CARLOS GARCÍA | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Dos suelen ser las épocas del año en las que las habitaciones del Parador quedan copadas por ciclistas. La primera allá por el mes de enero, cuando los corredores empiezan a moldear su preparación física; y la segunda, entre marzo y abril, justo antes del primer plato fuerte de la temporada, el Giro de Italia. Es por ello que no resulta extraño que sean los transalpinos los que más protagonismo tengan a las faldas del Teide. "Cada año es ya normal que estos deportistas se entrenen aquí porque saben lo que influye la altura en su posterior rendimiento", señala Pedro Cruz, director del citado establecimiento hotelero.
En líneas generales, los ciclistas "no son exigentes", más bien todo lo contrario, ya que "se integran muy bien" y "lo que suelen pedir es tranquilidad como la mayoría de los huéspedes", según reseña Cruz. Además, el director de la instalación destaca que de los pocos aspectos que hacen especial a los ciclistas es su alimentación, aunque eso "no supone ningún trastorno, ya que lo que piden no son platos de autor, sino comidas sencillas", caso de "ensaladas, pasta, carne, fruta y cereales".
Altura y clima. Y también dos son las principales razones por las que el Parador de Las Cañadas y sus alrededores resultan atrayentes para el deportista del pedal. La primera, la altura; y la segunda, la climatología. Las condiciones orográficas de la Isla permiten que los ciclistas tengan a su disposición cerca de 40 kilómetros de carreteras que se encuentran por encima de los 2.000 metros, al margen de acondicionar su preparación con rampas que nada tienen que envidiar a las que posteriormente se encontrarán en competición. Es el caso de subidas como la de Masca, o aquellas que van a dar al propio Teide, como las de El Portillo, Los Loros, Chío y Vilaflor. A ello, se añade la posibilidad de dormir en altura.
Pero tal vez lo que más agradecen los ciclistas -algo que no paran de repetir- es la benevolencia del clima tinerfeño, difícilmente comparable con el resto de enclaves europeos en estas mismas fechas del año. Así, las temperaturas durante sus entrenamientos suelen rondar, en la mayoría de los casos, los 20 grados, todo un lujo para andar encima de la bicicleta y sin la necesidad de verse empapados por las continuas lluvias que tendrían que soportar en el caso de escoger otro lugar para su preparación. Y es que para ciclistas, directores deportivos y médicos, Tenerife marca la diferencia. Sólo falta que algún político también lo vea y apueste por una carrera de categoría, bien a nivel insular, o bien de carácter regional.