Fútbol. CD Tenerife
MANOJ DASWANI
Una final del trofeo Teide e incluso cualquier bolo veraniego en el estadio habría tenido más interés que la sesión soporífera de ayer en Albacete. Si son partidos como éste una condena a la pésima temporada de ambos contendientes, al menos debería de liberarse a los aficionados de tanto tedio en 90 minutos. Los más listos -o los menos fieles, según se mire- se lo intuían y dejaron vacías sus butacas en el Carlos Belmonte, estadio casi vacío para un encuentro que respondió a las expectativas. Esto es, no gustó. Normal si se tiene en cuenta que llegaban los dos equipos con su fracaso consumado y las coartadas agotadas. Ganó el Tenerife, lo cual fue justo pero no una noticia feliz. Apenas alcanza tal grado una victoria que no sirve para nada y que confirma que la categoría del plantel blanquiazul está un rato lejos del nivel raquítico de quienes compiten por el fango. Jamás debió de tener tan serios apuros el representativo para salvar la categoría, pero el caso es que la perdió. Y ayer pagó condena con una tortura.
Alistó Amaral un once inédito en lo que va de temporada, muy alejado de sus coordenadas habituales. Influyeron las bajas por sanción (Ricardo, Pablo y Luna), así como su vocación proverbial por la cantera, traducida en dos estrenos más (Moreno y Ayoze Placeres) en un equipo que aún no se parece al de la campaña próxima. Imposible, pues la remodelación será profunda y acaso sí los canteranos seguirán en el plantel. Sea como fuere, el equipo apostó por el orden y defendió la reputación que le queda con una actuación decente. Trató el Albacete de gobernar los compases iniciales y lo consiguió, si bien la primera ocasión clara corrió a cargo de Omar, casi invisible luego durante el resto del envite. Apareció el de La Punta con vigor para cabecear un balón que cerca estuvo de convertir en gol. Y hasta el efecto óptico engañó a los aficionados, pocos, que iban a asistir en su feudo a una derrota (otra más) de un Alba tan triste como pobre, con argumentos diferentes a los blanquiazules para explicar su desastre.
Avanzaban lentamente las manecillas del cronómetro en un partido que, de algún modo, fue también una guerra contra el reloj.
Especialmente para los asistentes penitentes a tan feo espectáculo, libró al partido del aburrimiento la primera de dos acciones que define el envite. Fue el penalti de Núñez a Nino que transforma el punta almeriense. Ayer durante muchos minutos un aficionado más –fue casi una isla, apartado del juego colectivo por lo lamentable del partido–, el siete del Tenerife sería el encargado de transformar la pena máxima y, de paso, sacar brillo a sus números. Eran contados con los dedos de una mano los alicientes de un encuentro así, entre fracasados –así lo definió la prensa manchega– pero uno de los focos de atención era la actuación del ariete. A poco tiempo de abandonar la Isla, tenía ante sí la oportunidad de seguir anotando dianas y figurar por siempre como el segundo máximo artillero del Tenerife. Pocos retos se le resisten y éste tampoco, así que ya solo a Julito tiene por delante.
Futbolista y ya leyenda del que pronto dejará de ser su equipo, Nino marcó otra vez. En el Belmonte ganó el Tenerife pero, en realidad,
más ganó él. Cada una de sus apariciones con el representativo resulta una reluciente demostración de compromiso. Y la de ayer, su antepenúltima cita con el Tenerife, no iba a ser una excepción. Sin alharacas, pero dejando esa huella (ese gol) que le encumbra en la historia. La del club, porque la del partido es más bien pobre. Debe saberse del choque poco más. Que Tato se sacó de la chistera un golazo en vaselina que sorprendió a Aragoneses y supuso las tablas; que Julio Álvarez firmó un zapatazo descomunal que significó el 1-2 e hizo preguntarse a muchos por qué tardó tanto en aparecer esta versión de él; que el portero blanquiazul salvó hasta en dos oportunidades al Tenerife de no llevarse los puntos, y que Amaral siquiera agotó los cambios en una decisión sorprendente.
El día que debutaron con el equipo profesional Ayoze Placeres y Moreno –justa recompensa a la capacidad del primero y a la tenacidad del segundo– se quedó sin minutos Josmar y tuvo apenas unos pocos Germán, que apunta maneras y se perfila como pieza clave del proyecto que viene. Dicho lo cual, más le vale al tinerfeñismo tomarse la tarde aburridísima de ayer como una invitación a cambiar el chip y trasladarse a la aflicción, las penas y el sufrimiento que le espera. Solo dos partidos más le quedan a los blanquiazules para pasar la página de una larga etapa entre profesionales para adentrarse en un pozo profundo, largo y angosto adonde también irá el Albacete. El Tenerife le ganó, sí, y mañana nadie lo recordará.
Albacete 1 Tenerife 2
Albacete
Miguel (6);
Tarantino (6), Pina (6), Adriá (7), Baró (6);
Verza (7), Calle (5), Tato (6), Kike Tortosa (6),
Núñez (5), Cherfa (5).
Cambios:
Sousa (5) por Calle (57´)
Antonio López (5) por Chefa (67´)
De Lerma (s.c.) por Núñez (78´)
Tenerife
Sergio Aragoneses (7);
Bertrán (6), Ayoze (6), Prieto (4), Bellvís (5);
Kitoko (6), Moreno (6), Omar (6), Iriome (5);
Julio Álvarez (7), Nino (7).
Cambios:
Germán (6) por Iriome (76´)
Árbitro: Bernabé García. Amonestó a Verza, Iriome y David Prieto.
Incidencias: Encuentro disputado en el Carlos Belmonte ante 1.000 espectadores en las gradas. Asistió el presidente blanquiazul, Miguel Concepción.