CARLOS GARCÍA | SANTA CRUZ DE TENERIFE
De frente y con el cuchillo entre los dientes, el Tenerife Rural se encuentra desde ayer en Fuenlabrada, donde hoy afronta la semifinal de la Final Four ante el Melilla. Sobre el papel, sólo sobre el papel, el cuadro de Rafa Sanz no sale como gran favorito, pero la raza de la que suelen hacer gala los blanquiazules –la misma que les ha hecho salir trasquilado en más de una ocasión, y también herir de muerte al rival más pintado–, le convierten en un adversario más que temible para cualquiera, y más con un formato de competición que a estas alturas del curso castiga con la muerte un mal día.
Paso a paso. Como si de un reloj suizo se tratara, el cuadro isleño ha ido dando pasos milimétricos en pos de todos los objetivos que se ha ido trazando. Bien es cierto que los del Santiago Martín tuvieron en algunos momentos de la fase regular cierto chance de luchar por el primer puesto, pero una vez diluida esa opción, la nave del capitán Sanz no ha variado ni un solo grado el rumbo que le permitió afrontar el play off de cuartos como quinto clasificado. Con el factor cancha en su mano, el Tenerife Rural también solventó, eso sí con sufrimiento, la eliminatoria ante el Axarquía, con lo que se ha plantado de nuevo en una cita a vida o muerte, esa que casi viene como anillo al dedo para un equipo ciclotímico como el isleño.
Pero con peaje. Pero para llegar hasta aquí, el Tenerife Rural ha tenido que pagar ciertos impuestos que a pesar de su elevado gravamen no le han hecho mella en su estilo de juego. Fiel a su sello, tan recto en ocasiones como con mano izquierda para cohesionar al grupo en otras, Sanz liquidó al buque insignia Barbour sin temblarle el pulso. Eso unió al grupo, que supo crecerse aún más con las dos lesiones de Hamilton, la segunda en el tramo decisivo y cuando ya no hubo margen alguno al cambio.
Una herida encallecida. Precisamente esa capacidad de sacrificio y unión puede ser una de las mejores armas de las que puedan tirar esta tarde los isleños, que llegan a la Final Four con sólo nueve jugadores y que necesitan de su mejor amor propio para pensar en la final de mañana. Y desde luego, crédito no le falta a los blanquiazules, que ya con el culo pelado en este tipo de situaciones, se suelen crecer en las grandes ocasiones. Rafa Sanz ya lo ha avisado a lo largo de la semana y con pinturas de guerra en su cara deja claro que no piensa renunciar a su estilo. "Con él hemos llegado hasta aquí y con él moriremos", dijo el cordobés.