Baloncesto. Héroes de Europa

La maduración perfecta de Sergio

El base tinerfeño culmina un curso inmaculado en el que confirma que ha alcanzado el mejor momento de su carrera

23.09.2015 | 16:53
Sergio Rodríguez, en la previa de uno de los partidos del Eurobasket.

En los primeros días de enero de 2000, en el Torneo Infantil de L´Hospitalet, muchas de las miradas se centraron en un jugador rubio del Unelco Tenerife. Su desparpajo y atrevimiento dentro de la cancha no fueron ajenos a prácticamente nadie. Era Sergio Rodríguez Gómez, líder del cuadro tinerfeño que acabó subcampeón de aquella cita en la que el lagunero fue MVP. Era la tarjeta de presentación a nivel nacional del base; el trampolín a una carrera que desde entonces ha vivido cargada de magia y en una constante línea ascendente. Algo más de tres lustros de un baloncesto especial que sólo él es capaz de fabricar.

L´Hospitalet sirvió para que en el Siglo XXI de Bilbao, en ese entonces proyecto de formación de la Federación Española, señalaran en rojo el nombre del base lagunero. Y fueron a por él en el verano de 2001. En la casa de los Rodríguez Gómez sabían que no podían ponerle puertas al campo. "Fue una decisión jodida, porque además tuvimos poco tiempo para decidir", recuerda Sergio padre, condicionado por ver marchar a su hijo mayor, pero a la vez sabedor de que "ya con 14 años el baloncesto era su vida". "La propuesta era fantástica en todos los sentidos, y el sitio ideal; no podíamos decir que no", añade el cabeza de familia al que no se le viene a la cabeza "un solo momento complicado de Sergio en aquellos tres años".

Luego llegaría el Estudiantes y un curso de aprendizaje en su filial de la EBA. Y a continuación, la eclosión. Sergio explotaba en el Europeo Sub 18 de Zaragoza con una recta final antológica en la que llevó a España hasta el oro. "Fue un punto de inflexión ya que a continuación pasó a la primera plantilla del Estudiantes y debutó en la ACB. Ahí es cuando realmente vimos que podía tener opciones de ser profesional", comenta el progenitor del base.

La impronta del Chacho –como ya le conocían– fue tan grande que la NBA llamó a su puerta en apenas dos campañas. "Creo que no fue una mala decisión, ya que se cumplían todas las condiciones, pero es cierto que al final no dio ni con el entrenador ni con el club ideales", reseña la misma fuente sobre una experiencia que "en lo personal le dio a Sergio un enorme bagaje para ser lo que es ahora". Mejora sustancial en la que también están incluidas "una gran carga de trabajo físico, y mucha insistencia en el tiro". "Ha llegado a punto en el que sabe qué tiene que hacer en cada momento", añade el padre del base sobre unos ingredientes que han permitido al lagunero ser primer espada en un Real Madrid que en los dos últimos cursos lo ha ganado prácticamente todo.

Títulos y renombre; notoriedad y prestigio que, sin embargo, apenas han hecho cambiar la personalidad de aquel Sergio siempre sonriente. Así lo muestra el base, y así lo aseveran quienes lo conocen desde la infancia. Es el caso de Dani González, ahora director de juego del RC Náutico de la EBA y que hace casi 20 años se repartía los minutos de juego con Rodríguez en el Colegio La Salle y en el CB Unelco, sus primeros clubes, "siempre a las órdenes de Pepe Luque". "En preinfantiles ya se atrevía dar pases sin mirar; ya era igual que ahora, muy descarado y con una chispa diferente al resto", recuerda su amigo, que sí ve al Chacho ahora "más maduro y sabiendo siempre lo que hacer".

Variaciones mínimas que también van más allá de la cancha de basket. "Aunque lo haya ganado todo, él no ha cambiado; siempre está de buen humor y pendiente de nosotros", cuenta Dani del que considera su "hermano". La suya es una valoración subjetiva, pero seguramente nada alejada de la realidad. Una realidad cargada a partes iguales de magia y sencillez. Dos ingredientes consustanciales del base para entender la perfecta maduración que ha experimentado Sergio.

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