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MANOJ DASWANI | SANTA CRUZ DE TENERIFE "Aeste paso, vamos a tener que ampliar el salón", bromea Pedro en la distancia. Imposible es que asista a ninguna de las multitudinarias reuniones que convoca su familia cada vez que juega él. Lo sabe, sí. Es consciente de que cada uno de sus velocísimos pasos como futbolista son seguidos con devoción y fruición por parte de la familia. Y de los vecinos.
Y de los amigos. Cada vez son más cuantos se juntan en su casa de Abades para verle jugar. Presentes sin excepción en todos los buenos y malos ratos, infatigables al desaliento, se enganchan a la tele Juan Antonio Rodríguez y Lucía Montserrat Ledesma, los padres del fenómeno que ahora acapara portadas en los periódicos, elogios en los carruseles y largos reportajes, mañana, tarde y noche en televisión y radio. "Pedro, Pedrito, Superpedrito, Don Pedro, PR17". Se agotan los piropos para el canario, héroe pero antidivo.
En Abades se sabe que cada partido suyo es una fiesta y cada victoria, una celebración. La del sábado debió de ser de las más colosales, proporcional a la magnitud de la hazaña de Abu Dhabi. Otro gol más cuando las fuerzas estaban al límite, de nuevo al final, como siempre con suspense, épica e intervención mesiánica. De Pedro, por supuesto.Deportista sin límites, crece el poder como talismán del tinerfeño mientras sorprende a propios y extraños por la enormidad de sus zancadas. "¿Qué va a ser lo próximo?", se preguntan quienes le conocen. "Su techo está muy arriba y todavía le queda hast llegar a él". El que habla es Iván Rodríguez, junto a Guardiola el entrenador que más le marcó. "No podemos olvidar que sólo tiene 22 años", apunta el técnico.
Su padre, Juan Antonio, también es hoy un hombre feliz. Todo humanidad, nada turba ni inquieta a este hombre bueno, raíz de los valores innegociables e intachables de la carrera de Pedro. Es decir, su humildad, su paciencia, también su naturalidad. "Yo le digo que esté tranquilo", afirma. Y en absoluto sorprende que sea ésta su recomendación pues si algo sobresale en su hijo es precisamente su carácter apacible, su paso firme y la fe, siempre la fe en sí mismo. Levantada la copa en los Emiratos Árabes, la sexta, la que cerró el círculo, pudiera parecer que a miles de kilómetros de distancia fue el de ayer un día cualquiera en Abades. Aparentemente, sí. Nada cambia, tampoco la rutina habitual del padre de Pedro, que va a trabajar a la gasolinera y a ocuparse de su finca. Como todos los días. "Algo hay que hacer", bromea.
"La única diferencia es que el teléfono no ha parado de sonar, todo son felicitaciones", apunta sonriente Juan Antonio, quien se dice "encantado porque se está valorando a alguien de la tierra". "Es bueno que se acuerden de un tinerfeño en toda España", afirma el padre de PR17, hombre sabio y cauto, ahora también emocionado. Lo mismo sucede en el caso de Lucía. La madre de Pedro no esconde la felicidad que la invade porque su hijo no cesa de dar alegrías. A una grande le acompaña luego otra mayor, así que los motivos para la complacencia se multiplican. "¿El Mundial? Ojalá. Si mi hijo va, a lo mejor hasta me planteo ir a Sudáfrica", replica cuando se le pregunta por la cita de junio aunque, viaje o no Pedrito, ya sobrarán las razones para sonreírle a la vida.
"¡Qué emoción con el gol!¡Casi en el último momento!", cuenta Lidia, y la sonrisa le delata. Está exultante esta mujer a la hora que ahora se le pregunta una y mil veces por la niñez de Pedro, menor que Jonathan y Jéssica, sus dos hermanos. Del pequeño recuerdan que nunca se separaba de la pelota, que había que pararlo a patadas porque ya era mucho mejor que rivales mayores que él, que fue del Barça desde pequeño y que así lo acreditan las fotografías de entonces. "Todo lo tenía azulgrana, tal vez fuera una premonición".
Está de fiesta Abades y no sólo porque sea domingo. Está de fiesta porque le ha salido un niño futbolista y además de los buenos. Mejor dicho, de los mejores. De los capaces de levantar estadios, de mutar finales, de hacer historia, de entrar en la leyenda. Y de hacerlo sin apenas cambiar. Sin renunciar a sus orígenes y a su forma de ser. Sin duda, sus mejores avales ante la vida de éxito, popularidad, elogios y goles que le espera desde ahora.
La camiseta con la que entró en la historia será para su familia
A la considerable colección de recuerdos que el fútbol ha dejado en la residencia de Pedrito en Barcelona y a su casa de siempre en Abades, añadirá a su regreso a la Isla la camiseta con el 17 que se enfundó el miércoles en la semifinal del Mundial de Clubes ante el Atlante mexicano.
La historia realzará el partido definitivo contra el Estudiantes de la Plata, por supuesto que también el tanto salvador de Pedro y luego la aparición de Messi. Pero en el currículo particular del tinerfeño quedará por siempre la fecha del 16 de diciembre de este año porque entonces fue cuando asomó por la Historia. Autor de un gol en cada una de las competiciones que cierran el periplo triunfal del Barça de Guardiola, ha hecho lo que nadie. Y lo sabe.
Por eso, la camiseta de aquel día es para él. "Bueno, en realidad es para la familia; me la quedo yo", afirma el de Abades, que se queda en casa con un pedazo de la historia. Vale tal detalle para darse cuenta de la trascendencia que confiere a su particular récord este tipo siempre generoso que ha repartido camisetas suyas por doquier, y especialmente para causas benéficas.
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