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La Copa agudiza las dudas

Mejoría insuficiente del Tenerife ante un Leganés repleto de reservas

10.09.2015 | 02:34
Aitor Sanz trata de marcharse de dos contrarios en un lance del choque de ayer.

La Copa se confirmó ayer en Leganés como un territorio fértil para las derrotas del Tenerife y deparó en Butarque una nueva decepción. Para los blanquiazules es el cuarto partido consecutivo de la temporada sin ganar. También la enésima decepción copera. Baste un dato para corroborar el divorcio del club con esta competición: ni una victoria a domicilio desde el 95. No obstante, esta vez el problema va más allá del histórico desencuentro con este torneo. Es que la Copa subraya las dudas. El cuadro de Agne, que cambió el sistema, mejoró anoche pero no lo suficiente. Su camino está repleto de dudas y aunque se aleja el equipo de la versión patética de Soria, aún no le da para ganar a nadie.

La derrota ante el Leganés debilita la confianza del grupo y también el crédito de su entrenador. Además, cierra el escaparate de la Copa para repartir minutos entre los actores secundarios. Fue justamente lo que hizo el técnico aragonés en el plantamiento de la contienda. Además, redibujó al Tenerife en un intento por reconducir su camino. Ya no es que acertara o fallara, es que sus vaivenes producen inquietud. O sea, sugieren que no tiene las ideas claras.

Del laboratorio blanquiazul salió ayer un once con cinco defensas en una apuesta lejana a los ensayos más probados en en pretmeporada. Abogó Agné por dos carrileros largos -demarcación natural àra Cristian y Aurtenetxe- e hizo debutar a Alberto y Jorge, que cumplieron bien. El nuevo sistema valió para mantener a raya al Leganés en un duelo que discurrió sin noticias de trazo grueso hasta pasar un largo rato. El problema estuvo arriba, pues el Tenerife no llegó con veneno y se perdió casi siempre en tres cuartas partes de cancha. Arriba, le faltó chispa.

Muy dinámica, la primera mitad ofreció a dos equipos intensos y que dieron protagonismo a futbolistas no habituales en la Liga. Quisieron reivindicarse los presuntos suplentes y así salió un acto inicial vibrante, con alternativas pero sin gol. Otra vez fue Lozano la opción ofensiva más potable del representativo. Enfrente, Toni Dovale probó a Roberto y emergió el icodense con fuerza para exhibir reflejos y recordar que existe. La seguridad que transmitió a sus compañeros y su fiereza para atajar las opciones pepineras más claras fue de lo mejorcito que dejó la contienda.

El curso de los acontecimientos pudo cambiarlo Martínez, que tuvo su primera ocasión como titular y dejó sabor agridulce. Lo bueno es que se le ven hechuras de futbolista de talento; lo malo, que aún le falta ritmo. Mucho. Pues bien, suyo pudo ser el partido si atina con el tiro que precedió al descanso. Por milímetros, su parábola se marchó fuera.

El segundo episodio resultó definitivo. Cuando ambos equipos caminaban hacia la prórroga apareció Omar –no hay peor cuña que la de la misma madera, dice el refrán– y se disfrazó de verdugo con un zapatazo descomunal. Su tiro, evitable, condenó al Tenerife e hizo levitar al Lega. Paradojas del fútbol, marcó un futbolista que no fue capaz de hacerlo en sesenta y tantos partidos de blanquiazul. Pues bien, en su segundo día de pepinero vio, llegó y venció. No hubo más. Incomprensiblemente bajó los brazos el cuadro de Agné, desapareció del partido y se abocó a la desgracia a través de su propia indolencia. Tampoco las permutas variaron el rumbo de la eliminación, otra más, y van unas cuantas. Para este club, la Copa del Rey no debiera de existir. Derrota a derrota, el Tenerife se declara republicano.

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