Fútbol . CD Tenerife
Zaragoza 20CD Tenerife
 

El árbitro fulmina al Tenerife

El equipo de Agné, sin complejos, tutea al Zaragoza en su propio campo y se ve privado de puntuar por la insultante actuación del colegiado

19.10.2015 | 13:50
Ángel pugna por un balón con Aitor Sanz en una acción del partido de ayer.

El Tenerife se fue anoche de La Romareda con una mezcla comprensible de perplejidad y enfado. Ambos sentimientos son lógicos y tienen su razón de ser en Arias López, el colegiado cántabro que privó al representativo de un resultado mejor y ejerció de vérdugo, más que el Zaragoza, en la segunda derrota a domicilio de toda la temporada. Si la primera (la de Soria) fue hiriente por la imagen del equipo, ésta lo fue más por la decisión arbitraria –nunca mejor dicho– que en el minuto 20 liquidó el partido y repartió los puntos. Justo cuando mejor estaban los de Agné.

Es tarea casi imposible interpretar la contienda sin la intervención providencial del colegiado. Arrimó la victoria a quien peor jugaba y al equipo de los dos que más necesitaba de aliento. Hasta el momento del penalti había funcionado a la perfección el plan de Agné. Lejos de experimentos, optó el entrenador por repetir el sistema de jornadas pretéritas y reemplazar a Cristian por Alberto. La apuesta no pudo salirle mejor y el majorero rindió a la perfección. No es exagerado decir que fue el más brillante y efectivo de los comparecientes.

Había pronosticado el técnico visitante que era difícil gobernar en La Romareda del minuto uno al 90. Sea como fuere, mucho se aproximó a tal propósito el partido del Tenerife, que empezó mandón y acabó volcado en el arco contrario. A sus innumerables aproximaciones al marco de Bono les faltó picante, algo de clarividencia en el útimo pase y también algo más de acierto en la definición. Casualidad o no, son ya dos partidos sin marcar. Y ambos sin Lozano.

El caso es que el arbitraje fue decisivo. No hay falta (ni nada que se le parezca) en el robo de balón de Cámara a Ortuño, que simuló caída y Arias picó. La estupefacción grapada en el semblante de los futbolistas del Tenerife convenció al colegiado de que se había equivocado. Y así era. Hasta en el Zaragoza sorprendió tamaño error. Una pifia de marca mayor, además con consecuencias. La tarjeta que vio el lateral blanquiazul es la quinta, acarrea suspensión y faltará ante Osasuna si Competición no lo remedia.

Ayer, el silbato varió el curso de los acontecimientos. Llevó a Ortuño a los once metros y el ariete no perdonó. El ejercicio de la remontada se convirtió en un imposible. Más cómodo y con el viento a favor, dejó expedito al Zaragoza el camino de la victoria. Y eso que el Tenerife no se achicó. Siguió caminando sobre el esquema dibujado de antemano por su entrenador y opositó al premio del empate con más fuerza que nitidez. Sus llegadas a Bono fueron frecuentes, pero todas infructuosas. En la primera mitad la tuvo Suso (36´) y en la segunda Carlos Ruiz, que no acertó a hallar portería en un buen testarazo tras servicio de Aitor.

Tampoco los cambios (Cristo, Omar Perdomo y Tomás Martínez por este orden) evitaron una victoria que había empezado a gestarse en el primer acto. Un Tenerife solvente, aseado y competitivo arrinconaba a su adversario en su propio campo. Y lo notó La Romareda, que silbó a los suyos. Pero no hubo manera. Lejos de mejorar, la situación del representativo se emborronó todavía más con un penalti en el último suspiro que Ángel se pidió para sí. Había fallado ante el Llagostera y quería desquitarse. Tan libre era él de celebrarlo como el aficionado del Tenerife a enfadarse por su efusividad, en todo caso comprensible. Lo peor fue la expulsión de Suso. Colofón del ensañamiento de Arias López y de un arbitraje para olvidar.

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