LORENZO DORTA | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Ya han transcurrido 365 días desde que el deporte tinerfeño perdió al mejor de sus presidentes. Quico Cabrera se borró físicamente de todos sus ámbitos pero no del recuerdo de todos los que de alguna u otra manera tuvieron la ocasión de conocerlo. Infatigable, tenaz, audaz, ávido y, sobre todo, humilde fueron las claves de su éxito como gestor. Lógicamente, todo esto se vio reflejado en los logros del club de sus amores, el CV Tenerife.
Se propuso un sueño y no encontró obstáculo lo suficientemente grande para impedir que lo hiciera realidad. Desde que fundara la entidad más laureada del deporte de la Isla, allá por el año 1981, no descansó hasta que, peldaño a peldaño, logró situarla en lo más alto del panorama internacional. Peregrinaje que tuvo su escala más gloriosa el 21 de marzo de 2004, fecha en la que su equipo se proclamó campeón de Europa. Por ese entonces ya se había adjudicado la hegemonía del voleibol español. En total, el CV Tenerife sumó bajo su mandato 27 títulos nacionales: 10 Ligas, 11 Copas de la Reina y 6 Supercopas.
Quico Cabrera dejó tras se sí una herencia envidiable en forma de palmarés al CV Tenerife, pero también legó un patrimonio humano que difícilmente se extinguirá en la memoria de sus amigos y de tantas y tantas personas que sin conocerlo personalmente supieron reconocer su generosidad y sencillez. Un año después de su fallecimiento, el vacío que supone su ausencia se hace más patente en la trayectoria reciente del CV Tenerife, y hasta en todo el ámbito del voleibol nacional, que también ha acusado su pérdida. Y eso, pese al enorme esfuerzo que realiza su viuda, Zoraida Lorenzo, por mantener vivo el lienzo de la gran obra de su marido.