de un plumazo en el tercer cuarto, el tramo más decente ayer de los isleños. Y es que en medio del intercambio de puntos entre Rey y Bircevic, el Iberostar ofreció un añadido. Primero Richotti, que a base de garra y pundonor (2+1 y tres tiros libres) se sacudió la férrea marca ordenada sobre él por Ocampo; y luego un San Miguel (de regreso a cancha antes de lo deseado por Martínez ante el desacierto de White) con mayor ritmo y atinado desde el perímetro ante la zona 2-3 estudiantil y aplicado detrás para provocar una pérdida acaba en bandeja por Beirán (55-48, 26´). Por primera vez en todo el encuentro el equipo tinerfeño estuvo cómodo sobre la cancha, imprimiendo incluso una marcha más a su juego al tener cinco pequeños en pista. Velocidad que los laguneros alternaron con la efectividad bajo los aros de Xavi Rey, que con un gancho mantenía la renta local en 11 puntos en el arranque del último acto (65-54).

Pero ahí llegó la desconexión del cuadro aurinegro, cada vez más lejos de la identidad propia con la que se había topado en los minutos anteriores. Fallo tras fallo, los canaristas dejaron escapar la renta amasada previamente y con solo cinco puntos en casi ocho minutos vieron como entre Jaime Fernández y Darío Brizuela -que exhibió una madurez extraordinaria en ambos lados de la cancha- se daba la vuelta al electrónico (70-72). Los laguneros, lejos de rematar al cuadro colegial y jugar con las dudas de sus promesas, había metido de lleno en el partido al Estudiantes hasta el extremo que cuando quiso reaccionar ya fue demasiado tarde. Los de Martínez rememoraron su anterior juego ofensivo huérfano de ideas y cargado de nervios. Los nervios que quizá llevaron a San Miguel a perder un balón sencillo en su propia pista, pero que sin embargo no mostró Brizuela para ejecutar a Richotti con un triple (71-75). El propio Nico enmendó la plana con dos libres, pero tras unos pasos de Thomas, y en el último ataque del encuentro el de Bahía Blanca no fue capaz de anotar el que hubiera sido el triple ganador. En el rebote, y en medio de un mar de manos, Abromaitis se hizo con el balón antes de realizar un escorzo en el aire. Lo suficientemente grande para evitar el tapón, pero también demasiado pronunciado como para lograr lanzar dentro de tiempo y llevar el duelo a la prórroga. En definitiva, cuarta derrota de un Iberostar que sigue fuera de cobertura. Recuperarla este próximo domingo ante el Unicaja, o dentro de dos semanas con motivo del derbi contra el Herbalife Gran Canaria, se antoja, cuanto menos, muy complicado. Unas desconexión prolongada puede resultar fatal.

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