MANOJ DASWANI
Si el fútbol fuera una partida de cartas, podría decirse que ha jugado Pedro con una buena mano de naipes: el del talento indiscutible, el del abrigo constante de una familia que le inculcó la humildad, el del don del oportunismo –siempre presente en el momento adecuado en el sitio adecuado– y, sobre todo, la carta de la aparición de Guardiola. Sin duda, su mejor baza.
Pero, bien mirada, la trayectoria de PR17 no se ha basado tanto en las buenas cartas como en las buenas decisiones. Pedro supo siempre jugar sus recursos, limitados o no, y especialmente explotó dos: su valía para el fútbol y su pasión por él. A partir de ahí, su carrera de éxito la ha trazado en línea ascendente con determinaciones convenientes pero no siempre fáciles: resistir a los embates de una adaptación difícil, crecerse ante las dificultades, transitar lejos del camino de los egos y las estridencias y, de paso, granjearse a pulso el respeto ajeno bajo la premisa innegociable y permanente de la honestidad y el trabajo.
Tipo sencillo y humilde, tranquilo como su pueblo, ha afrontado con templanza esta timba de vértigo donde sus cartas nunca eran las mejores pero siempre sí las mejor jugadas. Suyo es el mérito de haber ganado la partida y, de paso, habernos ganado a todos nosotros.