Baloncesto . Liga Endesa

Tim, el más listo de la clase

El nuevo jugador del Iberostar Tenerife puede presumir de haber firmado un expediente académico casi intachable

28.09.2015 | 02:20
Tim Abromaitis, junto a unos apuntes y un balón de la Liga Endesa en la sala de estudios de Tenerife Espacio de las Artes.

En sus dos primeros encuentros amistosos de este pasado fin de semana con el Iberostar Tenerife Tim Abromaitis ya ha dejado patentes las cualidades que le pueden llevar a ser uno de los jugadores más destacados del conjunto aurinegro este curso. Características dentro de la cancha que le permiten producir de manera efectiva jugando tanto de alero como de ala pívot. Pero más allá de por sus dotes en la pista el de Connecticut llega al cuadro aurinegro avalado además por un periplo formativo en su país casi intachable. Un ciclo, en la Universidad de Notre Dame, cubierto de manera brillante como jugador y, especialmente, como estudiante. Un caso de los que no abundan en el baloncesto universitario estadounidense, ya que en la NCAA ser la estrella del equipo suele implicar el desatender facetas como el estudio. Tim no solo fue capaz de convivir con ambas obligaciones, sino que lo hizo de manera envidiable.

Pero antes, en la adolescencia, mientras destacaba en las aulas Tim también lo hacía ya en las pistas de su high school en Farmington, hasta el punto de promediar casi 25 puntos y más de 10 rebotes por partido en su último año. Cualidades que despertaron la atención de Mike Brey, entrenador de la prestigiosa Notre Dame. "Fue a verme jugar varias veces y me dijo que me quería", recuerda el ahora canarista. "Acabé eligiendo Notre Dame porque es una universidad con mucho prestigio deportivo en Estados Unidos, aunque no sea de las mejores académicamente" hablando, señala al respecto.

En la universidad el nivel de exigencia aumentó, pero Tim siguió a su ritmo. Con un papel secundario deportivo en su primera temporada, Abromaitis compaginaba su jornada en el campus con la carrera de Finanzas (Mendoza College of Business). Tras un curso fuera del equipo –sus técnicos prefirieron que madurara para sacarle un mayor rendimiento en el tramo final de su paso por la universidad–, y ya en su año Junior (campaña 2009/10) el de Waterbury volvió con más fuerza para ser figura casi estelar de los Irish, con más 31 minutos por partido y 16,1 puntos de media.

Pero a la misma vez que Tim crecía baloncestísticamente, también lo seguía haciendo de manera académica. Una implicación tal que le valió su primer premio de mejor atleta-estudiante del año en la Big East, la conferencia a la que entonces pertenecía Notre Dame. El merecido galardón por graduarse, en solo tres años, en una carrera que consta de cuatro cursos académicos reales. Si bien para su titulación se aprovechó "de algunos créditos obtenidos en el high school", su calificación final estuvo fuera del alcance de la mayoría. Y es que Abromaitis tuvo como nota media un 3,73 sobre 4, lo que en la puntuación española equivaldría a un 9,32 de un máximo de 10. Un empollón en toda regla.

Antecedentes en casa

"Otros jóvenes quizá no tenían la necesidad de sacar buenas notas, pero yo siempre le di mucha importancia a formarme bien", comenta un Tim que casi se sonroja para admitir que "seguramente no haya jugadores" de primer nivel en la universidad "con tan buenas notas". Un expediente sobresaliente en el que "ayudó" el apoyo de sus progenitores, su madres Debra y su padre Jim, un ala pívot que militó en el Real Madrid en la campaña 1980/81 para luego pasar también por el Triste italiano. Pese a los antecedentes cestistas, en su casa siempre tuvieron claro que Tim y su hermano Jason debían anteponer sus estudios al mundo de la canasta.

"Realmente ahora lo pienso y no sé cómo podía compaginarlo todo y sacar tiempo para ir a clase, entrenamientos y estudiar", recuerda Abromaitis con perspectiva de esos tres cursos, si bien admite que "en los dos primeros años de carrera" apenas pudo encontrar un hueco para divertirse junto a sus compañeros. Una distracción que sí se permitió Abromaitis en la fiesta de graduación celebrada en su campus, aunque no sin algún que otro sobresalto. Y es que la precocidad académica del ahora jugador del Iberostar le jugó una mala pasada. "En Estados Unidos no puedes beber hasta los 21 años, pero en aquella fiesta de graduación yo todavía tenía 20 y acabé metido en un pequeño lío", cuenta Tim de un episodio que si bien no pasó a mayores sí requirió la presencia policial.

En septiembre de 2010 arrancaba otro curso en Notre Dame, el que debía ser el definitivo para la promoción de Abromaitis. Pero Tim, con la tarea ya hecha, centró aún más sus miras en el equipo de baloncesto. Esa temporada estrenaba galones como capitán de los Fighting Irish. Ascendencia en el vestuario y también en la cancha, pues fue titular en los 34 partidos que jugó, con más de 34 minutos por encuentro en cancha y unas medias de 15,4 puntos y 6,1 rebotes, siendo pieza clave en que su universidad llegara a los dieciseisavos de final del NCAA Tournament. Dedicación deportiva que no fue óbice para que Tim mantuviera su disciplina académica, en este caso con un máster en Administración de Empresas que solventó con una nota de 3,167, rozando el sobresaliente. Empeño y esfuerzo, que por segundo año seguido, y como también ocurriría a la temporada siguiente, le valdría para otros sendos galardones de mejor atleta-estudiante de la Big East. "Fue un honor para mí recibir esos premios", recuerda sobre un reconocimiento sin parangón.

Con un expediente académico casi impoluto y consolidado como líder natural de su equipo, Abromaitis afrontaba un quinto año, deportivamente hablando, muy esperanzador y que le podía poner en el escaparate de la NBA o de algún grande en Europa. Pero ahí se truncó su suerte. Primero fue sancionado durante cuatro encuentros por una mala gestión administrativa de su universidad; y luego, apenas un par de semanas después, una rotura de ligamento cruzado anterior en un entrenamiento despertaba a Tim de su sueño.

"Probablemente fue la primera decepción importante de mi carrera", admite el ahora jugador aurinegro, al que se le esfumaba "cualquier posibilidad que hubiera de entrar en la NBA". "Quizá tenía posibilidades, pero con la lesión desaparecieron", añade.

Casi un año en blanco del que Abromaitis trató de resarcirse con una especie de extensión de su periplo universitario. Un sexto año que sin embargo fue denegado por la NCAA. "Dijeron que no existía una razón lógica para concederme esa prórroga; que mi tiempo ya había finalizado", recuerda. Otro portazo que condicionaba el futuro deportivo a corto plazo de Tim. "Afortunadamente mi agente es bueno y me hizo un buen plan de preparación y no tuve problemas para encontrar equipo" Su destino, el Asvel Lyon Villeurbanne francés. Puerta de entrada al baloncesto europeo que ha tenido continuidad en Alemania y ahora, después de tres años, en las filas del Iberostar Tenerife. Un Iberostar que podrá disfrutar de un jugador cada vez más maduro, sin la obligación de coger los libros para estudiar, pero con una necesidad natural de ejercitar su mente. Quizá por ello, cada vez que puede se pone frente al ordenador a jugar al ajedrez on line. Sinónimo de una inteligencia innata y un estudio del rival que Abromaitis intenta plasmar en la cancha para sacar la mayor ventaja posible. En el Canarias sabían de esas cualidades y no han dejado escapar al más listo de la clase.

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