MANOJ DASWANI
ELCHE (ALICANTE)
ENVIADO ESPECIAL DE LA OPINIÓN
Elche 4
Tenerife 1
La sorpresa es mayúscula porque nadie podía presagiar un inicio tan calamitoso. Van dos partidos y ocho son los goles que ha recibido el Tenerife, un equipo que da la impresión de estar aún poco trabajado, con lagunas superlativas en defensa y una facilidad pasmosa para hacer concesiones a los rivales. El domingo fue el Girona quien las aprovechó y anoche el Elche, un contrincante al que le bastaron diez minutos para poner rumbo a la próxima fase de la Copa del Rey y dejar en la estocada a los blanquiazules. La competición que Gonzalo Arconada quería para que todos se sintieran útiles ya es historia para el representativo, cuyos hombres hicieron gala ayer de su poco apego a esta competición y cerraron su participación en ella el mismo día que la empezaron. Lo peor no es la eliminación, sino otra vez la imagen ofrecida, los números escalofriantes y las dudas que se multiplican.
Empezó el envite y pareció como si el Tenerife no se hubiese enterado. Para algunos incluso tuvo que pasar media hora hasta que se les viera en acción. Pero ya mucho antes, al paso por el cuarto minuto, demostró el equipo insular que tampoco éste iba a ser su día. Otra vez a balón parado y otra vez con la defensa en zona haciendo aguas, fue Jesús Perera quien sacó partido del desconcierto tinerfeñista para hacer pupa. Y de qué forma. El remate desde el perfil derecho del ataque local correspondió al lateral Ripa y, el posterior remate del delantero, a placer, desnudó por enésima vez las carencias del Tenerife. Ni olía el balón el cuadro de Arconada y el chaparrón no iba a acabar ahí. Sólo unos instantes después otro agujero colosal en la retaguardia de los visitantes brindó a Wakaso una oportunidad inmejorable para hacer el segundo. Tampoco falló. El panorama (2-0 en el minuto 11) era desolador.
Por segundo partido consecutivo se adivinaban algunos males que ya resultan preocupantes. Más allá de la sangría en las jugadas de estrategia, son desesperantes los problemas de circulación del esférico, la falta de concentración en lances decisivos y la concesión por norma general de los primeros minutos de cada partido. Ayer se los puso en bandeja el Tenerife al Elche, un equipo con hombres de talento (Palanca, Quero, Generelo...), ínfulas de aspirante y juego mucho más desarrollado que el de su oponente. También el cuadro de Bordalás hizo fichajes a mansalva, pero con septiembre recién aparecido en el almanaque parece mucho más hecho, maduro y firme en la senda que lleva a Primera.
Lo del Tenerife es para hacérselo mirar. Si no llega a ser por Nino siquiera habría mantenido las constantes vitales hasta llegar a la segunda parte. Negra la situación, fue providencial la aparición del almeriense en la culminación de una falta botada con intención por Julio Álvarez. Si el servicio del hispano venezolano fue preciso, más aún el control con el pecho y luego la acción de embocar a gol a cargo del almeriense, un lujo para su equipo. Como en Girona, fue el primer tanto blanquiazul casi un paréntesis entre tantos motivos para el desaliento. El partido cambió, pero no lo suficiente.
La clasificación para la ronda siguiente pudo haber quedado encarrilada definitivamente para los levantinos en los primeros 45 minutos si David Generelo no cruza más de la cuenta el balón con el que pudo haber firmado el 3-1, ya con Sergio batido y la defensa del Tenerife pidiendo auxilio por señas. Pero no fue así y el susto fue preludio del intermedio. Buena noticia para los blanquiazules, pues el encuentro aún estaba abierto.
Arconada, que había introducido hasta nueve cambios en la formación titular respecto a la que dispuso para el día estreno, siguió apostando por los mismos once para la reanudación, que trajo mejores señales en el bando canario que en el ilicitano. De hecho, en las botas de Nino llegó a estar la pelota del empate, pero su disparo tras una buena jugada de combinación por parte de los suyos acabó arriba, por encima del larguero. Igual que en Girona, disfrutaba el Tenerife de sus minutos más plácidos y con más balón en el justo momento que llegó su final. Otra vez antes de tiempo expiraron sus aspiraciones en un partido que acabó de encarrilar David Linares, recién ingresado en cancha, en la culminación de un buen contragolpe. del Elche. Encajaron los insulares dianas de todos los colores y su inferioridad en el marcador enalteció entonces los ánimos locales, donde la cascada de goles se recibió como una fiesta.
Lo peor es que todavía hubo más. Más de una y de dos veces se vio de nuevo a los estiletes locales llegar con superioridad manifiesta a los dominios de Aragoneses, que hizo lo que pudo para evitar una hecatombe mayor. No obstante, resultó estéril su esfuerzo en otra acción en la que movió el Elche con celeridad y también con puntería, la que enseñó Perera para anotar su segundo gol y cerrar la cuenta. Luego, incluso el talentoso Palanca pudo abrir más la herida si atina a enviar a la jaula un lanzamiento directo de falta que se encontró el travesaño.
Como no podía ser de otra manera, enseñó el tramo final a un Tenerife mortecino y atrofiado, con el partido entregado y el ánimo hundido. Para colmo de males, Luna volvió a exhibir su afición por las cartulinas y se ganó dos, una amarilla por tiempo, hasta acabar en la caseta.
Por momentos, fue el equipo blanquiazul un rosario de calamidades, a cada cual peor. El problema –y lo admite su entrenador– es que ayer vivió el Tenerife en la angustia. Y no hay peor casa que ésa. Presa de los cuatro goles del sábado, recibió otros cuatro que alimentan la desconfianza. Lo primero va a ser extirpar el miedo y en la tarea va a resultar balsámico el regreso al Heliodoro. Será el domingo cuando se sepa si esta gripe la cura la vuelta a casa. Hasta entonces, hay motivos para preocuparse.