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Un batacazo terrible

Un Tenerife desconocido, vulnerable y sin chispa recibe seis goles en el inicio de la temporada - La fragilidad en defensa y el mal día de Dani, claves en la severa derrota ante el Numancia

24.08.2015 | 10:54
Aitor Sanz intenta controlar un balón ante la defensa de varios jugadores del Numancia.

Una ruina. El esperado estreno del Tenerife en Soria deja una espesa capa de inquietud y un diagnóstico desconocido. Ni Raúl Agné sabía anoche dar con las causas de semejante estropicio, una concatenación lamentable de desgracias que acabó con el representativo en la lona y seis balones en las redes de Dani. Ni el más cenizo de los guionistas pronosticó una hecatombe tan descomunal. El desmayo blanquiazul fue asombroso.

Soria bajó el telón de la desazón en junio y levantó ayer el de la preocupación. Los Pajaritos fue escenario de un partido de desenlace increíble y asistió a una versión desconocida del Tenerife. Lo que en pretemporada fue solvencia, ayer fue un dolor. Ya la mañana empezó torcida con los dolores de Abel –baja a última hora por enfermedad– y lo demás solo fueron malas noticias.

Al margen de la obligada baja en la medular, el entrenador se decantó por el once esperado. Con algunos de los actores principales de la temporada pasada presentes en la alineación (Dani Hernández, Carlos Ruiz, Vitolo o Aitor Sanz), el choque inaugural significó el debut como blanquiazules de Aurtenetxe, Germán y Pedro. Ninguno estuvo a su nivel. En realidad, del Tenerife solo se salvaron un par de minutos de bendita locura (del 29 al 32) que hasta le permitieron remontar el tanto inicial de los sorianos e irse al descanso con victoria. El segundo acto, uno de los peores que se le recuerdan al club, condenó a los insulares y les abocó a la goleada. Fue terrible.

El choque ya empezó con un sobresalto. El excesivo pánico a la eficacia de Julio Álvarez en las jugadas de pizarra hizo inhibirse a los blanquiazules de hacer falta a Díaz, a quien regalaron de manera insólida el primer tanto del día. Le dejaron maniobrar... y vaya si lo hizo.
Solo como la una se presentó ante el arquero y chutó a placer, sin oposición, expedito el camino al 1-0. Completamente groggy se quedó el representativo, al que el choque llevó a un escenario desconocido hasta la fecha y que nunca visitó durante todo el verano. Obligado a doblegarse y a revertir la situación, hizo lo más difícil (remontar) pero luego se desvaneció de forma lamentable. Sus mejores minutos dejaron los goles. Primero un pase brillante de Omar Perdomo habilitó a Suso, novedad en el once, y trazó el camino al tanto del empate. Luego, casi sin margen a la pausa, un córner ejecutado a la perfección por Aitor deparó el remate de Carlos Ruiz, que tampoco perdonó. Estaba el Tenerife donde quería, por delante en el marcador y con el rival lleno de dudas. Un expediente X fue lo que ocurrió después.

No se sabe bien si su frío arranque en la segunda parte, si su vulnerabilidad defensiva evidente o si la escasa intensidad –tal vez todos los factores unidos en su contra– fue losque alimentó la monumental debacle. Pero fueron cayendo los goles sin remisión, uno a uno en la portería de Dani, ayer desnortado y perdido. Midió mal en la salida y así se tragó un balón. Más tarde otro, otro... y otro más. La calamidad hecha partido de fútbol. Tampoco los cambios trajeron mejoría. Eso sí, la garra de Nadjib y el empuje de Nano permitieron embocar un gol más, que sería el de la honra si no llega el doblete de Alegría, que trajo lo propio a la grada. Los Pajaritos ni se lo creía: el Numancia de fiesta, el Tenerife de funeral. Mejorar es urgente, pedir perdón es obligatorio.

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