MANOJ DASWANI-DOMINGO GONZÁLEZ
La residencia del jugador profesional más antiguo de España desprende olor a césped y sabor a fútbol. Es tinerfeño y se llama Quico Castro, veterano entre veteranos e historia viva del clásico isleño que hoy se reedita en el Heliodoro. "La mayor felicidad de mi vida fue ganarle a Las Palmas cinco años seguidos", relata Quico, quien rememora sus días en el representativo con una extrema lucidez. "Lo que yo más quiero es el Tenerife; he sido del Tenerife siempre, toda la vida", sentencia.
Es su testimonio una reliquia preciosa, un botín de historia, un pozo de anécdotas. Castro, panadero además de deportista, cuenta que "había que trabajar porque el fútbol no daba más que cuatro perritas". Era su sueldo de 500 pesetas. "Nada que ver con lo que cobran los de ahora, que hasta les sobra", dice Quico, todo hilaridad. "No me he operado más que dos veces: una, el año pasado; la anterior, cuando me rompieron la dentadura... y seguí jugando".
El veterano de mayor edad del Tenerife -ya ha cumplido 95 años- jugó trece temporadas en el club del Heliodoro, "entre el 33 y el 46". Llama la atención pasear por el garaje de su casa y rebuscar en su particular museo todas las instantáneas que guarda aún de la primera mitad del pasado siglo. "Mis compañeros de entonces ya murieron, pero yo los recuerdos a todos", relata. Y es verdad. Dicho y hecho, acude a su colección de imágenes y enumera con precisión absoluta a todos los que hicieron historia en el primer derbi del siglo. "Hablo de la primera vez que Las Palmas jugó como tal; es que este club es el resultado de la unión de varios clubes", puntualiza.
No oculta Quico Castro, leyenda viva del tinerfeñismo, que sería para él "un honor y una experiencia emocionante" la de ser reconocido por el que fue y será siempre su equipo. Resulta que en el Tenerife ya piensan en él como el autor del último saque de honor de la temporada. "¿En el partido del ascenso? El ascenso está casi hecho, y lo vamos a conseguir", vaticina, optimista por naturaleza. Eso sí, afirma que "el fútbol ha cambiado, y mucho". "Ahora los que juegan están mucho más preparados que antes, y hay mucha profesionalización". En cambio, ve a los futbolistas de hoy demasiado frágiles. "Les das una patada... y se caen", dice entre risas. Y es que en el deporte del balón ha cambiado todo, hasta los presidentes. "El mejor era don Heliodoro Rodríguez López... era tremendo", afirma. "Un día ganamos... y cerró un bar para nosotros".
"El partido lo veré... y como vayamos mal, apago la tele"
Quico Castro será uno de los miles de aficionados tinerfeñistas que no estará hoy en el Rodríguez López pero sí ante un televisor para seguir el clásico. "¿Que si voy a ver el partido? Me sentaré y estaré pendiente", dice. "Pero como vayan perdiendo, lo tengo claro: apago la tele y me voy a acostar", completa el ex blanquiazul, a quien no le gusta "verlos perder".
Del Tenerife actual destaca "que tienen un equipo muy grande", pero sobre todo a Nino. "Es como los jugadores de antes porque pelea siempre hasta el final; es tremendo", afirma, no sin menoscabar el talento de los demás. "Tenemos unos cuantos jugadores buenos, y el resto tampoco está mal", dice Castro, que pronostica un triunfo "de dos goles pa´ arriba" de diferencia. Hecho su pronóstico, se despide con una sonrisa y una sentencia. "Hay cura para todo, pero no para la vejez". No es un problema, vista su vitalidad. Y su alma: blanquiazul... y joven.