Baloncesto

Fran Castillo: ´Me retiro feliz porque nadie me ha pedido que me vaya´

"No me queda pena de no haber pitado en ACB; no lo tenía en la mente", asegura el arbitro de baloncesto

16.06.2014 | 02:20
Castillo, en su último partido dirigido en Gudalajara.
Castillo, en su último partido dirigido en Gudalajara.

Fran Castillo lo deja. Lo hace por su "propio pie, sin que nadie" se lo "haya impuesto" y después de más de tres décadas de trayectoria que lo han convertido en uno de los colegiados más prestigiosos dentro de la Federación Española de Baloncesto. El árbitro tinerfeño ha decidido dejar de impartir justicia dentro de las canchas para meterse de lleno en la labor formativa del colectivo en el que se ha hecho un nombre en mayúsculas. La incompatibilidad laboral y "las ganas de disfrutar más de la familia", le han llevado a "dar un paso al costado". "Pero solo eso", aclara, para disipar que sus 48 años hayan tenido algo que ver. A dos del límite máximo para pitar (50 años), Afonso Castillo se marcha feliz y con la cabeza alta.

–Esta temporada lo ha dejado oficialmente. ¿Quién se lo diría cuando decidió dedicarse a esto?

–Pues sí. Fue hace ya 31 años tras ver unos partidos en San Benito de lo que entonces eran las ligas escolares por institutos. Allí pitaban Pedro Rocío y Eusebio Trujillo, que me permitieron entrar en contacto con el comité de árbitros, del que era presidente Miguel Díaz Alegre. Había una especie de escuelita, en la que daban unas clases, y ya me quedé.

–¿Recuerda cuál fue el primer partido que dirigió?

–Sí, fue un Hogar Escuela-Isla de Tenerife, en el Hogar, y de categoría juvenil femenino. Fue en octubre del 81 junto a Hernández Cabrera, que ya era internacional. Recuerdo que ese día estaba muy nerviosos. También tuve la suerte de pitar junto a otros grandes como Recuenco, Arencibia y Hernández Cruz.

–En poco tiempo ya debutó a nivel nacional, pero lo cierto es que nunca llegó a dar el salto a la ACB. ¿No le queda esa espinita clavada?

–Pues no, no me queda pena en absoluto, algo que mucha gente no entiende. He disfrutado mucho en la LEB Oro, y he ganado muchos amigos. Llegué a estar en una Liga de Verano en la que promocionaban algunos colegiados, pero al final no entré. Sinceramente no era algo que tuviera en mente.

–¿Ha hecho cálculos del número de partidos que llegó a dirigir?

–Nunca ha llevado la cuenta. Por ejemplo, han sido 18 temporadas en la LEB Oro y hubo ocasiones que pitaba todas las jornadas al abarcar también la LEB Plata y la Liga Femenina I; incluso semanas en las que estaba hasta seis días seguidos fuera de casa.

–Dice dejarlo en buenas condiciones físicas, pero, ¿y mentales? ¿No llegar a cansar tanto viaje casi en el anonimato?

–En algún momento sí llega a agotar, sobre todo al final. Cuando estaba sentado en el avión, me preguntaba qué hacía yo ahí cuando podía estar disfrutando de mi hija y mi mujer... Llega un momento que cansa mucho, tres horas de vuelo, muchas horas solo...

–Y más cuando los árbitros suelen ser siempre los malparados en un partido... ¿No pensó alguna vez en dejarlo?

–Realmente no es una figura ingrata. Todo el mundo ve en los árbitros de casi todos los deportes una especie de mal necesario. Pero nosotros no nos vemos así. Es cierto que ha habido temporadas en las que creías que merecías algún otro tipo de partido, y pensabas que no se era justo contigo. Pero luego te das cuenta de que hay muchos más árbitros que han podido reunir más méritos que tú.

–Ahora sí lo deja de manera definitiva, pero no por la edad...

–Ya el año pasado estaba notando un poco el cansancio, pero no lo dejo por estar viejo, no. Solo creo que es el momento que me toca dejarlo. Llegar hasta aquí. Por eso me voy feliz, porque a mí nadie me ha pedido que me vaya, sino que me voy yo mismo. Hay que dar paso a más gente...

–Pero con ese paso al costado del que habla, no se ve muchos candidatos a ocupar su puesto...

–No se ven pero llegarán. Llegarán porque aquí se está trabajando y formando muy bien. Uno de ellos es Nicolás Murillo, que puede estar todavía
verde, claro, pero tiene condiciones y todas las papeletas para quedarse.

–Podrá presumir también de dejarlo el mismo año que Juan Carlos Arteaga. Supongo que para su gremio ha sido un modelo, pero ¿no lo ha visto algo nervioso en algunos partidos este año?

–Arteaga ha sido un ejemplo dentro y fuera del campo y se marcha no solo con dos Olimpiadas sino con dos la posibilidad de hacerlo con un Mundial y en España. Sobre los nervios, al final todo te pesa. Llevas una trayectoria y ves la retirada a la vuelta de la esquina. Pero ojalá todos se pudiera retirar como él, con un palmarés que no tiene nadie, en plenas facultades y solo por un imperativo de la edad.

–Entiendo que le parece absurda la jubilación obligada a los 50...

–No entiendo cómo nos ponen ese tope. Si hay árbitros en la NBA pitando con 70 años y lo hacen con plenas facultades físicas y psíquicas, ¿por qué aquí no?

–Desde fuera da la sensación que el árbitro canario es más tiquismiquis de lo normal cuando pitar a un equipo de las islas...

–Sabemos que es el peso que debemos llevar, pero a veces los equipos de fuera vienen con la idea de que no van a ganar.

–Cuando el árbitro comete un error en medio de un partido, ¿se percata de ello?

–El árbitro sí se da cuenta. El problema es que tienes que decidir en un instante, ya que pitar una falta un segundo después de cuando se comete la sensación que da es que te lo estás pensando. Realmente nosotros debemos valorar muy rápido si soplar o no, y eso no se entiende...

–¿Hay jugadores a los que los colegiados les tengan ya un cartel de problemáticos? ¿Se va con una idea preconcebida y se les permite menos?

–Nosotros sabemos qué jugadores te pueden complicar un partido a la hora, por ejemplo, de simular o de ser un poco más duro de lo normal. Pero eso lo sabemos también con los entrenadores, porque los hay a los que les das la espalda y hacen gestos a la grada para echarte al público encima. Como estás obligado a inhibirte de lo que te llegue desde la grada también a veces debes hacer lo mismo con lo que salga desde un banquillo.

–Pero ser árbitro parece que lleva implícito el desempeñar ese papel de poli malo...

–No, no creo que demos esa imagen. Desde el Comité de Árbitros se nos dice cómo debemos actuar y se nos marcan una serie de estrategias y una forma de manejar el partido. Si no lo haces así al final el perjudicado eres tú porque el Comité prefiere otros árbitros que sí se ajusten y manejen esas situaciones. Pero es lo normal; de lo contrario el arbitraje se convertiría en un libertinaje.

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