CARLOS GARCÍA | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Después de tres probaturas que rozaron el aburrimiento, el Socas Canarias y el Tenerife Rural se miden esta noche en el primer derbi oficial del curso. Y lo hacen en el que probablemente sea, así al menos lo dictan los números, el choque entre ambos más desigual de cuantos han disputado en la era moderna del baloncesto isleño. Los protagonistas del duelo, en especial los aurinegros, han insistido hasta la saciedad para neutralizar su clara condición de favorito, que un derbi es un derbi, pero las sensaciones de uno y otro club son tan contundentes a la vez que dispares que atreverse a pronosticar un triunfo blanquiazul parece, cuanto menos, temerario.
Favorito claro. Los de Alejandro Martínez llegan a la cita líderes e invictos, y lo hacen además con el plus de jugar ante su público, que para ocasiones como la de hoy convierte al Ríos Tejera en una auténtico infierno. Todo lo contrario que los blanquiazules, que se presentan en el derbi sin conocer la victoria, colistas, pero sobre todo tras haber trasmitido un baloncesto pobre en ataque, carente de recursos y que ha llevado a los de Déniz a rondar siempre unos escasos 50 tantos por noche.
Cuestión de ritmo. Con casi todos los condicionantes a favor de los canaristas, las opciones de que los tinerfeñistas puedan asaltar el Ríos Tejera pasan por sacar a su rival del juego abierto y vivo con el que tan cómodos se sienten. Sabedor de que no puede luchar de tú a tú ante el arsenal ofensivo de los locales (los de Martínez son el mejor ataque de la LEB con 86 tantos de media), el Tenerife tratará de maquillar sus deficiencias anotadoras a base de defensa, tal vez su única tarjeta de presentación digna hasta la fecha, ya que reciben algo menos de 68 tantos por encuentro, una cifra mucho mejor que la de su oponente de hoy (casi 77 por choque).
Al completo. Al completo. Aunque a principios de semana todo hacía indicar que no habría duelo de aleros altos, con el paso de los días tanto Levi Rost como Sergio Pérez han superado sus molestias. Martínez se conforma con que su alero norteamericano les "pueda dar entre cinco y ocho minutos", tras mejorar de un esguince de rodilla, aunque su concurso no se confirmará hasta hoy justo antes del encuentro. Por su lado, el madrileño de las filas visitantes se ha ido incorporando progresivamente al grupo y hoy puede ser el encargado de apadrinar el tiro exterior blanquiazul, hasta ahora huérfano de acierto. Martínez también recupera, aunque no aún en su mejor versión, al base Quique Garrido.