Baloncesto. LEB Oro
CARLOS GARCÍA | LA LAGUNA
No hubo sorpresa. El Socas Canarias se apuntó el primer derbi oficial del curso y lo hizo tirando de lógica, en un partido sin grandes estridencias, pero con la efectividad necesaria para deshacerse de un Tenerife Rural que, definitivamente, no da para más. Pese a que su perímetro no estuvo como de costumbre (sólo seis triples), los de Alejandro Martínez pusieron sobre la mesa una mayor cantidad de recursos que los blanquiazules, a los que una vez más le volvió a lastrar su floja anotación (pese a superar marcas anteriores), sobre todo por que sus hombres teóricamente importantes estuvieron desaparecidos.
Mientras Martínez cumplía con el guión previsto, Déniz sorprendió metiendo de entrada a Fiorotto con la idea de frenar a Richy Guillén. Con el brasileño los blanquiazules ganaban en movilidad, pero le faltaban los kilos suficientes para evitar que el pívot aurinegro lo enterrara en la zona cada vez que recibía de espaldas al aro. Entre Donaldson y Guillén contuvieron de forma notable las embestidas blanquiazules cargando en el rebote de ataque, mientras que en el otro aro un acertado Heras abría huevo para los locales (7-4).
Con Freeman tan activo como desacertado y Efejuku bien sujeto por el propio Heras, el Tenerife se veía sin recursos en ataque, lo que unido a un tonto despiste defensivo permitió a Urreizti clavar un triple y hacer la primera brecha significativa (14-6, 5´). La entrada de Boccia (14-10) no fue suficiente para variar el signo de un duelo en el que ahora era Donaldson el que hacía un daño tremendo entrando al rebote ofensivo, permitiendo segundas opciones (20-10, 10´).
El juego equilibrado de los canaristas contrastaba con el de un Tenerife atascado y que por no tirar ni había lanzado ni un triple en todo el cuarto. Tuvo que Sergio Pérez el que lo hiciera sobre la bocina para dejar el electrónico en 20-13. Pese a tener sólo siete puntos de renta, los locales jugaban con cierta comodidad, aunque en el carrusel de cambios el Tenerife cogió aire. Trabó a los de Martínez con una zona 2-3 agresiva (luego alternativa) en la que actuaba de falso poste González, el mismo que, ilógicamente, y ante la falta de recursos de sus compañeros probó fortuna con otro triple con apretaba el marcador (20-18).
Sufrían los aurinegros porque Chagoyen se tomó muy a pecho lo del derbi (cinco pérdidas al descanso) y porque Yáñez acumulaba tres faltas, pero se mantenía inédito en ataque. Aunque como de costumbre, el Socas Canarias recurrió a su comodín, Jakim Donaldson, que oxigenó el ataque lagunero con unas cuantas canastas desde la media distancia. A él se unió, esta vez sí, Chagoyen, que cuando encontró las revoluciones precisas sacó tajada de su superioridad física ante González. Movían bien los de Martínez y eso les hizo dispararse hasta el 37-24 (19´).
¿Y el Tenerife? Pues a lo suyo, una defensa más que aceptable ante el ataque más poderoso de la categoría, pero una producción ofensiva más que deficiente en la que entre Freeman y Efejuku sumaban 1/10 en tiros de campo. Nada nuevo; la media. La misma que la producción colectiva de las tres primeras jornadas: 27 puntos al descanso.
En el arranque del tercer cuarto Guillén y Fiorotto monopolizaron los puntos, un intercambio que favorecía a los locales, que mantenían el colchón amasado previamente (45-33, 23´). Tras el diálogo de pívots, el partido transcurrió por el mismo camino que en los dos cuartos iniciales y, de una forma o de otra, los aurinegros siempre tenían de quién tirar para sumar. Irremediablemente, la brecha entre uno y otro equipo se abrió (62-48) pese a que los bases visitantes llevaron a los tinerfeñistas a 21 puntos en este cuarto.
El último periodo sirvió para que los laguneros, ante una grada entregada, alcanzaran su máxima ventaja (82-58, 38´) contra un rival que por mucho que lo intentó a tirones (llegó a jugar para ponerse a 10), nunca dio con la tecla precisa para poner en duda la supremacía aurinegra y que acabó descomponiéndose sin remisión. Demasiado Canarias para el Tenerife