CARLOS GARCÍA, ENVIADO ESPECIAL | FUENLABRADA
Esta vez no hubo milagro. El Tenerife Rural vio truncado ayer su segundo intento de ascenso a la ACB en un partido en el que fue siempre a remolque y donde pese a sacar lo mejor de sí en los instantes finales, no pudo darle la vuelta a un marcador adverso de hasta 11 puntos ya dentro del periodo final. Los blanquiazules hicieron una buena puesta en escena pero un bajón en el segundo cuarto los lastró notablemente. Su mermado juego interior, con sus tres interiores cargados de faltas, hizo aún más complicada la épica, ya que además a la fiesta se sumó un invitado inesperado, Rafa Huertas, que con sus triples torpedeó en los momentos claves los intentos del Tenerife por darle la vuelta al marcador.
Contrario a lo que podía apuntar la lógica, el cuadro blanquiazul optó de entrada por cargar balones dentro, pero sus tres intentos fueron en balde, sobre todo porque una muralla llamada Southall se encargó de hacer de noche los tiros isleños. Este primer colapso permitió a los norteafricanos tomar una pequeña diferencia (2-6). Pero ese empeño por enterrar el balón en la pintura dejó a los de Sanz un hueco en el exterior que aprovecharon primero Antelo y a continuación Edu y Francis con sendos triples (10-12, 5´).
También el guión dictaba que en el puesto de cinco nato era donde iba a sufrir el cuadro isleño. Sin embargo, el Melilla encontró petróleo en el cuatro, toda vez que Victor era demasiado rápido para Antelo, que al intentar compensar esta deficiencia se cargó enseguida con dos faltas (15-12). En un duelo de mucha tensión, propio de lo que estaba en juego, y con los parámetros mencionados, al Tenerife Rural no le quedó otra que encomendarse a los triples (Edu y Maraker) para seguir agarrado al encuentro (20-20).
El partido ya se había comido 10 minutos y el cuadro de Rafa Sanz trasmitía buenas sensaciones. Fiel a su estilo, los blanquiazules estaban explotando su mejor arma, pero además, dejaban de manifiesto su capacidad de sacrificio ganando incluso la batalla del rebote (11 a 10). Eso sí, el peaje estaba siendo demasiado grande, prácticamente descomunal. Y es que en apenas 13 minutos de juego tanto Antelo como Maraker ya estaban con tres faltas cada uno, ayudados también por unos colegiados un tanto rigursos en la zona tinerfeñista.
Con todo, otros dos triples (Iván y Carroll) daban aire a los de Sanz, que se refugió en una zona 2-3 para tratar de cortar la hemorragia de las personales. Sin embargo, esa defensa, y quizá por el arrojo de los blanquiazules, tuvo un pero ya que sus ayudas fueron demasiado largas y permitieron que Huertas se quedara solo para convertir dos triples. Eso descolocó al Tenerife, que vio como su lanzamiento exterior le daba la espalda. Los tinerfeñistas estaban noqueados y en un abrir y cerrar de ojos, pese a dos tiempos muertos de Sanz, encajaron un parcial de 15-0 que les dejó contra las cuerdas (44-30, 18´). Sólo el arrojo de Edu hizo que la diferencia se mantuviera dentro de unos márgenes que no obligaran a la épica como único camino hacia la victoria.
Las tornas se habían cambiado en este segundo cuarto y al margen de las faltas (nueve de las 11 eran de los tres interiores, ya que Viril también se puso con tres), las prestaciones blanquiazules en el perímetro habían caído (2/8), al igual que en el rebote, donde los pequeños poco pudieron hacer ante las torres melillenses (12-5).
La tónica, por desgracia, apenas varió en el tercer periodo. Al Tenerife Rural le costaba sudor y lágrimas anotar, y cuando lo hacía casi siempre era de uno en uno, algo que no le eximía de sufrir en la parcela reboteadora. Cualquier intento de reacción de los Sanz era cortada de tajo por los melillenses, que ya por ese entonces, y de una forma o de otra, ya hacían gala de su fondo de armario (67-57).
Los blanquiazules afrontaban el acto final 10 abajo, pero ahí se pusieron el traje de faena, en especial Francis Sánchez, que tuvo un deja vu de su actuación hace un años en semifinales. El malagueño pareció estar tocado por los hados y uno tras otro fue anotando hasta cuatro triples, a cual más complicado para hacer creer en el milagro. El Tenerife no lograba disminuir la aportación de su rival, pero al menos producía de tres en tres y eso le llevó de ir 11 abajo (70-59, 32´) a situarse a tiro de piedra con tres minutos por delante. Con Antelo y Maraker eliminados y pese a dos triples matadores de Huertas (84-79), un 2+1 de Julio devolvió la esperanza a 20 segundos del final (85-83). El choque entró en una guerra táctica de personales para que el reloj no corriera. García, Julio, Ciorciari y Edu sólo acertaron con uno de los dos libres de los que dispusieron mientras el tiempo corría a cuentagotas (87-85). Ruiz no perdonó a cuatro segundos y ahí se acabó el sueño. Esta vez salió cruz, pero la plantilla blanquiazul puede irse al menos con el consuelo de salir de Fuenlabrada con la cabeza bien alta.