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Sin juego ni identidad

El Tenerife encaja su tercera derrota en liga después de caer ante el Oviedo con una actuación para olvidar

14.09.2015 | 07:58
Aitor Sanz y Raúl Cámara pugnan por un balón.

De mal en peor. El Tenerife ofreció ayer una de las versiones más pobres que se le recuerdan en el Heliodoro Rodríguez López. Con unos jugadores apocados, corriendo detrás de unos adversarios infinitamente superiores en todo era difícil aspirar a un desenlace diferente al que se dio: una nueva derrota blanquiazul. Cada balón dividido, cada disputa, por aire o por tierra, favoreció siempre al Oviedo. Y así era imposible pujar por un triunfo que se le resiste a los isleños.

El espejismo de la pretemporada confundió a un conjunto chicharrero que volvió a deambular por el campo sin identidad, sin adivinársele un patrón de juego que permitiera a su afición creer en una reacción. Ayer, solo la valentía de Alberto escapó de la quema. No se salvó nadie más, a excepción de la voluntad y chispazos de Nano en los últimos minutos. Con cuatro jornadas de liga celebradas, la situación es para tomársela en serio. Urgen soluciones, aunque no es aún momento para tomar determinaciones drásticas. Eso sí, no pinta nada bien el panorama.

Una auténtica revolución en el once fue la medida adoptada por Raúl Agné para tratar de cortar la negativa racha de resultados de su equipo en este arranque de temporada. De todas las novedades que presentaba la formación inicial de los blanquiazules destacaba la presencia de los canteranos Jorge Sáenz y Alberto en la defensa, en detrimento de Carlos Ruiz y Germán. Pero la mayor sorpresa se producía en el dibujo táctico, ya que en principio salía el Tenerife con tres fijos atrás y con Suso como carrilero, mientras que Cristian se situaba en el centro del campo junto a Aitor Sanz y Vitolo. Algo inédito y totalmente inesperado.

Jairo también iba a disponer de su oportunidad, en el interior izquierdo, mientras que Tomás Martínez disfrutaría de su primera titularidad en liga. El argentino era el elegido para acompañar a Lozano en la punta, al no poder actuar Pedro Martín por lesión. Con cinco jugadores en el equipo de partida por debajo de los 23 años, se podía deducir que el técnico de los locales buscaba dotar de más frescura y alegría al juego de los suyos. Quería que su escuadra tuviera el balón, como reconocería al término del choque.

Sin embargo no fue eso lo que se pudo percibir en los albores del partido. Y sí a un Oviedo inquieto, agobiando con su presión en todo el campo a un timorato conjunto isleño que apenas podía salir de su propio campo. El asedio era total por parte de los asturianos y antes de que los de casa se familiarizaran con su novedosa disposición sobre el terreno de juego encajaron un golpe que querían evitar a toda costa. En la segunda falta lateral que concedía, casi de manera consecutiva, el Tenerife Susaeta puso un balón franco dentro del área pequeña y Linares anotó el 0-1 ante una presunta pasividad de Dani Hernández. Los de Sergio Egea ya mandaban en el marcador.

El grupo de Agné, que decidió entonces abandonar su experimento y ordenó una defensa de cuatro, quedó aturdido y más inseguro aún tras el gol. El Oviedo veía que su contrincante mostraba síntomas de estar grogui y quería rematarlo. Así, Jon Erice, al golpear alto tras un córner (18´), y el incisivo Linares, que se aprovechó de un mal despeje de Jorge (21´), pudieron aumentar la ventaja visitante.

Los canarios parecieron sacudirse por fin del sometimiento de sus adversarios y empezaron a pisar campo contrario. No lograban circular el balón con la fluidez necesaria pero ya comenzaban los insulares a merodear la portería defendida por Esteban, inédito hasta pasada la media hora de juego. Una contra montada por el Tenerife propició una galopada en solitario de Suso pero su definición se fue al lateral de la red (34´). Cinco minutos después Alberto cazó el balón en un saque de esquina pero su testarazo se le fue alto. Y ahí se ahogaron las esperanzas de los anfitriones de igualar la contienda antes de que el colegiado señalara el camino hacia el vestuario.

A Agné no debió convencerle la aportación de Tomás Martínez durante la primera parte y lo dejó en la caseta para introducir a Omar Perdomo. Pero ese movimiento de ficha no cambió el decorado. Es más, a poco de reanudarse el choque, llegó el segundo mazazo. Borja Valle cabeceaba a la red un centro desde la derecha de Hervías y ponía aún más cuesta arriba la empresa de los de casa. Como las desgracias no llegan solas, Raúl Cámara se lesionaba y se veía obligado a dejar su lugar a Aurtenetxe. Poco después, Agné agotaba su tercera sustitución para echar el resto, a través de la velocidad de Nano, que entraba por un discreto Jairo.

Aitor, que ayer no tuvo su mejor día, desaprovechó una ocasión para reducir distancias tras no acertar a definir una falta rápida que sacó su equipo (64´). El Oviedo seguía presionando y el Tenerife no daba una a derechas. Omar, como más potencia que fe lo intentó desde lejos y el balón se encontró en su camino con la mano de Esteban (75´). A pesar de esas tímidas acometidas, el conjunto blanquiazul no daba sensación ni siquiera de ser capaz de recortar distancias. Y menos aún cuando Aitor Sanz veía su segunda cartulina amarilla merced a la clásica acción derivada de la impotencia que todo su equipo parecía sentir durante todo el enfrentamiento.

De ahí al final del duelo, el Tenerife solo inquietó una vez más al veterano Esteban, quien salvó un mano a mano con Lozano, al que había habilitado perfectamente Nano. Así, entre pitos por la desaprobación de la afición local, se llegó al final de la cuarta cita liguera de un equipo que aún no conoce la victoria y que mucho ha de mejorar si pretende salir del pantano en el que se ha vuelto a meter una temporada más. El próximo domingo, en Palamós, comienzan las finales para el Tenerife.

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